Tras jornadas de puro fútbol, fiebre mundialista y sobreprecios en la reventa de entradas el mundo sigue girando, Estados Unidos se declaró de forma fraudulenta como vencedor del conflicto bélico con Irán y el gobierno de los hermanos Milei empieza a velar a Adorni.
La vigésima tercera edición del mundial de fútbol nos encandiló con altísimos niveles de consumo, fútbol y las mismas publicidades una y otra vez durante la pausa de rehidratación bautizada por los gringos como “cooling break”. Su funcionamiento está claro: darle tiempo a la transmisión oficial del partido para poner las mismas cinco publicidades una y otra vez. Se ven hamburguesas, analgésicos y apuestas deportivas, una especie de simbolismo del consumo de hoy.
Sería errado simplemente señalar la utilización de Diego Maradona mediante inteligencia artificial para incitarte a apostar en cierta casa de apuestas ya que si bien, como dijo Theodor Adorno en el capítulo “La industria cultural” de su libro Dialéctica de la ilustración: la cultura es una mercancía y el reflejo de un modo de producción imperante que busca estandarizar a las masas y su consumo para fabricarlos en serie bajo una razón instrumental.
No deja de sorprender el hecho de que mediante la magnitud del evento deportivo realizado cada cuatro años se oculten bajo la alfombra conflictos bélicos, políticos y hasta en algunos casos delitos de lesa humanidad. Es que durante el mundial de Qatar, tan recordado por todos los argentinos, la crítica preponderada por los países hegemónicamente liberales o neoliberales, señalaba que en un país donde las mujeres no tienen derechos o donde mueren cientos de trabajadores provenientes de países pobres como Bangladesh, que viven hacinados en rascacielos a las afueras de Doha y las principales ciudades qataríes, eran un emblema para quienes se consideraban principales defensores de los derechos humanos en el mundo.
Esta hipocresía mundial abre una puerta a la discusión del sentido en el debate sobre ¿dónde está bien y dónde está mal organizar eventos deportivos?
Yo lo hago con gracia
Es de público conocimiento que EEUU es un país belicoso; la principal fuente de su riqueza es el hecho de mantener guerras alrededor del mundo y definir de qué lado cae la moneda. Sin embargo, la hegemonía imperial de los norteamericanos y occidente empieza a desvanecerse en el aire ante el progreso económico y social de países como China y Rusia. Aunque dicho aprieto los pone en apuros, su poder adquisitivo acumulado mediante el ejército más grande del mundo, con bases militares en cada rincón del planeta, siguen constituyendo su hegemonía mundial.
Cuando estalló la guerra de Rusia con Ucrania y catapultó a su actual presidente foráneo Zelenski a la fama mundial reuniéndose con mandatarios de los principales países del mundo y la farándula de Hollywood, nadie dudó en situarse del lado de los ucranianos. Un país que pudo salir de las feroces garras de lo que fue la Unión Soviética, es para los ojos del mundo occidental un sobreviviente y merece el apoyo económico, armamentístico y simbólico.
Es aquí donde me quiero detener, en el peso simbólico y en la demostración de poder mediante otras acciones que no conllevan cargar un rifle, apuntar y disparar, sino algo más profundo como organizar el primer torneo mundial de 48 equipos. Es que para entender bien el entramado, tenemos que saber que a Rusia se la borró del mapa, es decir, de las principales actividades deportivas y culturales del mundo, mientras que se premiaba y se buscaba dar visibilidad a Ucrania en cada uno de estos eventos.
Tiene que llamarnos la atención el hecho de que Rusia no pueda disputar su segundo mundial consecutivo por mantener un conflicto bélico activo. Si le preguntás a cualquier ciudadano del planeta, aunque no sepa nada de fútbol ni pueda ubicar a Rusia en un mapa, te va a decir que es correcto el hecho de excluir un país de cualquier evento cultural o deportivo como forma de persuasión al cese al fuego.
