Tomás Lukin, quien junto a Santiago O’Donnell escribió el libro ArgenPapers, sobre las filtraciones de los Panama Papers en el ámbito nacional, entrevistado por este medio, destacó el daño que las cuevas financieras le producen a la economía real. Además, repasó la relación del macrismo y el empresariado argentino con este modo de operación de fuga de capitales, y analizó el problema a escala planetaria.

ArgenPapers es un libro sobre el mundo offshore, basado en la megafiltración de datos de Mossack Fonseca, un estudio jurídico de Panamá, que facilitó la creación de empresas en ese país. En base a la información, sus autores, Santiago O’Donnell y Tomás Lukin –periodistas de Página 12–, han desarrollado una intensa investigación sobre los argentinos que se han aprovechado de esas guaridas fiscales, entre los que sobresalen el presidente Mauricio Macri, un buen número de sus colaboradores y los empresarios más poderosos del país.

“El mundo offshore es mucho más que la falta de impuestos, es lo que hace sembrar inestabilidad macroeconómica y atentar contra la posibilidad de desarrollo y de mejoras generalizadas para las grandes mayorías”, sostiene Lukin, quien a lo largo de la conversación con el eslabón, se refirió a los alcances de una obra que resulta un fresco de la estructura del poder económico y de la ingeniería que despliega para eludir al fisco, ya no como una eventualidad sino como parte de una lógica del capitalismo mundial.

A la vez, ArgenPapers invita a reflexionar sobre nuevas configuraciones que adquiere el trabajo de los periodistas frente a grandes volúmenes de información y las tensiones entre ellos y los medios en que se desempeñan, cuando se define qué, cómo y cuándo se publica.

En el libro hacen hincapié en el impacto que tiene el desvío de fondos en la vida cotidiana y, sobre todo, en la posibilidad de aplicación de políticas públicas.

—Sí, porque tal vez la consecuencia más reconocida que tiene el mundo offshore es la fiscal, que atenta contra la recaudación impositiva. Sin embargo, una estimación que hizo la universidad de Naciones Unidas muestra que con los recursos que canalizan las multinacionales a través del mundo offshore, la Argentina pierde una cifra que es hasta el 4,4 por ciento de su PBI. Son 21 mil millones de dólares que no se destinan a hacer obras de infraestructura, a financiar la salud, la educación. Esto debilita y deslegitima la capacidad de intervención del Estado en la economía del país.

Por eso, lo que el mundo offshore hace es atentar contra la estabilidad de las economías subdesarrolladas, periféricas y dependientes como la argentina. La fuga de capitales induce crisis económicas, al competir con otros destinos estratégicos en que se pueden poner los dólares, que son un insumo fundamental para sostener cualquier proyecto de desarrollo.

No es el déficit fiscal, es la fuga de capitales la que hace estallar a la economía argentina en todas las crisis que tuvimos, la que llevó a tensionar el modelo macroeconómico que proponía el kirchnerismo y la que va está llevando a muchísima tensión al modelo económico del macrismo. Y es un atributo permanente en nuestra economía: en dictadura o en democracia, con inflación o sin inflación, con cepo o sin cepo.

A veces, los imaginarios sobre el tema llevan a pensar en un tipo que agarra la plata, la mete en una valija y se la lleva. Y acá lo que aparece es que es la norma, el modo en que se piensa la economía.

—El mundo offshore no es una anécdota, no es algo marginal que está restringido dictadores, narcotraficantes o contrabandistas. Esa es una visión falsa y funcional. El mundo offshore es la forma en que se organizan los negocios a escala planetaria. Por eso, le escapamos a la idea de paraísos fiscales y hablamos de una red global de servicios financieros, algo que no es algo aislado sino una forma dominante, en la cual se organizan los negocios de las principales empresas del mundo.

La expresión paraíso fiscal es confusa y habla de la victoria del mundo offshore. Es una mala traducción de tax heaven. Heaven no es paraíso sino refugio. Es engañosa, porque si esos son los paraísos, el resto del mundo es un infierno del cual vale la pena escaparse; e incompleta porque no es solo fiscal, el problema es financiero, macroeconómico, distributivo. Es mucho más grande el problema y la centralidad del mundo offshore, la relevancia de sus protagonistas, los principales bancos y empresas del son los que legitiman y legalizan la viabilidad de su funcionamiento.

