El poder político que tiene Buenos Aires no se limita a la cantidad de representantes sino a concentrar deliberadamente aún más el poder unitario en un país que no honra su condición federal.

Cuando se escuchan los discursos de gobierno o de campaña resulta inevitable pensar que una buena parte de las agendas que instalan y de las políticas que sugieren parecen estar excluyentemente focalizadas en la Provincia de Buenos Aires (PBA) y/o en su vecino distrito federal, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

El foco puesto en problemas y virtudes del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) –esa zona urbana que enumera 40 municipios hasta alcanzar más de 15 millones de habitantes– invalida la realidad de un país federal en el que quedan relegadas –en tiempo y espacio– las restantes 22 provincias que componen el territorio argentino.

Queda a la luz una descompensación a favor de los intereses centralistas, propios de un artificio reducido que, lejos de estar soterrado, es asonado como hecho inexorable sin márgenes para la sorpresa de los que viven tierra adentro.

El federalismo malogrado e indefenso que hemos conseguido pasó de ser arena de vibrantes disputas a un lánguido ejercicio de equilibrios sublimados.

La causa del país total es hoy un tema larvado y desusado que no representa hipótesis de conflicto. Ya no se canalizan demandas estructurales para evaluar el balance de recursos. Las mediaciones que se aproximan a la agenda relegada de una nación integrada no van más allá de las oportunidades que generan algunas negociaciones legislativas. Oportunidades mínimas, que sólo suceden cuando se puja por obtener cuórum para una sesión mediática o cuando se busca la ampliación de los votos cantados de la bancada propia. El oficialismo de turno, con insuficiente representatividad, corre a buscar a aquellos aliados expectantes de favores que nunca faltan. Tristísima acción de limosnear en el palacio honorable del Congreso de la Nación.

Por esos acuerdos (¿o habría que decir “Por esas capitulaciones”?), a cambio de bancas ocupadas o manos alzadas, se sabrá después que un tramo de ruta recibió su postergada capa de asfalto, que un nuevo puente cruza el lejano río o que la planilla en rojo del empleo público provincial cambió repentinamente de color. Con eso alcanza para orientar las preferencias de legisladores o votos.

Con la reforma de la Constitución Nacional, durante el gobierno de Carlos Menem, se rompió el Colegio Electoral como andamiaje básico en el que cada provincia tenía un peso relativo en la designación del primer mandatario. De este modo, el factor AMBA se robusteció hasta ser fuertemente determinante en el devenir político argentino porque casi el 40 por ciento de los ciudadanos (¿o habría que decir “de los votantes”?)  se concentra allí.

Lo que vino después es una historia conocida, y de algún modo, repetida. La llegada de Fernando de la Rúa (aunque nacido en Córdoba, Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) y Carlos Chacho Álvarez (anteriormente diputado por Capital Federal) al poder. Eduardo Duhalde (gobernador de Buenos Aires, luego senador por la misma provincia) elegido presidente por la Asamblea Legislativa, en la crisis de 2001, y promotor en 2003 de la candidatura de Néstor Kirchner, presidente con sólo el 22,25 por ciento de los votos en compañía de Daniel Scioli (luego gobernador de Buenos Aires. Cristina Fernández de Kirchner (nacida en La Plata), dos veces presidenta y luego senadora de la Nación por la provincia de Buenos Aires. 2015, disputa electoral entre el ex jefe de Gobierno de CABA, Mauricio Macri, y el por entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. 2019, un gobierno que no logra un segundo mandato y la llegada de Alberto Fernández a la presidencia, abogado y político nacido y criado en suelo porteño.

No se insinúa diferente el panorama, de cara a los probables presidenciables en 2023. Mayoría de porteños o bonaerenses, en las personas del propio Fernández (si fuera por su segundo mandato), Axel Kicillof (gobernador de la provincia de Buenos Aires) o Sergio Massa (diputado por la provincia de Buenos Aires), al igual que la coalición opositora: María Eugenia Vidal (ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires), Martín Lousteau (actual senador por CABA) y Facundo Manes (recién llegado a la política electoral, nacido en Quilmes y precandidato a diputado por la provincia de Buenos Aires).

La sobre-representación de AMBA en la cúpula del poder político nacional parece no tener grieta. Puede oscilar el color político, pero permanece invariable la unanimidad geográfica y demográfica por sobre el resto de las provincias… que sólo proponen gobernadores.

El país del interior

Además de brindar servicios de telecomunicaciones en 270 localidades de 21 provincias argentinas, la Fundación COLSECOR realiza junto a cooperativas de servicios públicos un Reporte Mensual de Precios (RePre) que persigue comparar el valor promedio de cinco productos con el programa precios cuidados o hipermercados de la Ciudad de Buenos Aires (CABA). El trabajo de campo correspondiente a julio de este año, muestra que salvo el cemento, todos los productos registraron un precio promedio más elevado que los relevados en CABA.

El que más se alejó de los precios de referencia fue el aceite, con un valor promedio de 202,93 pesos mientras que en Precios Cuidados se ubicó en 112,05. Lo que representa una diferencia del 81 por ciento. La leche mostró una diferencia del 59 por ciento por encima, entre los valores que se pagan en el resto del país y Precios Cuidados. Siguiendo esta tendencia, también el arroz se pagó un 26 por ciento más en relación a CABA, lo mismo con la carne de nalga con un 13 por ciento más. Evidentemente, la inflación golpea más en el interior del país.

*Responsable Relaciones Institucionales de COLSECOR Cooperativa

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