Reportaje al escritor y periodista del suplemento Cash de Página|12, Claudio Scaletta, quien explica las las razones por las que ha escrito el libro La recaída neoliberal. La insustentabilidad de la economía macrista. En la previa a la presentación del libro –el pasado sábado junto al diputado del Parlasur y diputado nacional electo Agustín Rossi, en el local rosarino de la Corriente Nacional de la Militancia– dialogó con este medio.

“Si bien la Economía es una ciencia, funciona como ideología; y parte de esa ideología es presentarla de manera cerrada para que la gente necesite al economista profesional que le interprete la realidad. Creo que hacer difícil la Economía es ideológico, y que explicarla de manera sencilla no sólo es posible sino que además es fascinante y necesario”. Con esta opinión, Claudio Scaletta (suplemento Cash de Página|12) da una clara dimensión política a su especialidad. A la vez, permite comprender las razones por las que ha escrito el libro La recaída neoliberal. La insustentabilidad de la economía macrista.

En La recaída neoliberal, Scaletta analiza el panorama económico actual y sus perspectivas a futuro, preocupado por cierta previsibilidad respecto del desenlace que han tenido las gestiones neoliberales: endeudamiento externo –“para reconstruir un mecanismo de dominación colonial”– e incapacidad para generar puestos de empleo. Igual, no cree que caiga solo sino que hace falta mucha fuerza para ponerle freno.

¿Cómo se explica que hoy se siga legitimando este modo de pensar la Economía?

—Si bien la Economía es una ciencia, también funciona socialmente como una de las formas de la ideología; y, cuando hablamos de ideología, hablamos de relaciones de poder y efectivamente vemos de nuevo el funcionamiento de un aparato de legitimación de la economía ortodoxa, porque estamos legitimando un nuevo cuadro de relaciones de poder y de redistribución del excedente desde el trabajo hacia el capital.

¿Por qué creés que sectores históricamente afectados por esas políticas le dan su aval, al menos electoralmente?

—Un ejemplo, el más conocido de todos, es el de los jubilados. Cuando se ve la composición del voto a Cambiemos, llama mucho la atención el componente etario. La gente joven siguió votando por el Frente para la Victoria o Unidad Ciudadana, la de mayor edad e incluso de mayor nivel educativo lo hizo por Cambiemos. Pese a todo lo que perdieron los jubilados en este período y lo que van a seguir perdiendo, votan un gobierno contrario a sus intereses.

Yo soy economista y ponerme a analizar el componente ideológico del voto me resulta complejo. De todas maneras, creo que hay dos dimensiones. Primero, mucha gente que sigue votando a Cambiemos tiene la esperanza de que el veranito pre-electoral que tuvimos después del ajuste de 2016 sea una señal de que las cosas van a mejorar y atribuyen lo malo sucedido al gobierno anterior. En esa línea, me parece que ahora el gobierno tiene el desafío de dar respuestas reales a quienes lo apoyaron.

Por otro lado, sería muy cómodo recurrir al argumento de que son los medios de comunicación quienes han trabajado sobre la subjetividad de la gente. Amén del viejo gorilismo histórico, que es un tercio de la población, por alguna razón ese tercio flotante, que es el que define las elecciones, está muy enojado con el gobierno anterior. Y, tal vez, haya que revisar qué fue lo que se hizo mal. Hay múltiples explicaciones que nos llevaría tiempo exponer; pero hay sectores de la clase media que subieron y a los que les molestan los derechos, supuestamente a cambio de nada, de otros que están un poco más abajo que ellos.

A algunos sectores también les costaba admitir que su bienestar estaba ligado a las políticas del gobierno anterior y tenían esa idea de que “yo trabajo y me lo gané solo”, cierta idiosincrasia individualista prevaleciendo sobre la idea del bien común…

—Eso remite a la subjetividad capitalista y no podemos decir que es un fenómeno que nació en 2015. Cuando Cristina ganó con el 54 por ciento, ese individualismo también existía. No es un dato nuevo que nos pueda servir para explicar el proceso de corto plazo. Sí, resultan interesantes estudios de los economistas Eduardo Crespo y Javier Ghibaudi, sobre lo que llaman “el trabajador neoliberal”; y también algunas cosas que he leído en el Dipló sobre el “moyanismo social”, que remiten a lo que decía antes. Esos sectores de la clase “media media”, no los sumergidos, tuvieron acceso a muchas mejoras a partir de 2003, lo atribuyen a su esfuerzo e, insisto, les da mucha bronca que haya sectores que reciben cosas “a cambio de nada”.

De todos modos, eso es un ámbito de la Sociología y mi especialidad es la Economía. Por eso, me interesa hablar de la diversificación en la estructura de clases, que se dio a partir de los procesos de tercerización de la organización de la producción, la descentralización del trabajo en las fábricas, el teletrabajo, el cuentapropismo, la manera en que se generan constelaciones de empresitas proveedoras de actividades que antes estaban dentro de la empresa, como el catering y hasta los servicios contables y el área jurídica. Si bien esto merece una explicación más profunda, se puede ver que lleva a una pérdida de conciencia de la clase trabajadora como tal.

