La producción de alcohol en gel es una de las primeras iniciativas que encaró la Universidad Nacional de Rosario (UNR) apenas el país entró en emergencia sanitaria por la pandemia de coronavirus. Les siguieron otras como la fabricación de respiradores o sumar voluntarios a diferentes tareas. ¿Cómo impactan estas decisiones en los aprendizajes y en la formación de sus estudiantes? El profesor José Goity es cientista de la educación, secretario general de la UNR y antes decano de la Facultad de Humanidades y Artes. Desde ese lugar de educador asegura que es en situaciones críticas como ésta cuando aparece “lo mejor del modelo universitario que este país ha sostenido desde la Reforma”.

–Ante la pandemia, la UNR comenzó a producir alcohol en gel, a fabricar respiradores y ampliar el servicio de los comedores, entre otras tareas ¿Qué representa esta respuesta para la universidad pública y para la sociedad?

–La pandemia pone a prueba a muchas instituciones del Estado y también de la sociedad. Pone de manifiesto el valor que tienen la universidad y la educación públicas. Está claro que la universidad es mucho más que una fábrica de títulos y, si bien su función fundamental es producir conocimiento, aportar a procesos formativos, emitir títulos y acreditar capacidades, tiene un valor y una función que van más allá de eso. Es en este momento cuando se pone en evidencia esa función de concebir a la enseñanza y a la propia universidad no como una mercancía sino como un bien público en toda su dimensión.

–Es como poner a prueba todo lo que se discute a nivel teórico sobre el rol social que tiene la universidad pública.

–Siempre ponemos en un plano discursivo lo que entendemos por educación y por instituciones públicas de la educación, pero ahora se explicita en el nivel de demanda que tiene de la propia sociedad. Nosotros le asignamos un rol teórico, que sabemos es práctico, pero no siempre se puede evidenciar de manera tan explícita como en este momento. Por ejemplo, nuestros investigadores hacen investigación de base en general, que muchas veces no se llega a valorar cuál es el sentido y la utilidad, pero hoy permite que se puedan desarrollar un respirador de emergencia o trabajar en los procesos de virtualización para sostener la actividad educativa de la mejor manera posible. Y también están quienes hoy estudian –por ejemplo– cómo afecta la cuarentena en las relaciones de violencia sexista o en otras producciones que son un aporte importante en la coyuntura que nos toca vivir, pero lo serán más en la salida de la pandemia y en las secuelas sociales que va a deja.

–¿Cómo impacta esta respuesta de la universidad en los aprendizajes de las y los estudiantes?

–Van a ser muy interesantes los estudios y los aprendizajes que tengamos de lo que estamos viviendo. Esta misma situación de cuarentena y de buscar mecanismos alternativos para seguir aprendiendo y enseñando es un aprendizaje en sí mismo. Es una situación claramente de aprendizaje. Después está en nosotros desarrollar las mejores estrategias. Tenemos hoy una prioridad que es seguir manteniendo los procesos de enseñanza y aprendizaje aunque no sean necesariamente acreditables o no van sean tan sencillos de acreditar después. Es fundamental aquí poder mantener el vínculo pedagógico, que la universidad pueda seguir presente. Uno de los estudios que tendremos que hacer cuando pasemos esto es sobre la importancia de sostener vínculos, estudiando y enseñando, aunque sean virtuales.

–Al principio señalaste que “la universidad no es una fábrica de títulos”. Si tuvieras que contraponer una imagen a esta ¿cuál sería?

–Me quedo con la de nuestros graduados tratando de desarrollar elementos que permitan salvar vidas, y no desde un punto de vista mercantil sino ético; con la de docentes, graduados y no docentes de nuestra universidad haciendo de voluntarios en actividades que son un aporte a la sociedad. Es decir, la universidad en un montón de otras funciones que en apariencia no les son propias, donde demostramos el valor humano y formativo de transitar la universidad pública. La pedagogía del hacer es fundamental aquí. La universidad pública en su conjunto, y los universitarios en particular, predicamos con el ejemplo, comprometiéndonos, ahí hacemos la diferencia. