El cientista político y profesor Eduardo Rinesi analizó la destrucción con la que avanza el mileísmo sobre la educación superior, las diferencias con respecto a los proyectos neoliberales y el rol de los estudiantes en las movilizaciones.

Eduardo Rinesi es filósofo, politólogo y educador. Se recibió en la facultad de Ciencia Política de la UNR, hizo su maestría en Ciencias Sociales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y en 2002 se doctoró en Filosofía en la Universidade de São Paulo. Entre 2010 y 2014 se desempeñó como rector en la Universidad Nacional de General Sarmiento. Entrevistado por El Eslabón, consideró que las casas de altos estudios están atravesando “una situación de una gravedad extraordinaria por donde se las mire”.

“Es grave, desde el punto de vista presupuestario para el funcionamiento de las universidades y para el sostenimiento de salarios dignos de sus trabajadores; y muy grave desde el punto de vista del funcionamiento de las instituciones democráticas en la Argentina”, advirtió Rinesi. 

“Estamos ante un gobierno que cuando una ley no le gusta, no la aplica o no la promulga, o la promulga el último día sacando un decreto por el cual suspende los efectos de su aplicación. Es decir, nos toma el pelo y nos dice: «La promulgo porque tengo que promulgarla, pero no pienso aplicarla porque me importa nada la ley, me importa nada la Constitución, me importa nada el Parlamento y yo gobierno como se me ocurre». Creo que estamos en una situación inédita y de extraordinaria gravedad”, describió el docente.

Un gobierno fuera de la ley

“Tenemos un gobierno que está fuera de la ley y, por lo tanto, un país que está fuera de la ley. Es un gobierno que perdió una votación parlamentaria (la Ley de Financiamiento universitario), eso pasa en las mejores familias, a veces se gana, a veces se pierde. En la Argentina, que tiene un sistema muy presidencialista, muy ejecutivista, cuando el Ejecutivo pierde una votación en el Parlamento y el mismo Parlamento le impone una ley que el Ejecutivo considera, por la razón que sea, inconveniente aplicar, puede vetar la ley. Es una atribución que le da la Constitución y que le permite al Ejecutivo gobernar con bastante comodidad, sólo teniendo que promulgar las leyes que después de ese veto son insistidas y votadas nuevamente con una mayoría súper calificada. Y eso es exactamente lo que ocurrió en este caso. El Parlamento ganó una votación contra el Presidente, el Presidente vetó y el Parlamento insistió y ganó por paliza, por goleada, por amplísima mayoría, muy por encima de los dos tercios necesarios para que el Gobierno tuviera que promulgar la ley”, recordó.

“Y el Gobierno, después de demorar todo lo que pudo la promulgación, en el último día en que tenía que promulgarla suspende la aplicación de la ley con un argumento baladí, disparatado. Un argumento que ofende nuestra inteligencia, además de nuestro sentido republicano, que es que la ley no decía de dónde había que sacar la plata para incurrir en este gasto que, cuando uno mira los números grandes del presupuesto del Estado, es un gasto muy chiquito, insignificante, como suele señalar Germán Pinazo (rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento) en sus muy buenas notas de opinión sobre la cuestión presupuestaria de las universidades”.

El reclamo universitario en Rosario. Foto: Jorge Contrera | El Eslabón/Redacción Rosario

“Él suele mencionar continuó el politólogo que en la misma sesión de la Cámara de Diputados en que el gobierno perdió esta votación sobre la cuestión del presupuesto universitario, el mismo gobierno había presentado un proyecto de ley para reducir impuestos, con esta ridícula teoría que tienen de que los impuestos son un robo y que no hay que meter la mano en el bolsillo a «los argentinos de bien» para reducir impuestos, por el doble de la plata que ahora dice que no tiene para cumplir la ley. Entonces, el argumento de que no sabe de dónde va a sacar la plata, que él mismo decía que no necesitaba, es un cinismo, es una grosería, es una estupidez sin fisuras”.

