Lúcidollega al Teatro del Rayo los sábados de junio, a las 21:30. Se trata de una comedia dramática, producida por la Escuela Provincial de Teatro “Ambrosio Morante”, donde el sueño revela y donde despertar implica enfrentarse a una verdad que tal vez sea imposible de sostener.
Hay gente que sueña con la muerte. Hay gente que sueña caídas. Hay gente que sueña que se le caen los dientes o que va al trabajo en pantuflas. Hay sueños recurrentes, pesadillas, sueños húmedos. Hay sueños sobre catástrofes o accidentes, sobre persecuciones o pérdidas. Hay gente que sueña que vuela. Hay sueños sobre hundirse, ahogarse o flotar. Hay gente que sueña siempre con un mismo objeto: una lámpara, un escritorio, una cara, una puerta o un lápiz. Hay gente que sueña con objetos que se transforman en otros objetos: una lámpara se convierte en escritorio, y después en una cara, y después en una puerta, y después en un lápiz. Hay gente que sueña con embarazos, propios o ajenos. Hay gente que sueña que sueña. Los surrealistas del siglo XX, ¡qué soñadores! Hay gente que sueña que es otra persona. Hay sueños donde se alcanza el éxito. Llegar a fin de mes, pedazo de sueño. Hay sueños raros, ininteligibles. Los psicólogos, ¿qué soñarán? Hay sueños esperanzadores, optimistas, por suerte y todavía. Hay sueños que nos dejan confundidos. Hay sueños intensos que nos despiertan de golpe. Hay sueños increíbles, alegres, de los que nos gustaría no salir. Hay sueños que nos dejan pensando, sueños reveladores. Hay sueños muy obvios, muy evidentes. Hay sueños colectivos. Hay sueños ligeros, sueños bonitos, sueños frenéticos, diría el Indio Solari. Hay gente que anota lo que sueña. Hay gente que se despierta a mitad de la noche diciéndose a sí misma “mañana me voy a acordar de esto que soñé” y después no se acuerda. Hay gente que recuerda lo que soñó horas después de haberse despertado. Hay gente que no sueña nunca, o nunca se acuerda. Hay gente que sueña despierta. Y también hay sueños lúcidos: sueños donde el que sueña sabe que está soñando y logra intervenir en el desarrollo de la escena que su mente le está proyectando.
Esa capacidad de corregir el rumbo de un sueño, de mover fichas de manera consciente en el plano onírico, es el punto de partida de Lúcido, una obra escrita por Rafael Spregelburd. A través de la técnica del sueño lúcido Lucas intenta controlar la realidad, pero lo que emerge es un entramado de recuerdos distorsionados, culpas y versiones contradictorias de un trauma del pasado que nunca logró elaborarse. Los personajes construyen relatos para soportar el dolor, negando o transformando la verdad. Entre escenas que se repiten como sueños, se va revelando una pérdida profunda que desestabiliza todo.
Esta puesta, producida por el Departamento de Producción de la Escuela Provincial de Teatro N°3013 Ambrosio Morante, dirigida por Santiago Dejesús y actuada por Claudia Giordana, Malena Contreras, Manuel González y Chelo Longhi, llega al Teatro del Rayo (Salta 2991) los sábados de junio, a las 21:30. En la asistencia de dirección acompaña Ivana López; en la escenografía, Rodrigo Frías y Lucía Palma: en vestuario, Ramiro Sorrequieta; y en diseño gráfico, Catalina Druetta.
¿Cuántas veces contaste algo sin saber si era un recuerdo real de la infancia o un sueño que se te impregnó en la memoria? Tal vez los sueños y los recuerdos estén hechos de la misma madera. Lúcido juega justo en ese lugar: en el límite difuso entre el recuerdo, el sueño y la imaginación.
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Publicado en el semanario El Eslabón del 13/6/26
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