En este caso, el organizador es también uno de los países con más guerras iniciadas y con mayor incidencia al magnicidio de líderes ajenos. El 28 de febrero de este mismo año, EEUU asesinó al Ayatolá, Alí Jameneí, provocando un conflicto bélico con Irán. Un mes antes, secuestró al legítimo presidente del pueblo venezolano Nicolás Maduro y lo sometió a una de sus principales cárceles de presos de alto perfil para realizarle un juicio en el marco de una investigación por asociaciones ilícitas y narcotráfico. La razón es clara: el petróleo crudo que tiene Venezuela tiene dueño, aunque ellos no lo quieran, y está en norteamérica. Muy similar pasa con Irán, aunque la principal razón no son organizaciones narcotraficantes sino cédulas terroristas con banca del gobierno del Líbano.
Son claras excusas para disuadir la opinión pública, herramientas que funcionan como aparatos de ingeniería social para justificar el gasto en mantener guerras o los millones enviados a Israel como apoyo ante los bombardeos de Irán.
Esta locura, no la traten de entender
Mientras Estados Unidos bombardea permanentemente países de oriente en contribución con la defensa israelí, Argentina vive su propia subtrama.
Antes de que arranque el mundial estalló el escándalo de Adorni: cascadas caseras, un pendrive encontrado y una causa de corrupción que avanza a paso de tortuga. Mientras todos nos emocionamos con los cinco goles que lleva Messi marcados en los primeros dos partidos de la fase preliminar, en la Casa Rosada hay lío.

Está claro que no fue el mejor semestre para el país, más allá que los datos del INDEC insinuaron un crecimiento del 3,2 por ciento. El consumo se desplomó y las inversiones externas parecen nunca llegar, aunque podemos importar libremente cualquier producto, ya sea ropa de Shein, Temu o alguna marca de comida que sólo pudimos ver en películas americanas. Pero sin embargo, el caso que más resonó es el de Adorni: los dólares y el pendrive olvidado con mucha cripto adentro, algo que casualmente suena mágico, como Tolkien con El señor de los anillos pero al revés. Primero fue su particular escribana que parecía disfrazada y lista para aparecer en un sketch de Videomatch o de Peter Capusotto y sus vídeos, aunque sin embargo fue real. Nadie lo apoyó.
Patricia Bullrich, ni lenta ni perezosa, dijo que si es por ella se tenía que ir; el PRO exclamó a viva voz que un funcionario corrupto de ninguna manera tiene lugar en el gobierno. Incluso el gobernador de la provincia de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, denunció que si hubiera sido mandatario en su gobierno, ya estaría despedido. Palabras que quedaron solamente en meras conjugaciones vocales, ya que los diputados del partido “Unidos”, que representan a la provincia en la cámara baja, no se presentaron para la votación de la sesión extraordinaria destinada a interpelar a Manuel Adorni.
Un baión para el ojo idiota
Es importante recordar que el mundial, aunque nos avasalle de partidos y disfrutemos de cómo queda afuera nuestro peor enemigo futbolístico, o el hecho de ver triunfador a una pequeña selección de la que nadie esperaba nada, es algo fantástico e increíble de ver. Pero a la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) no la mueve el buen fútbol, sino los negocios. Más allá de las pausas de hidratación o las publicidades, tenemos que entender que el fútbol es solamente la sublimación de elementos, sentimientos y acciones que envuelven a cada país.
El hecho de que la selección iraní no pueda residir en EEUU por ser considerados peligrosos o terroristas inclusive, nos marca una pauta que como argentinos deberíamos tener ya marcada a fuego, aunque es claro que no y es el hecho de que el mundial de fútbol en las manos equivocadas es también mucha publicidad y voces silenciadas.
En la última dictadura Argentina perpetrada por las Fuerzas armadas y otros aparatos civiles, se realizó un mundial de fútbol y una guerra, con el fin de disuadir o diseminar a la población y los sucesos que envolvían a su entorno. Mientras secuestraban, torturaban y asesinaban personas en la Ex ESMA, se disputaba a metros la final del mundial 78 en el estadio Monumental, donde Argentina le ganaría a Países Bajos. Una situación similar pasa en EEUU, lugar donde se disputará la final de la copa 26, mientras persiguen a inmigrantes y a sus familias comandados por la administración autoritaria de Donald Trump.
Publicado en el semanario El Eslabón del 4/7/26
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