El Norita FC, que ya venía jugando desde 2017, firmó su acta fundacional, con la presencia de la mismísima Nora Cortiñas, de gran relación con el deporte de la redonda. “Encontramos ahí una manera de militar el juego”, dice su presidenta, Tamara Haber.

Nora Cortiñas, sentada sobre su silla de ruedas y cobijada por la remera celeste y naranja, levanta un vaso de cerveza para el brindis. Y después habla, hasta donde puede: “En nombre de los 30 mil, mujeres, varones…”, arranca. Alcanza a pedir por las y los pibes que fueron apropiados, que recuperen su identidad. Y se quiebra. No es la primera vez que ese espacio futbolero-feminista la conmueve así. “El día que me enteré sentí una sorpresa enorme, una conmoción. Es un homenaje muy grande para mí, que estoy viva”, contó en el libro Pelota de papel 3, cuando se enteró que un club llevaba su nombre como bandera, y en las camisetas. Y hace algunas semanas, llegaron las buenas noticias: porque lo que desde 2017 en adelante sólo se reflejaba en la cancha, ahora figura en los papeles. “Es nuestro documento de identidad”, dice Tamara Haber, una de las fundadoras y presidenta del club.

 

Deportes en el recuerdo

Los años 40 son los años de La Máquina, el famoso equipo de River que se cansó de ganar títulos y deslumbrar al público, salvo a Nora Cortiñas, que aprovechaba los partidos en el Monumental –al que iba por su novio– para tejer y tomar sol. Hincha de Boca aunque “no fanática”, la referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora atravesó el Mundial 78 con preocupación: no pensando en si la pelota de Kempes entraba o salía, sino en que apareciera su hijo Gustavo, de quien no sabía nada desde abril de 1977.

La relación del fútbol y Norita no quedó en los tablones del estadio de Núñez. En 2008, bajó al campo de juego para tirar paredes y abrazos con los pocos campeones mundiales que se coparon con la idea del partido desagravio al certamen organizado por la dictadura cívico-militar.

En 2017 se entera que un club llevaba su nombre, la camiseta su cara, y las integrantes su lucha. “Quizá pueda jugar con ellas, por qué no. Podría probarme. No sé en qué puesto, porque no conozco mucho las posiciones, pero seguro que al arco no voy. Algunos me dicen que soy petisa para el fútbol, pero no me parece que la estatura sea indispensable. Si no, mirá a Messi y Maradona”. Esto escribe en el prólogo del cuento de Ayelén Pujol, en el libro Pelota de papel 3, realizado sólo por mujeres. En esas líneas también recuerda los partidos que jugó frente al Congreso en apoyo a Higui y defiende el fútbol femenino.

En octubre de 2019, la referente de derechos humanos también dio el presente en el Florencio Sola, donde Banfield realizó un acto para restituir la condición de socios a sus hinchas desaparecidos. “Me pareció extraordinario –dijo sobre la iniciativa del Taladro– porque es un gran paso a la memoria. Y alimentando la memoria vamos a poder llegar a la justicia y a la libertad”.

En plena pandemia, mayo de 2020, el periodista Alejandro Apo la llamó desde su programa de Radio Nacional para charlar de fútbol. Reveló que está rodeada de hinchas de River en su familia: “Me saqué la lotería”, ironizó, y aclaró: “Pero nos llevamos bien, congeniamos”. Aunque, remata: “Cuando gana Boca, trato de no disfrutar, para no molestarlos; cuando gana River, ellos se ponen orgullosos y me llaman”. Y se ríe.

