A fines de abril de 1997, Paulo Freire mantenía una conversación con un colega que le preguntaba cuáles eran los temas ineludibles de ese tiempo. Del otro lado de la línea telefónica, el maestro brasileño le respondía sin titubear: “Carlos, tenemos que criticar el neoliberalismo, es el nuevo demonio de nuestros días”. 

A los pocos días, el 2 de mayo de 1997, Freire falleció. Esa última conversación la repasa el director del Instituto Paulo Freire de la Universidad de California, Carlos Alberto Torres, en un texto que forma parte del libro 100 Voces (y una carta) para Paulo Freire, coordinado por Nicolás Arata.

El libro está editado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) y la Secretaría de Educación de Bogotá, con motivo de cumplirse en 2021 el centenario del nacimiento del pedagogo brasileño (19 de septiembre de 1921). Es de acceso libre y gratuito a través de la página clacso.org.ar. Entre otras ideas el trabajo -de más de 500 páginas- se propone sumar a la serie de iniciativas organizadas en homenaje a Freire.

En la presentación, Karina Batthyány y Nicolás Arata (Clacso) hablan de una suerte de “caleidoscopio freireano” al referirse a las 100 voces reunidas en el libro y las posibilidades de lectura que ofrece. Por eso dicen que “hay tantos Freires como lectores y lectoras de su obra”.

Una y otro proponen “reivindicar una figura como la de Paulo Freire, dialogar con su trabajo orientado hacia los sectores más relegados de nuestras sociedades, dejarnos inspirar por su compromiso con el diálogo y la construcción colectiva de los saberes”.

Desde el principio hasta el final el libro recorre reflexiones, pensamientos y relatos amorosos que hablan de un Paulo Freire presente. También hay lugar para los homenajes y los recuerdos, pero sobre todo la referencia a una construcción pedagógica y liberadora inconmensurable, necesaria de conocer y -como todo el tiempo se propone- de reinventar.

El primero de los textos es una carta que el escritor y educador popular Frei Betto le dedica a su amigo Paulo Freire. “Querido Paulo: Recuerdas que los manuales de alfabetización enseñaban «Ivo vio la uva». Pero tú, con tu método de sensibilización, de hacer que la lectura del mundo preceda a la lectura del texto llevaste a adultos y niños (…) a descubrir que Ivo no solo veía con los ojos, también veía con la mente y se preguntaba si las uvas son naturaleza o cultura”, se lee en esas líneas.

La educadora Adriana Puiggrós es otra de las voces de este trabajo colectivo. Nombra al maestro brasileño como La esperanza de un latinoamericano. Proclama que América Latina necesita recuperar a Paulo Freire “en la historia de la educación democrática y popular”, al tiempo que resalta que su obra “pertenece a los discursos descolonizadores latinoamericanos”. “Volvamos a leer una y otra vez Pedagogía del oprimido para reiterar la centralidad de ese pueblo que Paulo tanto ama, como sujeto activo de la «praxis» educativa”, convoca Puiggrós.

 

El presidente de Honra do Instituto Paulo Freire (Brasil) Moacir Gadotti se pregunta ¿Por qué celebrar o centenário de Paulo Freire? Y llama a celebrarlo en busca de los sueños y utopías de quienes lucharon “por los derechos humanos, por los derechos de los pueblos, por el derecho a una educación emancipadora, transformadora”, porque “los sueños por más justicia y equidad nunca mueren”.

Walter Kohan eligió una particular manera de homenajear a Freire. Lo hace en un texto precioso que titula Un viaje paulofreireante para celebrar un centenario. Cuenta que decidió recorrer los lugares donde Paulo Freire inició su trayectoria educadora, con qué se encontró y las nuevas enseñanzas que recogió. Entre esos testimonios repasa el sueño que le dejó una niña de nombre Lara en una conversación dada en Eusebio, en la periferia de Fortaleza, Ceará. “Era una mañana de domingo y estábamos compartiendo nuestros sueños. Niñas y niños manifestaban su deseo de ser astronautas, médicos, veterinarios, incluso un niño dijo que su sueño era pertenecer a las fuerzas armadas. Escuchábamos los sueños y pensábamos sobre ellos, lo que suponían, lo que proponían, lo que no decían. Ya habíamos escuchado casi todos cuando Lara, que había estado bastante distraída al inicio, pero se fue entusiasmando con la conversación, nos dijo su sueño: «Sueño con un mundo en que quepan todos los sueños». Nada mejor que terminar soñando. El sueño de Lara es un sueño de todas y todos”.

