Con una sola competencia interna para gobernador, la del peronismo entre Perotti y Bielsa, este domingo se realizan las Paso en Santa Fe, con miras a las generales de junio. Bonfatti quiere volver a la Casa Gris y prefiere un ganador del PJ antes que el otro. Corral busca enderezarse con el collar de sandías del macrismo.

Luego de los traspiés electorales en La Pampa, Neuquén, Río Negro y Entre Ríos, la alianza Cambiemos afronta una dura parada este domingo en Santa Fe, donde las encuestas no son alentadoras para la Casa Rosada. El postulante del oficialismo nacional, el radical José Corral, fluctúa entre el tercer y el cuarto puesto en términos individuales según los sondeos de opinión pública conocidos, que serán confirmados o desmentidos por el menos objetable escrutinio. Esa coalición y la del gobernante Frente Progresista presentaron candidatos de consenso a través de listas únicas, por lo que la única disputa real en las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias será al interior del PJ, que tiene como protagonistas al senador nacional Omar Perotti y a la ex vicegobernadora María Eugenia Bielsa.

Dos para triunfar

Ante la imposibilidad de arribar a un acuerdo que selle una lista de unidad, el peronismo santafesino ofrece en las Paso de este domingo dos opciones para la Gobernación.

La que encabeza el senador Perotti, que compite por tercera vez consecutiva por ese cargo –en la primera perdió las primarias con Agustín Rossi y en la segunda las ganó y estuvo a menos de 20 mil votos de llegar a la Casa Gris– y logró en esta ocasión reunir a buena parte de la dirigencia kirchnerista detrás suyo con el aval de Cristina Fernández. También a un grupo de senadores provinciales que impulsaban la candidatura de la ex jueza Alejandra Rodenas desde el Nuevo Espacio Santafesino (NES), quien finalmente secunda a Perotti en la fórmula.

Y, por otro lado, la lista que lidera Bielsa, que reunió a sectores políticos, sindicales y de la producción que apostaron por el regreso de la ex diputada provincial a la competencia electoral.

“Nuestro mayor aporte a la unidad nacional es ganar en Santa Fe, eso es lo que nos toca y en eso estamos trabajando”, dijo Bielsa en el tramo final de la campaña.

Campaña que, en términos generales, fue mansa y tranquila hasta que Elisa Carrió derramó un contenedor de lodo en su visita a Rosario, presuntamente con el fin de apoyar a Corral.

En el caso del peronismo, los precandidatos exhibieron sus propuestas a la Gobernación centradas en seguridad, empleo y producción, aderezadas con críticas –como acción básica, de manual- dirigidas al oficialismo provincial y también al nacional. Es el rol, en definitiva, de las oposiciones.

Si bien los que están en juego son cargos electivos provinciales –gobernador, senadores departamentales, diputados, intendentes y concejales– y el cronograma electoral local quedó desdoblado del presidencial, la nacionalización de la campaña tiende a garpar, por el mal momento que atraviesa la marca Cambiemos, rehuida por poco atractiva hasta en la feria de La Salada.

En ese doble juego de lo provincial y lo nacional, Bielsa y Perotti apuntaron al talón de Aquiles del Frente Progresista, la seguridad pública, así como pusieron el acento en la capacidad productiva de Santa Fe que, a sus ojos, no está explotada en su total dimensión por el socialismo, más amigo de los servicios que de las manufacturas.

Y, paralelamente, salpimentaron las heridas que abrió la acción del gobierno de Mauricio Macri en materia de empleo, producción, acción social, educación, pymes, salud, pobreza e indigencia, crédito, tarifas, jubilaciones y mercado interno. Por mencionar algunas.

Ninguna de las referencias nacionales de los distintos peronismos existentes vino a Santa Fe a levantarle la mano a alguno de los candidatos.

El principal desafío para el peronismo, como ocurrió en los anteriores turnos electorales en que estuvo en juego la Gobernación, es mantener en las elecciones generales lo que obtenga en las Paso. Alambrar los votos, algo que hasta ahora no se le dio.

Varios sondeos auguran que la suma de los votos que cosechen Perotti y Bielsa convertirá al Frente Juntos en la coalición más taquillera en las urnas. Ya ha ocurrido en otras ocasiones en las Paso. La compulsa interna entre ambos tiene resultado abierto.

Para el resto de los postulantes no significa lo mismo que gane Perotti o Bielsa, puesto que los estudios de opinión les asignan electorados de perfiles disímiles, que en las elecciones generales podrían buscar nuevos horizontes por fuera del PJ.

Con ese escenario sueña el Frente Progresista un triunfo de Perotti, pues en el oficialismo provincial están convencidos de que los votantes de Bielsa preferirán –en una porción significativa– a Bonfatti antes que al rafaelino en los comicios de junio. Por eso confrontan con el senador nacional.

En la primaria del peronismo queda por comprobar una vez contado los votos si, como manda el imperativo justicialista, el que gana conduce y el que pierde acompaña. Ambos precandidatos  

En la categoría diputados tampoco triunfó la unidad, sino la dispersión. El peronismo ofrece doce listas para la Cámara baja, que renueva a los 50 miembros pero, según la Constitución, reparte 28 para el ganador y los 22 restantes se distribuyen mediante el sistema proporcional D’Hont. Dos de esas nóminas, las que encabezan Leandro Busatto y Silvina Frana, son las “oficiales” de Perotti y Bielsa respectivamente. Luego hay diez opciones para elegir, atento a que se vota bajo el sistema de boleta única de papel que va en desmedro del “arrastre” de votos entre categorías electorales distintas.

Al Frente

El Frente Progresista busca su cuarto mandato consecutivo en la provincia desde que en 2007 el médico Hermes Binner interrumpiera la hegemonía justicialista construida desde la recuperación democrática.

Para eso postula a un candidato que ya fue gobernador y ahora preside la Cámara de Diputados: Antonio Bonfatti.

Al ser el único candidato –luego de que el gobernador Miguel Lifschitz volviera sobre sus pasos tras torearlo con que podría haber otro postulante en el Frente–, Bonfatti procura en las Paso reunir una cantidad de adhesiones que le permita mantenerse expectante para las elecciones generales de junio.

Sin contendiente interno, el ex ministro de Gobierno de Binner realizó una campaña modesta para las Paso. Recorrió la provincia por la suya y también se mostró con el actual gobernador, Miguel Lifschitz, quien sumó su figura a las elecciones como cabeza de lista de la única nómina de diputados del Frente Progresista.

Bonfatti centró su actividad proselitista en los “logros” de la coalición gobernante en la provincia bajo el eslogan “el valor de los hechos”.

“Hemos avanzado mucho pero decimos que queda mucho por hacer”, señala el candidato en concordancia con el manual de campaña del oficialismo. Vamos bien, necesitamos más tiempo. Vamos a mantener lo conseguido, pero también vamos por más y somos los garantes de ese proceso hacia el futuro.

A favor, Bonfatti cuenta con un alto porcentaje de conocimiento. No necesita instalar su figura, ya fue gobernador durante cuatro años.

En contra posee el desgaste de tres gestiones consecutivas de una misma fuerza política –en este caso una alianza-, sobre todo en materia de seguridad pública. Una de las principales demandas de los santafesinos. De todos modos, la acumulación de gobiernos socialistas no implica, per sé, colgarse un collar de sandías. Rosario es el ejemplo.

Una consultora porteña pidió a los santafesinos que definan con una palabra, mediante asociación libre, la personalidad e imagen de los candidatos. En el caso del socialista la más repetida es “narco”, lo que no muestra ningún vínculo comprobable de Bonfatti con esa actividad ilícita sino hasta donde caló en algunos sectores de la sociedad los discursos públicos que vinculan –a fuerza de machacar– al frente gobernante con ese costado negro de las principales ciudades de la provincia.

Tal vez la haya leído Elisa Carrió, quien en la última semana de campaña llegó a Rosario a brindar su apoyo a Corral y en una entrevista televisiva, prescindiendo de las metáforas, dijo que votar a Bonfatti era hacerlo por Los Monos, la banda narco más afamada de la ciudad.

Sólo así el candidato socialista se vio obligado a correrse de su eje de campaña para responderle a la referente de la Coalición Cívica-Cambiemos que “es una mentirosa y una destructora serial”.

En menor medida, en la misma encuesta antes mencionada, también aparecen “bueno” y “honesto” como palabras que definen cualidades del postulante oficialista. Esta segunda virtud es autoproclamada por el Frente Progresista en contraste con la construcción mediática sobre el kirchnerismo.

Sin inmiscuirse profundamente en las cuestiones nacionales, Bonfatti busca posicionarse como alternativa a la grieta, tercera vía entre el kirchnerismo y el macrismo, que ocupan la mayor porción del espacio político del país. Para eso busca rédito haciendo hincapié en “el modelo Santa Fe”, una administración con valores universales alejada de las mundanas ideologías.

Marca registrada

Al otro postulante que representa a una fuerza política mayoritaria, el intendente de Santa Fe José Corral (UCR-Cambiemos), le toca bailar con la menos agraciada.

