Las mujeres de los movimientos sociales y de la economía popular de Rosario describen un escenario complejo en los barrios: hay más desempleo y más demandas en los comedores. A la par, una buena: la organización también marca un importante índice de crecimiento.

En Villa Urquiza, el comedor del Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) no da a basto: de ofrecer un plato de comida para los compañeros y compañeras pasó a multiplicarse por tres, por cuatro, por cinco, para toda la familia. “La copa de leche pasó a ser comedor y para muchos es el único alimento del día”, dice Marisa González, militante y referente del área de género del Frente. “Las compañeras hacen magia para que ningún chico se quede afuera de los platos de comida”, suma Andrea Campos, militante local de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep). Mónica Crespo, del Movimiento de los Trabajadores Excluidos (MTE), pinta el mismo panorama: “Hay criaturas peleándose por un alfajor o por un pedazo de pan. ¿Cómo le decís que no a un nene?”. Las tres referentes coinciden: en los barrios, la situación está cada vez peor y todo indica que este año no será la excepción. Tras la movilización nacional “contra el hambre y los tarifazos” y mientras el 8 de marzo se vislumbra en el horizonte, el eslabón dialogó con tres de las miles de mujeres que todos los días pelean para que no falte ni un pibe en la escuela ni un plato en cada mesa.

Marisa González tiene 50 años. La mujer dialoga con este medio tras la movilización que el miércoles unió la plaza 25 de Mayo con la sede local del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación (España al 500). Lo primero que menciona es el cansancio. No es nada fácil marchar en febrero, ni siquiera cuando el clima está apenas a su favor. La mujer se lamenta: sabe que no va a ser la última marcha antes del frío. Dice que ni quiere pensar en cuando empiecen las clases, en lo caro que está todo, en lo difícil que va a ser conseguir alguna ayuda del Estado. Dice también lo que ya hasta el gobierno nacional anuncia: este año va a ser peor.

Foto: Andrés Macera

La jornada nacional de lucha del pasado miércoles fue convocada por la Ctep, Somos Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa, FOL, Luchadores Independientes Organizados, el Frente Darío Santillán, sindicatos de la CTA, la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (Catt), la Corriente Federal, entre otras organizaciones sociales y gremiales. El reclamo fue el mismo en todo el país: trabajo, la sanción de la emergencia alimentaria y de las leyes de agricultura familiar, infraestructura social, emergencia en adicciones. Además, incluyó un fuerte rechazo a los tarifazos en los servicios públicos.

“La crisis es insostenible”, sostiene Marisa. La falta de trabajo es la principal problemática a la que se enfrentan las familias en los barrios, una situación que afecta primero a las mujeres y a los jóvenes, después a toda la familia. “Hay una gran desigualdad a la hora de conseguir trabajo, de cobrar lo mismo por el trabajo. El hombre tiene más posibilidades de conseguir changas, a nosotras sólo nos queda ser empleadas domésticas, pero ni el colectivo nos pagan ya”, explica Marisa. La mujer es clara: ya prácticamente no quedan changas y las mujeres se quedan en la casa parando la olla; además, las copas de leche que organizan las vecinas ya pasaron a ser comedores y para muchos, lo que se ofrece es el único plato de comida del día. El comedor del FOL abre dos veces por semana y ya le sirve a casi mil personas: cada compañero y compañera terminó multiplicándose por tres, por cuatro, por cinco, por cada uno de los miembros de su familia.

Magia y organización

Para Andrea Campos, referente de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep), el panorama para los trabajadores y las trabajadoras de la economía popular “es muy caótico, cada vez peor”. “Esta gestión gobierna para cierta cantidad gente, no para el pueblo. Por eso marchamos, para reivindicar nuestro derecho al trabajo”, sostiene. Andrea suma un dato no menor: las mujeres son mayoría en la Ctep y las movilizaciones –la del miércoles, la del 8 de marzo que se viene– son una oportunidad para visibilizar que están y son trabajadoras.

La militante de la economía popular señaló que lo que más se percibe en los barrios de Rosario es la ausencia del Estado, y de la misma forma que Marisa, eso se manifiesta en el plato de comida: los merenderos ahora son comedores y para toda la familia. “Es imposible de sostener. Las compañeras hacen magia para que ningún chico se quede afuera de los platos de comida”, remarca. Y agrega: como si faltaran más problemas, la comida que da el Estado es escasa y de mala calidad.

“Esta situación de ajuste nos atraviesa peor y nos afecta más por ser mujeres”, sostiene Andrea. Primero, porque muchas compañeras son sostén de familia. Segundo, porque la violencia crece y la violencia de género no queda exenta de esa tendencia. “Muchos varones se quedan sin trabajo y descargan toda su bronca contra las mujeres”, explica Andrea. “Son mucho los casos de violencia de género. Por eso nosotras trabajamos mucho en acompañar y escuchar”.

Juntos es mejor

Mónica Crespo, referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y de los carreros en Rosario, invita a mirar con atención las calles de la ciudad: no hay momento, dice, en que no veas a un muchacho juntando cartones. “Son pibes que quieren trabajar dignamente, que antes tenían otros trabajos pero hoy ya ni changas”, explica. Crespo tiene 60 años y asegura que las organizaciones en los barrios sostienen desde todos lados la crisis. Menciona capacitaciones, apoyo psicológico, cooperativas de trabajado, copas de leche y comedores. Dice, sin embargo, que ya no se puede más: es el Estado el que tiene que hacerse cargo. Más allá del panorama que describe, Crespo es optimista. “Estuvo re buena la movida”, dice, en referencia a la movilización del miércoles 13. Y agrega: “Este gobierno en vez de separarnos, juntó a todos los movimientos populares”.

“En los barrios la situación es insoportable. Cada vez más gente necesita un plato de comida. Hay criaturas peleándose por un alfajor o por un pedazo de pan. Mirá que hacemos todo lo posible, pero no alcanza. ¿Y cómo le decís que no a una criatura? Por eso yo digo siempre que las mujeres movemos al país: tengo un grupo de mujeres que han terminado de entregar todo lo que tenían que entregar y ven dos nenes esperando y se ponen a cocinar de nuevo”, relata.

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