Resistiendo en harapos

“Es heroico que las universidades públicas estén pudiendo funcionar con la caída extraordinaria que ha tenido el presupuesto en todas sus líneas. Hay líneas destinadas al pago de los salarios de docentes, investigadores, no docentes, personal administrativo, y eso, la no actualización de esas líneas, al mismo tiempo que el no llamado a paritarias por parte del gobierno para los gremios docentes y no docentes, produce el resultado catastrófico de una caída de los salarios a niveles inéditos. Nunca antes tuvimos una caída tan extraordinaria, tan abrupta, tan rápida a un piso tan bajo como el que estamos hoy en nuestras universidades”, señaló el educador, autor de numerosos libros y artículos sobre política y cultura.

“Por otro lado, junto con nuestros salarios, han caído las partidas destinadas a lo que se suelen llamar gastos de funcionamiento de las universidades que es el conjunto del presupuesto de las universidades, diferente de lo que se nombra como «inciso 1», es decir, lo destinado a pagar salarios, es decir, todo lo que no es salario. En números muy redondos es cerca del 5 por ciento del presupuesto, la enorme mayoría del presupuesto está destinado a salarios. ¿Qué es todo lo demás? Mantenimiento de los edificios, de las aulas, de los laboratorios, insumos de todo tipo y becas en un contexto de fuertes restricciones económicas, no sólo para profesores y para administrativos, sino para estudiantes. Estamos teniendo dificultades para que los estudiantes sostengan sus estudios, hay una caída abrupta de las becas que provenían de los viejos programas del Estado Nacional, de modo que, más que nunca, las becas que estamos pudiendo asignar son las que las propias universidades pueden sostener a veces con sus recursos propios. Si esos recursos, que son un porcentaje mínimo del presupuesto de la universidad, crecen a un ritmo insignificante, muy por debajo de la inflación, en un contexto en que aumenta el agua, la luz, el gas, los gastos diversos de funcionamiento de la universidad, estamos en situaciones gravísimas para funcionar”, describió Rinesi.

La movilización social y el respaldo estudiantil

Sobre el rol de los estudiantes en estos momentos conflictivos sostuvo: “Al estudiantado lo veo preocupado, por supuesto con ganas de que la situación mejore, acompañando y comprendiendo muy bien el reclamo docente”, dijo, y agregó: “En un contexto de movilización, que por supuesto que va a tener como protagonistas fundamentales a los gremios de trabajadores universitarios, docentes y no docentes, si esta movilización es muy acompañada por el propio CIN (Consejo Interuniversitario Nacional) y por el conjunto de las comunidades universitarias, creo que los estudiantes van a movilizarse tan masivamente como lo hicieron aquel 23 de abril de hace ya dos años. Y puede ser muy masiva la marcha que se está convocando en estos días (por la del jueves 12 de mayo)”.

De los 90 privatistas a una actualidad caótica

Consultado sobre las comparaciones con otro momento de la historia también álgido para la vida universitaria, como fueron los años 90, Rinesi marcó diferencias. “Las movilizaciones, en especial de los estudiantes, eran muy masivas contra lo que se percibía como una amenaza a valores muy importantes de la tradición universitaria democrática. Aparecía un discurso neoliberal muy agresivo contra la universidad, aparecía la amenaza de que en la universidad empezáramos a hablar una lengua diferente, y era algo más que una amenaza, porque todo eso venía, además, de la mano de políticas públicas muy activas que modificaron mucho de nuestra vida en la universidad. Desde nuestra subjetividad universitaria, de nuestras prácticas universitarias, las modificaron en un sentido que llega hasta nosotros mismos”, rememoró. 

