Se estrenó Yo nena, yo princesa, película que narra la historia de Luana, la primera persona menor de edad en obtener el DNI con su identidad autopercibida sin mediar una instancia judicial.

Gabriela Mansilla, es directora y fundadora de la Asociación Civil Infancias Libres. Mamá de Luana y autora del libro que dió vida a la película Yo nena, yo princesa, publicado por La Universidad Nacional de General Sarmiento en 2014.

En diálogo con El Eslabón, Mansilla contó cómo fue el arduo camino para lograr que su  hija, hoy una adolescente de 14 años, pueda ser feliz y quererse a sí misma dentro de una sociedad que constantemente interpela, excluye y discrimina a la comunidad travesti trans: “Luana, que va a segundo año de la secundaria, es una chica trans que no tiene intervenido su cuerpo con bloqueos de pubertad ni con hormonas por su propia decisión. Ha construido, con ayuda de su familia, amigos, profesionales y la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), el amor a sí misma y a su cuerpo trans ocupando los lugares que le corresponden por derecho”.

Nacida en 2007, biológicamente con sexo masculino como su hermano mellizo, desde los primeros meses de vida comenzó a manifestar su identidad de género y a los dos años de edad le dijo por primera vez a su mamá: “Yo nena, yo princesa”. Un par de años más tarde, a los cuatro, manifestó que su nombre era Luana, que quería ser llamada de esa manera y que no iba a responder a otro nombre que no fuera ese. Después de haber pasado por diferentes estadios, terapias correctivas y profesionales para nada informados, de forma progresiva, su madre, Gabriela, comenzó a militar activamente en la visibilización y los derechos de niñas, niños y adolescentes trans: “La asociación civil Infancias Libres nace en 2017 debido a la gran cantidad de mensajes que recibía a través de mis redes sociales o al mail que estaba en el libro, muchas familias se identificaron, personas que empezaron a entender que también tenían una niña o un niño trans”

Contención e investigación

Infancias Libres, además de una asociación, es “un espacio político de resistencia, de aprendizaje, de deconstrucción, de acompañamiento”. En marzo se cumplen cinco años de trabajo ininterrumpido: “Yo no diría que trabajamos, sino que militamos por los derechos de las infancias. Tenemos un equipo interdisciplinario de profesionales que aprendieron a acompañar estas infancias gracias a nosotros, a las familias”, cuenta Mansilla. “Hay profesionales que se acercaron a sumar y aprender, legitimando la experiencia no académica, ahí es donde está la humildad y la capacidad de este equipo. Quienes coordinamos y llevamos adelante la Asociación somos las madres de niñeces trans”.

Entre el equipo de coordinación, compuesto por estas madres y los profesionales de diferentes ámbitos de la salud y la educación, se crearon decenas de materiales de estudio y consulta, entre los que se encuentran Sin alas, las Mariposas también sueñan, Infancias desobedientes, cuerpos que incomodan, y el Primer Informe estadístico a nivel nacional sobre experiencias en infancias travestis-trans. “Nos financiamos de manera autogestiva,  tenemos acompañamiento a las niñeces entre los cuatro y doce años, para les adolescentes hasta los 18, y también trabajamos con los hermanitos y hermanitas, el círculo familiar, escuelas, centros de salud, jornadas de reflexión, información, talleres”.

Con la ley como bandera

La Ley de Identidad de Género (26.743) sostiene que toda persona tiene derecho a reconocerse a sí misma sin importar el sexo biológico con el que haya nacido. Mediante la misma, el Estado argentino se compromete a no patologizar, se deja de tratar como una enfermedad o un trastorno y también se reconoce la identidad autopercibida en el DNI a través de la elección del nombre con que esa persona se identifique. Pero, ¿qué tan avanzada se encuentra la puesta en marcha de estos derechos? Del relato a la realidad de las personas trans-travestis, hay una grieta enorme. “Es una niñez invisibilizada, que no se nombra. Una niñez que dentro de un contexto legal, como lo es la Ley de Identidad de Género, es contemplada y no es respetada. Porque no se conoce el marco legal”, sostiene Mansilla, y agrega: “Esa niñez no puede sacarse del contexto de su historia trans-travesti. Y si la comunidad tiene una expectativa de vida de 35 años, por ende las niñeces también lo tienen. Hoy quizás la herramienta que resulta indispensable para las familias, que es la Ley, la tenemos mucho más a mano y la podemos ir a exigir, pero no significa que a esa niñez se la proteja totalmente. Que transiten los espacios que antes les eran negados, no significa que puedan permanecer en esos espacios sin pagar las consecuencias de estar ocupándolos”.

