Entre reformas laborales y una feroz pérdida del poder adquisitivo, este Día del Trabajador se enmarcó en un clima de incertidumbre, insatisfacción y crisis económica.
En el último tiempo siento que el Día del Trabajador es una fecha excluyente. Básicamente porque cada vez hay menos trabajadores y más “emprendedores”. En realidad no creo que el motivo principal sea ese pero sí que es una arista a tener en cuenta cuando hablamos de la situación laboral, en Argentina y la región, puesto que en el último tiempo lo que se precipitó fuertemente es la tasa de desempleo y del trabajo informal.
Estamos todos los días un poco más cerca del futuro distópico, parecido al mundo de la película Blade Runner, plagado de pantalla, pobreza y dominado por un gran monopolio empresarial que capitaliza todo factor de la vida, tanto privada como colectiva, en vez de la mano de un Estado que mediante sus tres poderes ampare a los presentes y futuros habitantes de nuestra tierra.
Durante el gobierno de Mauricio Macri, un gran antecesor de Milei, se hablaba día y noche de meritocracia y del poder del esfuerzo. Ahora, esos mismos ni siquiera pueden mirar al pueblo trabajador que se desangra vendiendo pedazos de su casa por Marketplace o inmolándose en su auto para Uber o otra plataforma, para tercerizar el trabajo que antes era para los transportistas públicos. Eso se privatizó y estamos tan hasta las bolas. La mayoría tuvimos que adaptarnos a esta circunstancia. Quienes no lo hacen o trabajan menos, como en el caso de los taxistas, o abonan precios más caros.
El proceso económico neoliberal que estamos padeciendo es el de la uberización de la economía. Este concepto se volvió más trascendente en la última década, ya que podemos ver con nuestros propios ojos cómo cada vez más plataformas virtuales conectan a los proveedores de servicios con los clientes sin intermediarios estatales, solamente con la ley de la “oferta y la demanda”.
No creo que esto sea completamente negativo. En esa acción podemos decir que hay cierta democratización en el acceso de las herramientas o de las facilidades para poder conseguir clientes o productos. El principal problema es que, de parte de las autoridades nacionales, el único trabajo que se promueve es aquel que no beneficia realmente la vida económica del país.
Cada vez más personas, ante la imposibilidad de conseguir un trabajo en blanco, revienta sus últimos ahorros poniendo un kiosco, una verdulería o un emprendimiento, sea de ropa, mates o simplemente agarrando el auto o la moto para realizar viajes para Uber, Didi, Cabify u otra de las aplicaciones para dispositivos celulares que conectan conductores con pasajeros.
El principal problema es también el principal beneficio de este tipo de modelo económico que pregona Silicon Valley: dividir para gobernar, individualizar el trabajador para que este no pueda saber qué está pasando a su alrededor.
Si nos ponemos en contexto, las mayores revueltas del país que han causado realmente grandes sacudidas y dolores de cabeza a los gobernantes aristócratas que vacían el país cada veinte años, han nacido de fábricas e industrias con gran poder de convocatoria y a la altura de las circunstancias.
El hecho de que hoy los sindicatos estén atravesando uno de sus momentos más bajos respecto a cantidad de afiliados es consecuencia de la mala toma de decisiones, no sólo de los gobernantes neoliberales sino también de los propios sindicatos que, en cierto punto, dejaron de luchar por un trabajo digno y empezaron a rosquear a cambio de chirolas, como lo hizo Hugo Moyano con Macri, y le salió el tiro por la culata. En criollo: lo cagaron.
Pero me niego a creer que son todas malas. Esto es un territorio en disputa y lo que hay que hacer es empezar a hablarle a todos los sectores de la esfera social que están quedando por fuera de la sociedad de consumo, es decir, todos esos vecinos y vecinas que hoy no pueden asistir a la universidad porque tienen que laburar 12 horas para cubrir el sueldo mínimo o poseen más de un trabajo y aún así tuvieron que renunciar al ocio, a la diversión y al entretenimiento, y se han vuelto –como dice Marcuse– “Unidimensionales”: sólo viven cuando están dentro de la oficina, arriba del auto o levantando paredes.
Eso es lo que define el momento actual de nuestro país, que se encuentra políticamente huérfano. Falta, como mínimo, un año y medio de este gobierno libertario, que parece dispuesto a seguir vaciando y balcanizando el país. El limite se debe imponer en la calle y en las urnas, por eso es preciso que se empiece a mirar a las y los estudiantes, docentes, jubilados, discapacitados, trabajadores y trabajadoras que se sienten solos porque lo que busca este modelo económico es precisamente eso: la soledad y la división, fracturando el tejido social tal como lo intentó la dictadura mediante tortura, secuestro y muerte. La salida es colectiva y el único héroe válido hoy, es el héroe en grupo.
Publicado en el semanario El Eslabón del 2/5/26
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