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Foto: Franco Trovato Fuoco

Este miércoles a las 18.30 en el teatro de la institución se presentará el libro «El caso Vigil», la autora dialogó con este medio sobre la publicación.

Natalia García escribió El caso Vigil. Historia sociocultural, política y educativa de la Biblioteca Vigil (1933-1981) un ensayo sobre la nefasta intervención cívico-militar a la biblioteca, una de las experiencias colectivas y educativas más grosas de Latinoamérica. Un trabajo Indispensable para entender la compleja democratización de la institución y su auspiciosa recuperación.

Este miércoles a las 18.30, en el Teatro Vigil (Alem 3086) y con entrada libre y gratuita, García presentará el material elaborado como producto de su tesis doctoral en educación. Además de la presencia de la autora, el encuentro contará con un panel de invitados integrado por Rubén Chababo Adrián Ascolani y Antonia Frutos.

La docente adjunta de la cátedra de Historia sociopolítica del sistema educativo, en la facultad de Humanidades y Artes, hizo foco de investigación a los inicios del proyecto de la Vigil, concentrando el trabajo en la oscura intervención cívico-militar y su total desguace patrimonial en 1981, que causó la neutralización del colosal proyecto popular y autogestivo rosarino que había tenido un auge sin precedentes en las décadas del sesenta y setenta.

La investigación sirvió también para contar la dificultosa normalización del ingente complejo, aún en períodos democráticos, sin dejar de lado la recuperación iniciada por ex socios y directivos.

“La razón por la cual me dediqué a esto fue que durante mi estadía en la facultad, como estudiante de historia, lamentablemente no supe de la existencia de la Vigil”, relató García.

“No lo revisamos al caso. Un día viendo la televisión, en 2004, entrevistaron a un ex socio por recuperación de la Vigil y me provocó mucha emoción y mucha vergüenza también”, recordó la investigadora, y agregó: “En la universidad estudiamos casos de Europa puestos allí como verdaderos hechos colectivos. Y a pocas cuadras de la facu, en el barrio Tablada y Villa Manuelita se había gestado un hecho sin igual. En toda Argentina e incluso con alcance internacional”.

Profesora en Ciencias de la Educación, García acompañó el proceso de recuperación. “Tomé el caso casi como una militancia, y durante cinco años pude investigar –gracias a un beca del Conicet– la rigurosa y compleja trama de la Vigil”, afirmó

¿Cuáles fueron las fuentes de investigación con las que trabajaste y qué material se pudo recuperar de la intervención cívico-militar?
—La investigación contó con fuentes orales y documentales. Aparecieron archivos, ya que hubo todo un imaginario sobre que la destrucción de los archivos de la institución había sido total. Yo trabajé muy fuerte en el Archivo de la Memoria de Santa Fe y pude dar cuenta de los inicios de la persecución ideológica y política sufrida. Porque ya en 1978, la entidad tenía una carpeta elaborada por los servicios de inteligencia y la Side. Conté también con el archivo de pedagogos y pude acceder a los papeles de la escuela de Ciencias de la Educación, donde pude ver documentos importantísimos, como programas de estudio. Hasta ese momento disponía de mucho relato oral. También investigué el archivo de Rubén Naranjo, algo muy importante que me permitió Marina Naranjo. Pero tal vez, el más importante fue el archivo de la actual escuela secundaria de la Vigil, que hasta 2007 y 2008 no estaba disponible ya que permanecía en actividad una directora que había sido nombrada por la intervención militar. Fue un problema grave. Finalmente fue reemplazada por una directora anterior al proceso de intervención. Por este motivo, se me abrieron para el libro las puertas de documentos que permanecieron en la dirección: firmas y pedidos de los genocidas, y las incorporaciones de nuevos directores de escuela, asesores pedagógicos, como el vicedirector intervencionista Raúl Pangia, Alcides Ibarra y Carlos Sfulcini; un material que descansó durante 30 años.

Semejante proyecto colectivo, cultural y político, ¿era peligroso para la dictadura?
—La metodología intervencionista de la dictadura tuvo dos caras. Si a través de la investigación del libro yo me preguntaba el porqué de la intervención a la Vigil, iba a llegar rápido a la conclusión de que era por razones políticas e ideológicas. Pero si me preguntaba cómo, con qué recursos, y bajo qué metodología; se iban a desplegar todas las particularidad del caso. Aunque ninguna tuvo sentido sin la otra. La intervención militar permitió la destrucción de las enormes capacidades colectivas, autogestivas y populares; y las posibilidades como nunca de abrir el conocimiento a todos. Todo esto era acompañado por una potencia económica y financiera sin igual. Y todo estaba en un mismo lugar. Fue un robo descomunal, una devastación. Esta es una de las tramas.principales que hoy es parte del juicio en la Causa Feced III; y que tiene que ver con delitos económicos imprescriptibles. La desaparición forzada de los ocho miembros de la comisión directiva de la Vigil, que fueron alojados en El Pozo –en el Servicio de Informaciones– durante el terrorismo de estado, no fueron casuales. Los ocho secuestrados eran personas que podían fiscalizar y hacer valer el estatuto institucional. Y el colaboracionismo civil que se llevó a cabo con la llegada de la primera comisión interventora, con Agustín Feced a la cabeza y su patota, fue acompañada no casualmente por escribanos, contadores y abogados.

¿Cuál es tu perspectiva sobre la situación actual de la institución?
—Es un gran momento pero es muy reciente todavía porque las deudas que hay en torno a la Vigil se hicieron esperar. Mientras llegaba la democracia al país, en el caso de la Vigil no  pasaba nada. Entrada la década del 90, los terrenos que tenía el complejo en Villa Gobernador Gálvez, a la vera del río Paraná, continuaban subastándose en procesos viciados. Recién en 2008 se cierra la liquidación, más de 30 años de liquidación patrimonial. Y en 2013 se entregan los inmuebles que pertenecían a la Vigil y que se encontraban en pésimo estado. De todas maneras, en un año y medio las transformaciones son enormes, aunque no se pueda plasmar todo lo que se quiere. Se formó una nueva dirección con viejos dirigentes y con una juventud entusiasmada que se compromete con el tema. Volvieron los talleres populares y literarios, se editó el histórico bono y se puso en funcionamiento el teatro. El 4 de se septiembre la Vigil será señalizada como espacio de la memoria y este libro viene a encajar en un momento auspicioso, en una sincronía interesante.

—Tomaste a los medios de comunicación de la época como parte de la investigación, ¿qué rol jugó la prensa en los años de intervención?
—No fue un área muy explorada en mi trabajo pero hay algo muy puntual de los medios de  Rosario, y en particular del diario La Capital, que sólo reproducía los comunicados de la comisión interventora. Yo encontré similitud de los facsímiles que se giraban desde los servicios de informaciones y lo que se publicaba en el diario. Si el capitán de corbeta César Molina les decía a sus superiores que se estaban regularizando las finanzas de la institución, ese era exactamente el título de La Capital. La mañana siguiente a la noche del secuestro de la comisión de la Vigil, el título del diario hablaba de una liquidación patrimonial en la institución.

Publicado en la edición de El Eslabón 210

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