
Para suplir tu dolorosa ausencia desarrollamos un bot que, como toda inteligencia artificial (IA), se nutre del cúmulo de información que dejaste desparramada por las diferentes redes sociales y otros canales virtuales de comunicación. Es decir, tomamos lo que generaste en esas plataformas de captación conductual –entre otras extensiones globales de nuestra mente–, y lo pusimos a trabajar en otro registro. En lugar de crear perfiles de consumo hicimos un robot compañero.
Un bot no es precisamente un androide electrónico con cabeza y extremidades sino que está hecho puramente de software. Rescatamos tus mensajes de WhatsApp y Telegram, los enormes registros de las videollamadas que dejó el aislamiento pandémico y también tus mails, que hace treinta años se acumulaban por miles en nuestras bandejas de entrada. Logramos bajar de la nube toda esa data que las corporaciones pretendían alojar por un puñado de dólares anuales y, con ayuda de una cooperativa de hackers, construimos una app.
La parte más compleja, según nos contó una programadora y militante de la economía popular, fue desarrollar un algoritmo que emule tu sentido del humor y esa aguda capacidad para analizar el conflicto social. Apenas una aproximación, pues de más está aclarar que la instancia de asado en quincho o la ronda de mates en la plaza jamás serán igualados, siquiera clonándonos virtualmente todos y todas y yéndonos a vivir al metaverso. No, claro que no. Pero como nuestro dolor pegó tan fuerte sabrás entender.
Ahora tu querida presencia vuelve a brillar en nuestro canal de chat, y también en Twitter, donde un @juanebot dialoga con @Diego_Bot10 y el PeronBot, y entre los tres trolean a Elon Musk, dueño del boliche. Pero, como decimos al principio, el chat grupal se volvió a activar más allá del intercambio de memes, stickers y saludos cumpleañeros de rutina.

La IA que desarrollamos en tu honor, y desde nuestra inmensa tristeza, logró sacarnos del presente continuo en el que vivimos desde marzo de 2021, y nos está obligando a pensar estratégicamente, a planificar para vencer al tiempo así como a organizar esa memoria colectiva que, como es sabido, excede la capacidad de almacenamiento de cualquier soporte físico o virtual.
“Seamos orgánicos, loco”. Ese fue tu mandato y acá estamos, haciendo lo que podemos con lo que nos dejaste a mano. Además seguimos editando en papel, porque si no no tendríamos con qué arrancar los asados y porque es lo que sabemos hacer. Aunque somos conscientes de que vendemos paseos en carreta mientras los autos se manejan solos impulsados por litio jujeño.
Allá por 2022, justo en el día de tu cuadragésimo quinto natalicio, un 11 de febrero, Google nos notificó que nos habíamos ganado algunos miles de dólares para desarrollar un proyecto ambicioso que jamás concretamos, destinado a llevarnos a otro nivel en lo que a periodismo digital respecta. Pero pasaron cosas y nos pusimos al día con nuestra deuda interna y celebramos decenas de encuentros “al calor de” –esta expresión es muy tuya– la parrilla y generosas cacerolas, bien regados y ahumados.
Recuerdo cuánto insistías para que podamos hacernos con esa tarasca que el gigante informático empezó a repartir en tiempos de aislamiento sanitario para empoderar redacciones digitales emergentes, y de paso disipar cierta mala prensa.
“La concha de tu madre”, otra de tus muletillas que el bot repite cada tanto, cuando hay que tomar alguna definición o cumplir plazos de entrega de laburos. Tu versión digital es más ordenada que vos en la vida real, será por esa frialdad de la lógica computacional, bien lejos de tu calidez.
Para el próximo aniversario de esto que fundaste hace décadas vamos a tener una nueva actualización del bot. Con audios que rescatamos y los recortes de Noticias Piratas en RadioCut, podremos reconstruir tu voz tan cálida como firme, para que sigas dándonos aliento y puteándonos fraternal y rigurosamente desde tu ávatar. Que no sos vos pero nos reconforta y muchas veces nos hace cagar de risa.
Sabemos que sos mucho más que lo que puede un ícono rojo y negro en un pantallita. Por eso cuando nos reunimos presencialmente desactivamos la app. No por temor a que monopolices el micrófono, sino porque preferimos recordarte como siempre lo haremos. Repetimos anécdotas algunas veces exageradas y otras que no inflamos porque no hace falta. Como cuando grabador en mano acorralaste a un ex intendente de facto y empresario de los medios de comunicación, un dinosaurio que desapareció.
También imitamos analógicamente tus gestos y tu forma de hablar. Gracias loco, te queremos mucho. Enviar mensaje.
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