Foto: Jorge Contrera | El Eslabón/Redacción Rosario

Con respecto a la políticas mileístas, reflexionó: “No estoy seguro de que tengan sobre la universidad un discurso tan consistente, tan estructurado, como el que tenía durante los noventa el gobierno menemista. Tuvo (el menemismo), incluso, al frente de las oficinas públicas de gestión de la vida universitaria a cuadros políticos académicos de primer nivel que llevaron adelante un programa neoliberal muy sistemático, con mucha consistencia y con mucha capacidad. Y tenían una preocupación por la universidad, un discurso para la universidad. Y tenían un interesante designio de expandir el sistema universitario. El de los 90 fue un gobierno neoliberal que tuvo hacia la universidad una política neoliberal pero que al mismo tiempo se cansó de inaugurar universidades en el conurbano bonaerense y en el interior del país. Los tipos tenían una preocupación por la universidad, tenían un plan, les importaba. Hicieron sobre la cuestión universitaria un par de diagnósticos que uno puede y debe discutir mucho pero que eran razonables, en base a los cuales hicieron cosas que creo que estuvieron muy mal. Estoy pensando en el diagnóstico según el cual en la universidad argentina se enseñaba mucho pero se investigaba poco, que llevó a la mala solución del programa de incentivos, o en el diagnóstico que decía que en el cuerpo docente de las universidades argentinas había muy pocos doctores, lo que llevó a la carrera loca de fabricación de doctores al por mayor de un modo no necesariamente interesante, todo lo cual se prolongó después en el siglo XXI, incluso bajo signos políticos mucho más auspiciosos, que no tocaron esos rasgos de la universidad neoliberal”, destacó. 

“Tuvieron (por el menemismo) una política hacia la universidad, les importaba la universidad, sabían lo que querían hacer –recalcó el ex miembro de Carta Abierta–. En cambio estos (por el gobierno de Miei) no tienen la menor idea sobre la universidad. Las autoridades del Ministerio de Educación, ocupadas en la cuestión universitaria, son personajes muy menores. La política consiste en desfinanciarla brutalmente, en violar la ley, en incumplir las leyes que se ven obligados a promulgar, en insultar, en decir tonterías sobre las cosas que se investigan en la universidad. Lo ignoran todo. Y si tienen un discurso muy agresivo y muy brutal, es en la medida en que la universidad forma parte del conjunto de instituciones públicas que mantienen vivo el lazo social que quieren destruir”. sintetizó.

Disparates anarco-capitalistas

“Tienen una teoría, que es muy mala, que dice que la sociedad no existe o que, si por casualidad existe, existe como producto de una lamentable confusión, culpa de los soviéticos, de los idiotas, de los populistas, de todos tipos horribles y equivocados”, cuestionó sobre el gobierno libertario el filósofo y politólogo. 

“Cuando dicen que la sociedad no existe, es que no debería existir y si existe es por un lamentable error y dicen: «Nosotros la vamos a hacer pelota»”.

“Están haciendo pelota la universidad sólo porque es una de las varias instituciones muy importantes que mantienen viva la sociedad. Hacen pelota el sistema previsional, el sistema de salud, hacen pelota todo con un discurso brutal, extraordinariamente destructivo. Los estudiantes argentinos, al igual que todos nosotros, estamos a la defensiva respecto a un plan de destrucción de nuestras vidas en todos los planos”, apuntó el profesor universitario.

“Por supuesto que hay que manifestar nuestra doble disconformidad a un gobierno que desfinancia, entre otras cosas, la educación superior; y de un gobierno que cree que puede incumplir la ley impunemente o suspender la aplicación de una ley de la nación votada por el Congreso. Entonces, tenemos que protestar contra esas dos cosas”, consideró el docente.

“Y tenemos que hacerlo en todos los terrenos, en todos los planos. Hay que estar allí, en las movilizaciones, en la calle, pero también en los lugares donde se argumenta, donde se discute. Hay que estar en las cámaras del Parlamento explicando, poner argumentos sobre la mesa frente a un gobierno que no los pone, mostrar el disparate de las cosas que dicen y hacen. Tenemos un gran trabajo por delante: poder poner bien en palabras algo que es un estado de indignación muy grande pero que a la vez es una situación que reclama de nosotros argumentaciones muy precisas e ir pensando en políticas públicas de sentido contrario que reviertan esto, ojalá que dentro de muy poco”, culminó.

Publicado en el semanario El Eslabón del 25/4/26

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