Como parte de una lectura histórica, has hablado de que estos modelos no son sustentables. ¿Imaginás un escenario en el que se agote o colapse?

—No sé si decir que este modelo actual es el que ha fracasado antes. Lo que sí creo es que esta sumatoria de políticas que hoy está aplicando Cambiemos no es muy diferente a lo que se aplicó en la Argentina en los 90 o a partir de mediados de la década del 70; y tampoco es muy distinto a políticas del mismo signo que se dan en otros países del mundo o en otros momentos históricos. ¿Qué quiero decir con esto? Que en tanto la Economía es una ciencia, tiene leyes, hay relaciones causa-efecto; y si aplico determinadas políticas, ya sé qué resultados van a tener. Entonces, sé que los modelos neoliberales generan un alto endeudamiento y no crean empleo.

Desde que asumió Cambiemos, vamos por arriba de los cien mil millones de dólares de deuda, que se formó sin necesidad, porque es mentira que la deuda externa se toma para cubrir el déficit fiscal. Eso es una ficción instrumental, porque el déficit se cubre con pesos y los dólares se necesitan para pagos internacionales. En realidad, la toma de deuda contribuye a la reconstrucción de un mecanismo de dominación colonial de tracción del excedente.

En lo que va del año tenemos un déficit de cuenta corriente cercano a los seis mil millones de dólares y probablemente terminemos 2017 con ocho mil; pero el año que viene vamos a tener más déficit y vamos a necesitar más dólares, y el otro año, todavía más. Ese modelo es insustentable en el frente financiero externo.

Por otro lado, es insustentable en lo interno, porque se concentra en sectores de la economía que no son naturalmente generadores de empleo. Entonces, lo que ya vimos es que el desempleo creció un cincuenta por ciento: estaba en el seis por ciento y hoy está cerca del nueve. Esto es lo que generan los regímenes neoliberales.

Entonces, ¿qué se puede esperar?

—Esto no significa que estemos a la vuelta de la esquina del helicóptero de crisis. En la etapa anterior, el neoliberalismo duró 25 años, aunque es cierto que el contexto internacional es diferente y que no tenemos todas las empresas públicas que teníamos para privatizar.

Este sistema se mantiene mientras las condiciones internacionales permitan que se siga financiando con recursos del exterior. En el momento en que los mercados financieros le bajen el pulgar a la Argentina, cambien las condiciones financieras o aumente la tasa de interés, no se va a poder seguir manteniendo el sistema, porque se va a cortar la entrada de capitales, no se va a poder mantener el nivel de tipo de cambio, se va a producir una devaluación, que va a generar un proceso inflacionario, que va afectar los ingresos y va a haber recesión. Ese va a ser el momento crítico.

Entonces, hace falta la construcción de mucha conciencia social para enfrentarlo, porque no lo vamos a ver que se caiga solo, aunque indefectiblemente en algún momento deje de ser sustentable por las causas que expliqué.

Tras la crisis de 2001, 2002, hubo una reconstrucción, que cada una la valorará hasta dónde llegó. Si bien es especular y a largo plazo, ¿se puede pensar en una posible reconstrucción?

—La verdad es que uno de los grandes problemas políticos que la Argentina tiene en el presente, pensando en términos del modelo nacional y popular, es que no hay ningún sector de la clase dominante que demande desarrollo. Ahí, está la principal limitación.

De todos modos, uno puede hacer un análisis de cómo van evolucionar las variables sobre las cuentas nacionales en el mediano plazo, pero no tiene la capacidad de predecir el futuro. Lo que sí puedo decir es que este gobierno está provocando una transformación estructural de la economía argentina, no sólo por el alto endeudamiento sino porque está afectando pilares básicos, como los derechos laborales, los derechos previsionales, los fondos previsionales; y reparar todo eso es un proceso largo y complejo, que nos va a llevar muchos años suponiendo que asuma un gobierno con plena conciencia de transformación. Destruir se destruye muy rápido y construir demanda mucho más. Para ser sincero, contestar esta pregunta llevaría largo rato.

Desde luego, pero es una pregunta que surge de la ansiedad y de la angustia…

—Es lo que nos produce a todos. Yo quisiera pensar cómo hacemos para frenar esto y, después, ver cómo lo arreglamos.

Fuente: El Eslabón.

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Un comentario

  1. Sergio Rubén Rossi

    25/11/2017 en 12:13

    Muy bueno y claro lo que ha manifestado el economista en el reportaje. Creo que hay una incapacidad total de la dirigencia partidaria del campo nacional y popular para revertir esta situación, salvo muy pocas excepciones.
    El vasallaje del partido justicialista rinde honores a su majestad, el pueblo sigue durmiendo la siesta de los justos. en algún momento despertará. Y, entonces, hará tronar el escarmiento…

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