En su último libro, Variación sobre la costa litoral, Beatriz Actis presenta siete relatos que hacen equilibrio entre la distancia –necesaria y menguada– en una familia atravesada por el dolor y lo que queda de amor.

A Variación sobre la costa litoral es aconsejable leerlo, como diría el poema de Juan José Saer, con ruidos de agua como música de fondo. El libro, editado por el sello cordobés Nudista, es el último de la escritora Beatriz Actis, cuya obra ya es parte ineludible de la literatura santafesina y, también, nacional.

Los siete relatos que edifican el libro aparecen –al principio– como historias separadas unas de otras, pero existe un cauce profundo, intenso e invisible, que de alguna manera los ensambla y une. En ese escenario, los personajes son descriptos en sus virtudes, y también en sus miserias, bajo un tono intimista, pero no por ello menos inclemente.

En su narrativa hay un trasfondo de las luchas ocultas que se producen en las honduras de esa “institución” denominada familia. Es en ese verdadero ojo de tormenta, donde la pluma de Actis se convierte en aguja e hilo que sutura las heridas. Pero quedan las marcas, las ineludibles cicatrices, y el sello de que el paso del tiempo puede servir –apenas– para amortiguar el dolor.

Hay diversos personajes que aparecen y circulan en el trayecto de un viaje que está marcado por la  llanura y un curso de agua que por momentos la acompaña y, en otros, la abandona. En el horizonte, que a veces se transforma en un desfiladero de esa relación, entre circular y laberíntica, surgen estas historias elegantes pero con la elegancia –pueblerina– que tiene un traje traspasado de un padre a un hijo. Y es en esa precisa convergencia que los relatos se hacen genuinos. Y, por lo tanto, entrañables.  

En un tramo del relato Variación se lee: “Me acerco y le pregunto en un inglés nervioso, qué tren espera. Me observa con un desprecio elegante, helado pero sutil, y en buen español con sólo un poco de acento dice:

-Creí que esto era Bruselas

Me cuesta explicar que es Rosario Oeste y parezco estar más perplejo que ella.”

Cuento italiano es un texto que pivotea en una relación, mientras realizan un viaje por Córdoba,  entre un joven solitario, que debido a su trabajo viaja mucho, y la única familiar que le queda: la tía Zuny. Y dice: “Hay algo que me sucede con los viajes […]. Al volver, despliego el mapa del lugar, que compré previamente en alguna librería, y reviso no sólo los lugares a los que fui, sino aquellos a los que no fui. No viajo con el mapa, lo guardo prolijamente doblado, intacto, para el regreso. Me gusta la idea de casi haber estado, incluso más que la de haber estado”.

Los hechos, situaciones y observaciones que nutren el último libro de Beatriz Actis, invocan a que el lector se introduzca en la multiplicidad a modo de caleidoscopio de un universo donde el viaje, o mejor dicho, el compendio de todos los viajes, es el punto de partida, pero también de llegada, a la profundidad interna de cada ser humano.

A modo de biografía

Beatriz Actis nació en Sunchales (Santa Fe) en 1961. Es autora, entre otros libros, de Cruces cierran los campos, Los poetas nocturnos y Los años fugitivos (novelas); Viajeros extraviados, Todo lo que late y Lisboa (cuentos), Sin cuerpo no habrá crimen (poesía), además de narrativa y poesía para niños. Ha publicado en Argentina, México y España. Obtuvo, entre otros, los premios Fondo Nacional de las Artes (en cuento y novela), Municipal de Córdoba, Municipal Ciudad de Rosario (ambos en cuento), Rejadorada – Valladolid (en novela). Es profesora en Letras por la Universidad del Litoral. Reside en Rosario.

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