Por primera vez desde 1983 se votó con la sombra de una desaparición forzosa seguida de muerte sobrevolando las urnas. Se votó con tranquilidad y en el porcentaje habitual, pero en estos comicios, Santiago Maldonado no votó.

El escenario no puede ser peor, porque debe sumarse la prisión en modo venganza que viene soportando la dirigente de la Tupac Amaru Milagro Sala, y las tropelías de un dispositivo político, mediático judicial que tornan irrespirable el clima social.

Se verá en las próximas horas qué tanto y cómo influyó que el Estado en manos de la alianza entre el PRO del presidente Mauricio Macri, la Unión Cívica Radical de José Corral y la Coalición Cívica de Elisa Carrió, no sólo no haya investigado, sino que encubrió y entorpeció el infame simulacro de investigación del juez Guido Otranto, y terminó usando electoralmente el informe preliminar para sembrar la hipótesis de que Santiago murió solo, ahogado, sin participación alguna de la Gendarmería.

Este domingo, al ir a votar, Macri no sólo utilizó electoralmente a Santiago Maldonado, lo hizo en un sentido exculpatorio, sacándose como máxima autoridad del Estado toda responsabilidad cuando dijo que «se echó luz a informaciones que no eran acertadas».

Él ya decidió que el Estado no es responsable de la primera desaparición seguida de muerte desde el retorno a la democracia. El empresario, además, remarcó: «Dejemos trabajar a la Justicia que en los últimos días ha empezado a generar luz y verdad sobre mucho de lo que ha pasado. En las próximas semanas terminaremos de saber qué es lo que sucedió».

Por supuesto, como las falsas sentidas condolencias de la gobernadora María Eugenia Vidal a la familia de Maldonado, o los pedidos de perdón de Lilita Carrió por sus criminales exabruptos, las palabras presidenciales están desprovistas de historicidad, que vale la pena entonces otorgar a esta infeliz postal oficial.

Vidal y su par porteño Horacio Rodríguez Larreta llegaron al espeluznante extremo de habilitar una línea 0800 para que se denuncie a los docentes que osaran hablar de la desaparición de Santiago.

En el último trecho de campaña, antes y después del hallazgo del cuerpo que terminó siendo el del joven artesano, Carrió lo mutiló en porcentajes: un 20 por ciento de Santiago podría haber  estado en Chile en aquellas horas aciagas. Después, tocó fondo. Mientras el dúo de crápulas Alfredo y Diego Leuco especulaban con las bajas temperaturas del agua del río de la muerte, la pitonisa venenosa soltó, entre nerviosas muecas histriónicas, la frase que quedará en los anales del horror: “Como Walt Disney”.

Macri, en largos 80 días, mantuvo un silencio que sólo rompió para llamar a la desesperada madre de Santiago y condolerse fallutamente, comparando la tragedia del muchacho con su propio secuestro a manos de unos comisarios policiales mafiosos que le sacaron plata al padre en un episodio nunca esclarecido pero en modo alguno equiparable a lo que debió sufrir Maldonado.

Como bien señaló el periodista Juan Alonso, Santiago Maldonado, El Lechu, El Brujo, Ardilla, murió a los 28 años durante un operativo represivo de la Gendarmería (una fuerza federal que depende del Estado y de la ministra Patricia Bullrrich) en territorio indígena recuperado en la Pu Lof en resistencia mapuche de Cushamen, Chubut”. Eso no forma parte de la historia narrada por Cambiemos.

El especialista en temas judiciales y policiales agrega: “Santiago no eligió internarse en un río helado con temperaturas bajo cero. Fue acorralado, perseguido y agredido por un grupo de gendarmes armados con escopetas y machetes en la vera del río. Diga lo que diga la autopsia Santiago fue víctima de una represión ilegal en manos de una fuerza del Estado en democracia. Hay responsabilidades políticas e institucionales. El jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad, Pablo Noceti estuvo a escasos siete kilómetros del lugar del hecho en la estancia Leleque de (Luciano) Benetton”.

Este domingo, por mérito de la ciudadanía, se votó en paz, pero por demérito de un gobierno despiadado se hizo con las urnas manchadas con la sangre de un inocente.

En la provincia de Buenos Aires, Cristina Fernández de Kirchner peleará voto a voto contra un enmudecido Esteban Bullrich, a quien Vidal mandó a esconder por impresentable.

En la Capital Federal se podrá sopesar si parte de la mitad más uno que voto a Carrió en las Paso se horrorizó ante sus escalofriantes expresiones y le retira la confianza.

En Córdoba, se espera un triunfo de Cambiemos, pero también será importante ver cómo conmovió a esa provincia el luctuoso episodio de la última semana.

En Santa Fe, la expectativa estará dada en la posibilidad de que el Frente Justicialista retenga los votos cosechados en las paso, que le permitieron triunfar ante Cambiemos. Y en ese marco, Rosario no escapa a la polarización entre ambas fuerzas que, en forma inédita, ha relegado a un tercer lugar al socialismo, que se verá si se recupera de la paliza electoral recibida el pasado 13 de agosto.

En definitiva, estas elecciones, medirán en buena medida si el horror caló hondo en la conciencia social, o si una mayoría de los argentinos no vivió como propia la desaparición y muerte de un ciudadano que lo único que hizo fue ejercer el derecho a la protesta social, una característica que suelen exhibir las democracias, y que esta etapa parece estar dispuesta a erradicar.

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