En el nombre de la Madre

“El nombre de Norita no tardó en aparecer”, dice la antropóloga social y cofundadora del club, Tamara Haber, en relación a la identidad del espacio de fútbol femenino que empezó a formarse en 2017. Y da las razones: “Era un período muy defensivo para nosotras y el movimiento feminista tuvo un protagonismo especial durante los cuatro años de macrismo. Y en todos lados en los que estábamos defendiendo a una compañera, siempre estaba Norita Cortiñas”, a la que define como “una integrante más del equipo” de lucha. Pero hay más: “A partir de ahí nos pusimos el nombre de ella, aunque no sólo por eso. Es una de las primeras Madres o Abuelas que se reconoció como feminista, que usó el pañuelo, que dijo que ser feminista es una cosa bárbara. Y nosotros creemos que es eso, y también es un poco salvaje ser feminista y eso tratamos de transmitir o llevar a la cancha”.

La cosa arrancó “como se arranca a jugar a cualquier juego”, entre “pibas que militábamos en un espacio político y encontramos en el fútbol una manera de militar el juego, el ocio, el disfrute para las mujeres y las disidencias”, rememora la también autora del libro Pioneras argentinas. Un pase a la historia, que escribió junto a Mónica Santino y Julieta Ossés. En un posteo de Facebook, Ayelén Pujol –otra escritora (autora de ¡Qué jugadora!), periodista y ex futbolista de esa entidad– definió al Norita como “nuestra mejor excusa, una especie de parque de diversiones al que acudíamos para ser felices cada día, así estuviéramos tristes, cansadas, frustradas o con frío. Aunque perdiéramos finales y sintiéramos el hachazo en lo más profundo del corazón. Aunque tuviéramos crisis colectivas. La pelota rodando y la bandera de Norita era nuestro impulso: ahí, en ese rato, juntas, aprendimos que el fútbol es y será, por esto y tantas cuestiones más, lo más maravilloso que tenemos”.

Cuando a Norita le fueron con el cuento del nombre del club, se puso tan contenta que las invitó a comer un asado a su casa. “Fue un asado de 7 horas en las que repasó su historia y nosotros nos quedamos escuchando cada una de las anécdotas como si fuera nuestra mentora, nuestra abuela de toda la vida, que lo es”, relata Haber. De allí se fueron con la panza llena y el corazón contento, y con el primer refuerzo: “Después de ese asado, la nieta de Norita (Lucía Cortiñas), que es una futbolera de pura cepa, se incorporó al equipo y hoy es una de nuestras mejores delanteras”.

A ponerle el cuerpo

Tamara Haber piensa, duda. Dice que sí, que algunas son futboleras antes que feministas, otras feministas antes que futboleras. Y otras, las dos condiciones a la vez: “Muchas de nosotras son jugadoras de fútbol antes de ser feministas, y a muchas el feminismo nos acercó al fútbol. Y de eso se arman cosas re interesantes, porque las que venimos a aprender cómo se patea una pelota o cómo posicionarnos en la cancha o cómo poner el cuerpo, tenemos quizá una experiencia desde los feminismos”. Y sigue: “Y quienes ya vienen con ese aprendizaje táctico técnico están con los oídos abiertos para pensarse en la práctica futbolística desde otro lugar. Ahí es cuando se arma algo muy piola”.

La referente del club e integrante de la Coordinadora de Fútbol Feminista sin Frontera asegura que “el feminismo es nuestro punto de partida, pero estamos construyendo ese puerto, ese horizonte”.

Afirma que cada martes, que es cuando entrenan, y en cada partido, “al estar dentro de la cancha, el cuerpo deja de ser un problema”. Y argumenta: “El cuerpo de las mujeres y las disidencias en los espacios públicos, muchas veces se transforma en un problema, por las situaciones de violencia que vivimos por nuestra identidad, o porque elegimos vestirnos de una manera. Sufrimos violencia”. Pero destaca que “en la cancha, el cuerpo es el mejor aliado, porque ahí te amigas con la fuerza, con la habilidad, con la energía, con la rapidez”. Y cierra: “Son atributos que no fueron tradicionalmente atribuidos a las mujeres o a las disidencias, que fueron un problema. Pero eso, en la cancha, se transforma individual y colectivamente”.

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