El ex ministro de Defensa festejó y habló casi como presidente.
El ex ministro de Defensa festejó y habló casi como presidente.

El ex ministro de Defensa de Álvaro Uribe, su delfín Juan Manuel Santos, ganó este domingo por más de 20 puntos sobre el opositor Antanas Mockus en las elecciones presidenciales de Colombia. Pero no llegó a la mayoría por lo que deberá definir la jefatura del Estado en una segunda vuelta con Antanas Mockus. La abstención sí obtuvo mayoría: superó el 50 por ciento.

Realizado el escrutinio provisorio oficial de 99,63 por ciento de las 72.727 mesas, Santos lograba 46,56 por ciento y quedaba muy cerca del 50 por ciento más un voto que necesitaba para evitar la segunda vuelta, mientras Mockus reunía 21,48 por ciento.

Además, otros dos candidatos de partidos integrantes de la coalición actualmente gobernante –Germán Vargas Lleras, de Cambio Radical, y Noemí Sanín, del Partido Conservador– obtenían en conjunto poco más de 16 por ciento de los sufragios.

Los porcentajes alcanzados por Santos y Mockus están lejos de lo que las encuestas pronosticaron hasta el sábado 22, último límite para la difusión de sondeos y aunque los colombianos deban volver a las urnas el tercer domingo de junio, parece improbable que el candidato del Partido Verde pueda descontar la enorme diferencia a favor del postulante oficialista.

No obstante, Mockus ratificó esta noche que competirá en el balotaje. “Con esta segunda vuelta tenemos la oportunidad de avanzar hacia una profunda transformación cultural que libere a nuestro país de la violencia, el narcotráfico y el clientelismo”, dijo y entonó a coro con sus simpatizantes: “Este es un parcial, vamos al final”.

Detrás de los dos candidatos para el balotaje, se encolumnaron Vargas Lleras, con 10,13 por ciento; Gustavo Petro, del Polo Democrático Alternativo, con 9,16; Sanín, con 6,14, y Rafael Pardo, del Partido Liberal, con 4,38 por ciento.

A medida que avanzaba el escrutinio, en un rápido recuento después de dudas durante toda la jornada sobre el funcionamiento de la página oficial de la Registraduría Nacional del Estado Civil (autoridad electoral), crecía la sorpresa porque se alejaba la chance de que Santos y Mockus terminaran cabeza a cabeza, como se esperaba sobre la base de los sondeos.

La notable diferencia a favor de Santos también volvía relativo el peso que pudieran tener los votos de las demás fuerzas, porque el poder de negociación del que podían disponer de cara al balotaje quedaba prácticamente diluido.

El gerente de Invamer-Gallup, Jorge Londoño, consideró que el resultado de la segunda vuelta estaba “cantado” por lo cerca que está Santos de la mayoría y admitió que aunque en los últimos días Mockus aparecía en baja, “la caída fue mucho más contundente de lo esperado”.

Santos parece haber capitalizado de modo tajante su condición de heredero del presidente Alvaro Uribe y su propósito autodeclarado de continuar las políticas centrales de la gestión saliente, sobre todo la de la llamada Seguridad Democrática.

Tres veces ministro –la última, de Defensa–, Santos es economista y periodista y proviene de una familia tradicional de Colombia. Como titular de Defensa recogió sus mayores méritos y sus peores críticas, porque asestó duros golpes a la guerrilla, pero cargó con las denuncias de espionaje, los llamados “falsos positivos” (campesinos y desocupados asesinados y exhibidos como guerrilleros) y el bombardeo a un campamento de las FARC en suelo ecuatoriano.

La jornada transcurrió con una tranquilidad casi absoluta y el Ministerio de Interior y Justicia únicamente dio cuenta de combates aislados en departamentos selváticos, de dos soldados muertos por la guerrilla, uno en Cauca y otro en Nariño, de algunas maniobras de “hostigamiento” a votantes, de la necesidad de trasladar algunas mesas y de detenciones por violaciones de las normas electorales.

En buena medida, que los comicios no hayan estado salpicados por sucesos de mayor gravedad se debió al menos a dos hechos: por un lado, las FARC no habían anunciado el boicot a la compulsa sino que llamaron a la abstención, y por el otro, las autoridades dispusieron un impresionante esquema de seguridad, con 350.000 militares y unos 150.000 policías.

A los comicios se llegó tras una inédita campaña, por breve y porque internet se volvió un actor clave. También fue inusual la intervención –en rigor, prohibida por ley– del presidente Uribe a favor de Santos, a quien todos los analistas y medios señalan como su heredero, aunque no de su imagen favorable, si se piensa que el mandatario recoge 70 por ciento de aprobación.

La legislación electoral colombiana es poco común, ya que veta las encuestas y los actos públicos desde una semana antes de las elecciones, pero habilita publicidad en los medios hasta la madrugada misma del día de los comicios y permite locales partidarios abiertos y hasta distribución de propaganda en las calles.

Esas “grietas” dieron lugar a un hecho como mínimo curioso: muchos votantes fueron a las urnas con remeras y camisas del color de sus partidos –aunque sin leyendas, que sí están prohibidas– y en esa jugada los “verdes” parecieron los de mejor conducta. El PV
había convocado explícitamente a ir a las mesas vistiendo ropas de ese color.

Claro que el verde predominó también porque es el color histórico de los uniformes del personal de la Registraduría Nacional, la autoridad electoral del país, lo que generó protestas de algunos dirigentes que creyeron que ello pudo haber representado una ventaja para Mockus.

Aunque se esperaba un número de votantes mayor al habitual, del orden de 50 por ciento (sobre 29,98 millones de ciudadanos habilitados y sin obligación de voto), la afluencia quedó alrededor de la media histórica, con 49,22 por ciento del padrón total en 99,63 por ciento de las mesas.

Conspiraron contra los pronósticos el partido amistoso que el seleccionado colombiano de fútbol jugó en Londres ante Nigeria, en pleno horario electoral, y la lluvia torrencial que cayó sobre Bogotá y alrededores cuando faltaban dos horas para cierre de las urnas, aunque la jornada había arrancado con sol.

(Fuente: Télam)

 

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