Un día cualquiera a un señor cualquiera le agarra una enfermedad muy extraña, o no tanto: el MALDELMEIL, (porque se escribe así, como se dice y en mayúscula) que en castellano significa sufrir ataques permanentes de correos electrónicos. Todas las superficies y objetos que rodean a este buen hombre son pantallas desde las cuales se emiten cientos, miles de mensajes que le exigen respuesta inmediata a medida que se multiplican. En el trabajo, en los semáforos, mientras se lava los dientes en su casa o intenta dormir la siesta. El asedio es total, y pareciera que este hombrecito no tiene escapatoria. Esto es más o menos lo que sucede en MALDELMEIL, un cuento de David Wapner, poeta y músico argentino que desde 1998 vive en Israel y ha escrito numerosos libros para niños, niñas y jóvenes. La otra cosa importante para destacar es que se trata del tercer libro de la serie de cuentos Tarumba que se distribuye con nuestro semanario en kioscos de diarios y revistas de Rosario. Ante tal acontecimiento, le escribimos un mail al autor y le preguntamos algunas cosas sobre este librito –que por momentos parece un cuento, una canción, un poema o un juego donde se cruzan todos estos lenguajes–, y para despejar dudas nos respondió lo siguiente: “MALDELMEIL (así, todo en mayúsculas) es un poema, en parte en prosa, en parte vertical, en parte visual (como bloque, es un poema visual)”. Y enseguida, aclaró: “Yo soy un poeta, ya sea me exprese en poema, en prosa, en música. Largo, corto, narrativo, abstracto, eléctrico o acústico, novela, poema o copla: soy poeta”. 

Entre la prosa, el verso y los caligramas, el texto de MALDELMEIL está acompañado por las geniales ilustraciones de la artista rosarina Tati Babini. “En el cuento usé lápiz y pinturitas”, contó la ilustradora. “La verdad es que me gustaba la textura del lápiz para la risograf”, explicó la dibujante para referirse al tipo de impresión de los cuentos de la colección, a cargo del Taller Capitana. Babini es docente y dicta  talleres de arte para niños y niñas, pero esta es la primera vez que dibuja para un cuento. “Fue muy linda experiencia, me divertí muchísimo”, festejó la artista. “Siento que lo más desafiante fue pensar en cómo dibujar los mails, o sea, pasar a 2D algo virtual. Cuando vi los caligramas enseguida se me vinieron a la cabeza las figuras del video juego Galaga”, agregó la dibujante. 

Volviendo a la letra, para Wapner, esta enfermedad disparatada que se narra en el cuento o poema no tiene que ver con las nuevas tecnologías de la comunicación o sus soportes hipnotizantes, sino con cierto tipo de uso y abuso que hacemos de ellas: “El problema es la saturación, la sobredosis de mensajes textuales y visuales, imposible de absorber, que afecta la capacidad de atención, concentración y fragmenta la lucidez”. Finalmente, el cuentopoema nos dirá que hay otros mensajes que se cifran por fuera de las pantallas, y lo más importante: ¡no nos persiguen! Sin embargo nos acompañan y toman la forma que quiera darle nuestra mirada. Wapner, que escribió el primer libro de cuentos para chicos en 1989 (El otro Gardel), y que actualmente es director de la colección de poesía para niños y jóvenes Los libros del Lagarto Obrero (2017), de la editorial argentina Maravilla, habló sobre el malentendido que hay alrededor de la categoría de literatura infantil y juvenil. “Los adultos escribimos libros para las personas niñas, o jóvenes, o adultas. La sigla Lij debe reformularse como Libros para la Infancia y Juventud”. En este sentido, el músico y poeta subrayó que “literatura infantil es la que escribimos entre los 6 y 12 años, si es que escribimos, y si eso que escribimos podemos llamar literatura. Salvo que surjan genios como Rimbaud (los prodigios son una rareza), esas cositas se quedan en los cuadernos de la infancia, si es que quedan, y si alguien conserva esos cuadernos”. 

MALDELMEIL es el tercer título de la serie de relatos super cancheros, desprejuiciados, provocadores, divertidos e incorrectos escritos e ilustrados por artistas locales, destinados a niñas y niños de cero a noventa y nueve mil años. El arte de la colección Tarumba y su puesta estética fue realizada por Libros Silvestres y el Taller Capitana. Además, para continuar con la propuesta lúdica e interactiva de la editorial, los libros se distribuyen montados sobre un soporte especial que contiene sorpresas para jugar en casa.

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