A 10 años de la publicación del libro Manchuria, la revolución olvidada, su autor Emilio Crisi remarca la importancia de aquella gesta del anarquismo coreano entre 1929 y 1932. La apropiación del Gobierno de la palabra libertario es lastimosa”.
Manchuria, la revolución olvidada o Revolución Anarquista en Manchuria es el libro del investigador, historiador, referente sindical de ATE Rosario y militante de la Federación Anarquista de Rosario, Emilio Crisi, que ya va por su cuarta edición.
Publicado hace una década, ya fue traducido al portugués y al francés, y publicado en toda Latinoamérica y Europa. Próximamente habrá una versión en inglés y llegará a Australia y Estados Unidos. Además del país, también lo presentó en Suiza, Francia, España, Brasil.
La experiencia anarquista coreana en Manchuria permaneció en los márgenes de la historia oficial. Fue una mención casi lateral la que encendió la chispa en Emilio Crisi. En una entrevista al militante anarquista irlandés Alan MacSimóin para la Worker Solidarity Movement, aparecía una referencia a un proceso revolucionario de gran magnitud, apenas estudiado y prácticamente desconocido fuera de Asia.
De esa inquietud nació Manchuria, la revolución olvidada (Descontrol Editorial), un libro que rescata la memoria y las prácticas de la comuna libertaria impulsada por el anarquismo coreano en Manchuria entre 1929 y 1932. A diez años de su publicación, la obra acaba de alcanzar su cuarta edición.

—¿Por qué consideraste importante contar esta historia en un libro?
—Me parece importante contar esta historia porque tiene que ver con la memoria activa de los sectores oprimidos de los sectores campesinos. Fue un ensayo de una sociedad sin jerarquías, sin dueños de la tierra, que prosperó durante algunos años. Siempre me interesó estudiar procesos históricos de rebeliones y organización social donde los sectores populares organizados, campesinos, trabajadores, vecinos, pudieron administrar directamente -sin intermediarios- lo público, el acceso a la salud y el cuidado, la educación, la cultura, el medio ambiente, los bienes comunes, sectores estratégicos de la economía, la producción, la industria y la organización política de una sociedad. Lejos de un sistema de explotación, de opresión, de dominación como el que vivimos hoy en día y vemos que se agrava cada vez más.
—¿Qué opera detrás del ocultamiento de esta revolución?
—Pienso que hay un aspecto intencional pero también hay aspectos no intencionales. Por un lado pienso que estamos muy influidos por la historiografía occidental eurocéntrica y la mayoría de las cosas que no acontecieron en Europa fueron minimizadas. En Latinoamérica, Asia y África han ocurrido y siguen ocurriendo eventos, rebeliones, levantamientos sociales qué son dignos de ser relatados. También es cierto que la historiografía de China y de Corea del Norte han renegado de este tipo de procesos aunque sin embargo es importante destacar qué parte de lo recogido en este libro fue extraído a partir de las memorias del padre de la patria de Corea del Norte Kim il sung. Por otro lado pienso que la distancia geográfica y la distancia temporal, sumado a que en el medio pasaron invasiones y la Segunda Guerra Mundial contribuyeron a que este hecho vaya perdiendo lugar en la historia de los pueblos oprimidos.

—A 10 años de la publicación del libro, y en las variadas presentaciones que realizaste en el país y fuera del país, ¿qué has recogido de los lectores? ¿Conocían la historia?
—Un aspecto interesante en la mayoría de las presentaciones fue que además de lectores del libro con inquietudes y preguntas, asistieron personas con cierta lectura de la historia del este y el sudeste asiático. En ese sentido se vertieron aportes importantes a cada una de las charlas y presentaciones. Por otro lado fue interesante que se realizaron comparativas con otros procesos históricos como los de España de 1936 o los de Ucrania en 1918. También acontecimientos revolucionarios que apuntaban a la construcción de una sociedad sin jerarquías, sin empresarios, sin terratenientes, sin políticos de profesión, sociedades autogestionadas en el mayor sentido de la palabra. Sociedades que apuntaron a que no haya más explotación en el trabajo y a que no haya más hambre en los sectores populares.
—¿Crees que es importante discutir este tema en la actualidad, en la Argentina gobernada por Milei? ¿Qué pasa con la palabra “libertario”, asociada en la política actual a un gobierno de ultraderecha?
—Pienso que todo proceso histórico puede aportar elementos al presente, sobre todo lo que tiene que ver con eventos sociales que rompieron con una situación de explotación y sumisión como la que nos quieren llevar hoy en día el gobierno de Milei y los mandatos del imperialismo. Es importante recoger esos aportes de procesos revolucionarios porque estoy convencido, al igual que muchos compañeros y compañeras, que hay que volver a las raíces, hay que volver al trabajo de base, a la solidaridad, al espíritu de rebeldía de los sectores populares. Somos la tierra de la Patagonia Rebelde, del Cordobazo, del 2001. Hay que volver a construir desde abajo un proyecto de emancipación social que apunte a eliminar el hambre y la miseria de nuestra sociedad. Con las instituciones vigentes resulta impensado y hasta utópico que se pueda revertir los niveles de desocupación que hay actualmente, la indigencia, la carestía, la falta de trabajo y la destrucción del medio ambiente que estamos viviendo actualmente.
La apropiación del gobierno nacional de la palabra libertario es lastimosa. Al igual que se apropiaron de la palabra libertad. Así como se han apropiado de palabras, también se vienen apropiando de lo poco que nos queda a los sectores populares y lo van entregando en las manos a los sectores concentrados de la economía y del capital financiero. Ellos no tienen ningún prurito en apropiarse de cosas que no le corresponden Estos sectores que gobiernan no tienen inconveniente en robarle a los pobres para entregarle a los ricos.
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