Con ocho años al frente de la capital de la provincia, el radical logró que la Casa Rosada le allane el camino de su precandidatura sin otro contrincante interno que la realidad que sufre el país.

La caída del candidato del PRO en las primarias de La Pampa frente a su contendiente radical hizo reflexionar al jefe de Gabinete Marcos Peña sobre la conveniencia de que el diputado y referente macrista en la provincia, Federico Angelini, postergue sus deseos de postularse para una mejor ocasión.

Así, Corral buscará en las elecciones primarias del domingo posicionarse con chances para las generales de junio, tarea nada simple. Los sondeos previos lo ubican por debajo de los otros dos frentes.

En ese camino la Casa Rosada no lo dejó solo. Peña, Horacio Rodríguez Larreta, Rogelio Frigerio, Ernesto Sanz, Elisa Carrió y hasta el propio Mauricio Macri hicieron escapaditas de campaña a Santa Fe con el objetivo de mejorar el desempeño electoral del radical.

La duda sobre si esas fotos acrecentaron sus chances o la convirtieron en un salvavidas de plomo se disipará el domingo a la noche, primeras horas de la madrugada del lunes.

Hasta hace dos años el uso de la marca Cambiemos le bastó al ignoto candidato a diputado nacional, Albor Cantard (que ahora busca suceder a Corral en la intendencia de Santa Fe), para convertirse en el postulante más votado en Santa Fe para la Cámara baja nacional.

Entonces, el globo amarillo obró milagros sobre un hombre que llegó al día de la elección con un alto grado de desconocimiento entre los votantes. Fue la primavera cambiemista. Dotada de una sola golondrina.

A Corral le toca ahora sufrir los efectos de la marca Cambiemos, que expulsa más de lo que atrae, de acuerdo a los resultados de las elecciones provinciales ya acaecidas este año.  

El radical, obviamente, no nacionalizó los contenidos de su campaña, que apuntaron casi unidimensionalmente a la cuestión de la seguridad pública y el narcotráfico, y subsidiariamente a la tarifa de la EPE y otros asuntos provinciales.

De todos modos, se mostró con buena parte del gabinete nacional y defendió con el mismo discurso que la Casa Rosada las políticas de padecimiento presente en procura de arribar a un venturoso futuro. Al cierre de esta nota el dólar arañaba los 47 pesos y el riesgo país superaba los mil puntos.

Para armar la grilla de Rosario

Los ciudadanos con domicilio en Rosario habilitados para votar comenzarán a delinear el domingo el escenario de candidatos a suceder a la socialista Mónica Fein en la Intendencia local. Para las primarias (Paso) hay trece inscriptos y, a diferencia de lo que sucede con la pelea por la Gobernación, los que allá no tienen internas sí las ofrecen acá.

El Frente Progresista postula a la socialista Verónica Irizar y al ex ARI Pablo Javkin. El segundo iba primero en los sondeos, la primera buscaba quedar primera en la última semana de campaña, con el apoyo del aparato local y provincial.

Irizar es “la” candidata del socialismo, Javkin un outsider tolerable. No es lo mismo, con miras a las generales, que sea una y otro el ganador de la primaria oficialista, puesto que los votos de uno podría migrar hacia otras opciones.  

Cambiemos define su candidato a intendente entre el proísta Rodrigo López Molina y el radical Jorge Boasso. La devaluación de la marca Cambiemos afecta más al primero, cuyos votantes integran el núcleo duro del macrismo rosarino; mientras que el abogado de la UCR se inserta en un electorado más independiente. Depende de quién resulte triunfador en las Paso, se podrá especular sobre el destino de los votos del contendiente perdidoso. Que no necesariamente quedarán en la misma coalición.

El peronismo, a diferencia del escenario provincial, presenta después de muchos años un solo candidato a intendente, Roberto Sukerman, el nombre de la unidad. Cuenta con el apoyo del conjunto de las variopintas vertientes internas del justicialismo rosarino, que en la categoría concejales juega cada uno por la soya. Los sondeos previos lo ubicaban al abogado constitucionalista al tope de las preferencias, las urnas dirán.

Sukerman busca, como cualquier postulante sin interna, salir bien parado de las primarias. Es decir, reunir una cantidad de votos que lo deje en una posición expectante de cara al 16 de junio.

Aunque estuvo cerca de sellar un acuerdo con el peronismo local, el concejal Juan Monteverde, líder de Ciudad Futura, representará finalmente a esa joven fuerza política como precandidato a intendente. Con el apoyo del Frente Social y Popular. No tiene competencia interna, el domingo busca una cosecha que le permita seguir en carrera.

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