“Basta de violencia en nuestros barrios y escuelas”, es una consigna que va tomando creciente centralidad en la discusión rosarina. El paro y movilización del jueves 22 la tuvo como estandarte, aunque también flamearon wiphalas, en repudio a la represión en Jujuy.

El paro regional llevado a cabo el pasado jueves comprende una variedad de trasfondos y una confluencia de reclamos. “Basta de violencia en nuestros barrios y escuelas” es una consigna que se repite, luego de la movilización del martes 13 del presente mes, que sostuvo esa misma bandera, y que se dio, como este, en asociación con un paro de transporte. Ambas fueron masivas. 

“La idea es que más que un paro, sea una rotunda presencia de la sociedad diciendo basta de la violencia”, así se había expresado Edgardo Arrieta, secretario general del Sindicato de Dragado y Balizamiento de Rosario. Volver a conquistar el espacio público, he ahí una consigna central. 

La movilización concentró a las 10 en Oroño y Pellegrini y comenzó a marchar a las 10.30 hasta la plaza San Martín. “Por una Rosario en paz”, rezaba la barredora, a la que luego se le sumó una wiphala marchando a su lado. Los diversos carteles de los manifestantes expresaban la sensibilidad: “Te exigen paz, mientras vienen a pisarte y la gorra corrupta nunca duda en dispararte” ( Wos); “La felicidad de los pueblos es la educación de sus hijos” (Manuel Belgrano). Esas dos frases, una al lado de la otra, resumen gran parte del reclamo contra la violencia que se vive en la ciudad, y encuentran su eco en el documento: “Más seguridad es que todos tengamos un trabajo digno y bien remunerado, es tener luz y agua, vereda y cordón cuneta, desagüe, calles iluminadas y conexiones seguras y espacios verdes cuidados y seguros. Más seguridad es inclusión social, más y mejor educación y salud pública. Más cultura y deportes”, lo que a su vez va contra la simplificación –que es la respuesta (in)efectiva que se viene dando desde los recrudecimientos de la violencia– de que más seguridad equivale a mayor cantidad de fuerzas federales y policiales patrullando las calles. 

Además, fueron contundentes las apreciaciones sobre el origen de esta violencia. “Por los puertos del gran Rosario, sobre la (mal llamada) Hidrovía Paraguay Paraná, se exporta más del 80 por ciento de nuestras riquezas y es a través de los cuales entra y sale el grueso del narcotráfico. Estos sectores, ligados a las grandes cadenas globales de valor, constituyen un entramado de poder que posibilita, entre otros, el negocio del narcotráfico”, enuncia el comunicado leído en la plaza. Y agrega: “Resulta necesario visibilizar y denunciar a los sectores económicos y financieros que blanquean y se enriquecen a costa de este sistema que genera cada día más desigualdad y violencia”.

La marcha contó con la adhesión de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), los Municipales y Luz y Fuerza (trabajadores de la EPE), Siprus (profesionales universitarios de la Sanidad); docentes universitarios de la UNR referenciados en Coad, y de la UTN de Fagdut. También acompañaron los judiciales, portuarios, recolectores de residuos, empleados de Correo y de Transportes, profesionales universitarios de la salud (Siprus); la Bancaria, el Sindicato de Prensa Rosario y las tres agrupaciones que reúnen a estudiantes secundarios de la ciudad, Feser, ReNaCe y MUS. Además adhirieron el Centro Unión Almaceneros, la Pastoral de la Iglesia, la Pastoral Evangélica y otras organizaciones y colectivos que integran la Multisectorial contra la violencia en Rosario, entre otros. 

Otros reclamos

Además de esa consigna unificadora, otra tuvo eco en las diversas organizaciones que componían el paro general: la solidaridad con el pueblo jujeño y el repudio a la represión. En la marcha, además de los carteles denunciando la situación rosarina, se vieron varios en apoyo al pueblo jujeño y contra la represión de Morales. Asimismo, en el documento firmado por los adherentes, se repudiaron “los hechos de violencia a la movilización popular en Jujuy” y se solidarizaron “con todos los que luchan por sus condiciones de vida”. Agregaron, finalmente: “Libertad a los presos por luchar”. Estuvieron presentes, además, movimientos de pueblos originarios y en el escenario de la plaza flamearon wiphalas.

Nota publicada en la edición impresa del semanario El Eslabón del 24/06/23

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