“No me quiero morir sin tocar los huesos de Alejandro”
Eso nos dijiste. La voz carrasposa. La ropa siempre impecable. La chispa brotando de esos ojos. La ternura de tu mano apenas apoyada sobre la nuestra. Y nosotros, qué sabemos nosotros ahora, tragando el aire de tanto dolor, contán