Bolsonaro y sus demonios

En 100 Voces están presentes las reflexiones que muestran la peligrosidad de la pedagogía de Freire para los poderes del capital. Le dan la razón a aquella advertencia que hiciera sobre ese nuevo demonio que encarnaba el neoliberalismo. 

El pedagogo Pablo Gentili recuerda en su aporte que Freire “no defendía «la educación» como un bien genérico común” sino que desde siempre se comprometió en “la lucha por una educación liberadora”. Una enseñanza que las dictaduras y Bolsonaro se encargaron de hostigar y perseguir porque saben de lo “peligroso” que una educación tome partido. “Hacen bien los fascistas en temerle a Freire. No deja de ser un justo reconocimiento a los cien años de su nacimiento”, destaca Gentile. 

El pedagogo estadounidense Henry Giroux escribe sobre El legado de Paulo Freire en épocas oscuras y también habla de la “peligrosidad” del pensamiento del gran maestro. “Freire consideraba que, para poder alcanzar la justicia, las personas debían estar informadas. Sin un público informado, alfabetizado y crítico, la democracia se reduciría a una retórica vacía ataviada con un falso discurso defensor de la posibilidad de elegir”. 

Otro referente de la pedagogía crítica, el profesor de la Universidad de Toronto, Peter McLaren, afirma que Freire “sigue siendo un referente para los profesores que trabajan en las comunidades pobres en todo el mundo, y para casi cualquier persona que busque un sentido de justicia en un mundo tan injusto”. Y al igual que Gentile y Giroux alerta sobre los intentos -infructuosos por cierto- de querer borrarlo. “El presidente Jair Bolsonaro afirma que Freire está detrás de una conspiración de adoctrinamiento marxista en el sistema escolar brasileño. De hecho, los intentos de Bolsonaro de extinguir la memoria de Freire recuerdan los ataques de los republicanos estadounidenses contra la llamada teoría crítica de la raza y los educadores marxistas”, denuncia McLaren.

Experiencias freirianas

100 Voces (y una carta) recoge experiencias inspiradas en la pedagogía de Paulo Freire, como dice todo el tiempo el libro de Clacso, y la reinventan de muchas maneras. Como aquella que recupera -tal el título del texto- La alfabetización en guaraní en las escuelas públicas paraguayas y revive el legado de Freire que sostiene que “Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra”.

O aquella titulada Chisua, un tejido de relatos pedagógicos inspirados en el pensamiento de Paulo Freire, que cuenta la historia y experiencia de una red de maestras y maestros investigadores iniciada en Colombia. Chisua es un vocablo muisca que significa mochila, un tejido de encuentros entre “saberes, pensamientos, gentes y relatos”.

También la que recorre la creación y vida de la Escuela Ayllu de Warisata, “una de las experiencias educativas más significativas de Bolivia”. Y aquella que vincula a Paulo Freire, José Martí y la Revolución Cubana, en especial por “la visión política de la educación como fuerza cultural para eliminar todo tipo de opresiones, y tener como protagonista al pueblo, como sujeto colectivo de las transformaciones sociales que pueden emancipar al individuo y la sociedad”.

“¿Qué celebramos en este natalicio?”, se pregunta el coordinador de 100 Voces, Nicolás Arata, y dice que de las numerosas respuestas que se podrían ofrecer, ensaya esta: “Conmemorar la existencia de un legado pedagógico latinoamericano, crítico y plural, que se sintetiza y condensa en torno a la figura del genial educador brasileño y que, al mismo tiempo, lo desborda y lo excede”. De eso también trata el nuevo libro de Clacso.

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