Por eso, soy bastante pesimista. Creo que, más allá de estas grietas que le aparecen, como los Panamá Papers, o las filtraciones más locales, como la que hizo (el ex ejecutivo de la JP Morgan) Hernán Arbizu, o conocer quiénes son los compradores de dólares para atesoramiento, lo que nos permiten es entender cómo funciona el mundo offshore, sus distintos eslabones, que tienen a Mossack Fonseca, que tienen a HSBC y a los diferentes banco del mundo operando y facilitando esas maniobras.

Sin embargo, no creo que con esas megafiltraciones estemos frente al final del secreto bancario sino ante a una disputa de poder al interior de esta red global de servicios financieros; porque la torta por la que se están peleando es de 32 billones de dólares, algo así como el doble del PBI de la Unión Europea. Cuando estas filtraciones aparecen no se achica el mundo offshore, que está en permanente crecimiento. Lo que sucede es una relocalización: si los Panamá Papers estallan, se achica el negocio de Panamá. ¿Y quién es el beneficiario de las últimas megafiltraciones? No es otro que uno de los principales nodos offshore del mundo: los Estados Unidos.

En el libro uno de los personajes que más aparece es el presidente Macri y también los miembros de su gobierno. ¿Da para pensar que esta lógica y la naturalización que tienen del mundo offshore se trasladen a la gestión del Estado?

—No me animaría a hacer futurología y suponer que esa forma de hacer negocios que tienen los grandes empresarios, que ahora se desempeñan como funcionarios, se vaya a trasladar al Estado; pero siguen y van a seguir apareciendo las operaciones que esos individuos hacen a través del mundo offshore para administrar, por lo menos, sus patrimonios.

Ahora, lo que sí veo es que en la primera licitación de los “PPP”, proyectos de Participación Público Privada, esta forma de financiar la obra pública que propuso el macrismo, muchas de las empresas que se presentaron y sus dueños están en el mundo offshore.

Lo que tenemos ahora es que los representantes de las élites económicas argentinas ejercen el poder político. Entonces, nos encontramos con muchos funcionarios con presencia en el mundo offshore; y lo cierto es que cualquier Estado, cualquier aspecto en el que esté el gobierno, cuando opere con las grandes empresas argentinas, va a estar involucrándose con el mundo offshore: los Blaquier, los Bulgheroni, los Cristóbal López, los Madanes, los Fortabat, los Pérez Companc, son los principales usuarios.

Respecto del ejercicio periodismo, el libro es interesante para ver cambios en los modos de trabajo: empieza a tener más peso la capacidad para manejarse con grandes volúmenes de información y encontrar historias, y no simplemente interpretar el dato.

—Sí. Creo que los Panamá Papers proponen un gran desafío, que es analizar una base de datos de casi 12 millones de documentos, que pueden tener de una a 500 páginas cada uno. Entonces, lo que hay que hacer es un trabajo de investigación, identificación y entrecruzamiento de datos bastante riguroso. Por eso, con Santiago O’Donnell decimos que los Panamá Papers son un barril sin fondo, que siguen y van a seguir apareciendo historias. Son el equivalente a 39 mil libros y son una de las formas que hoy ofrece el periodismo de avanzar y construir historias importantes vinculadas a los abusos que comete el poder económico.

En el capítulo especial dedicado al periodismo, se percibe una nueva configuración de la tensión que tiene los periodistas con las empresas en las que trabajan, como el caso de Hugo Alconada Mon, de La Nación.

—Sí, creo que con la relevancia que adquirían los Panamá Papers, eso se vuelve más evidente, pero esas tensiones están y van a seguir estando, y no solamente le sucede a Hugo Alconada Mon en La Nación. Creo que están en Perfil, Página 12, Clarín, El Cronista, Ámbito Financiero; y no solo se ven en los medios gráficos, también en los audiovisuales. Me parece que la magnitud de la filtración y la relevancia de los personajes involucrados exacerbaron esas tensiones.

También opera la primicia y, en ese sentido, es interesante que en el formato del libro se corren de ella y le dan más profundidad a los temas.

—Es innegable que una primicia es siempre interesante, más de esta magnitud. Nosotros lo que hicimos en Página 12, antes de escribir el libro, fue identificar y contar varias historias, que fueron relevantes para la investigación global judicial y periodística que se llevó adelante sobre la presencia de Mauricio Macri.

El objetivo del libro no es dar una primicia. Lo que nos propusimos con Santiago O’Donnell fue construir una investigación periodística con tiempo y de manera minuciosa para contar todo lo que pudimos encontrar en esta base de datos, esas historias sobre los argentinos relevantes que están ocultos en los vínculos que construía Mossack Fonseca. Y seguimos encontrando historias.

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