Les uniques privilegiades, ¿son les niñes?

Una estadística realizada por la Red latinoamericana y del caribe de personas trans (RED 

LAC) durante el 2020, da cuenta de que existe un 70 por ciento de casos en los que la expulsión del hogar se realiza durante la adolescencia, entre una edad que ronda los 13 y 17 años. Infancias Libres es una de las pocas organizaciones en las que se han realizado relevamientos con datos reales, libros y material de estudio para familias y profesionales. Pero, como cuenta su fundadora, no es suficiente para darle el apoyo a todes les niñes travestis- trans que habitan en nuestro país: “La familia que necesita ayuda para acompañar a su hija, hijo, hije, en primer lugar lo que tiene que hacer es un trabajo individual enorme. No es que sólo se pide ayuda y ya está. 

Según un informe publicado por Infancias Libres en 2019, y actualizado en mayo de este año, sobre la experiencia de 200 familias, el 66 por ciento reside en el Gran Buenos Aires, 8 por ciento en el interior del país, y el 16 restante en Capital Federal. Además, el 89 por ciento de las responsables de les niñes son madres, mientras que el 10 por ciento son padres y el 1 tiene otro vínculo. Estos datos visibilizan que son las madres quienes están generalmente a cargo de la crianza.

La comunidad interpelada

En nuestro país existen más de mil niños y adolescentes trans. Respecto al informe publicado, en materia de educación (se encuentra repartido entre educación pública, 65 por ciento, y privada, 35). El 96 por ciento recibe una educación laica, mientras que sólo el 4 recibe una educación privada religiosa. Desentendiéndose de su responsabilidad, en un 95 por ciento, las escuelas desconocen la ley y cuando las familias la acercan, un 70 por ciento se niega a respetarla. “La verdad es que si vos estas en una escuela donde tu cuerpo no está reflejado en un libro, tu cuerpo es un cuerpo fantasma al que se le puede hacer cualquier cosas porque total no existe, no se legitima”, explica Mansilla, y sigue: “En las escuelas es donde reciben el mayor grado de violencia. La educación sigue siendo binaria, biologicista y expulsiva. Estamos convencidos de que la educación no sólo debe de hablar de las niñas trans travestis, en un modo de inclusión, sino que se amplíe el modelo educativo: educar al resto de las niñas que están en el aula”.

En este sentido, el presupuesto en 2021 para el Programa de Fortalecimiento de la Educación Sexual Integral en todo el país es de 112.764.300 de pesos (unos 10 pesos por estudiante), mientras que la Iglesia Católica recibe 203.572.246, por un artículo que se mantiene desde la última dictadura militar. 

El cine como herramienta

Este jueves se estrenó en sesenta salas de todo el país la película Yo nena, yo princesa, protagonizada por Eleonora Wexler, Juan Palomino, Isabella G. C. y Valentino Vena. Por primera vez en la historia, una niña transgenero protagoniza y da vida a otra en una película. “Quiero creer que es el comienzo de algo, empezar a hablar desde otro lugar”, dice Mansilla, y agrega: “Me emociona mucho porque no sólo está Isabela, que es la niña trans que hace de Lulú en la película, sino que hay otra niña trans que se llama Azul, que actúa allí, y también participa Lulú siendo extra. Hoy estamos en un contexto donde la comunidad ha logrado la ley de Cupo Laboral e Inclusión Laboral travesti trans. Y la película va a llegar a muchos lugares a los que no llega el libro, y donde no llega nuestra militancia. La película se va a meter en el corazón de muchas personas”.

El film, escrito y dirigido por Federico Palazzo, es revolucionario, no existen precedentes en el mundo de la cinematografía donde una niña trans intérprete a otra niña trans por el acceso a un derecho como es el DNI y su identidad: “Nos va a arrancar un montón de emociones y ojalá les cambie la cabeza a todas las personas que la vean. Empezamos a ocupar lugares que antes no se habían ocupado, y esto se lo debemos a la lucha de toda la comunidad travesti trans. Esto no se logra por fuera de la historia. Esto no sale del contexto. Acá no se pierde la memoria ni se deja de reconocer que si no fuese por la lucha de toda la comunidad travesti trans, tampoco existiría Luana”.

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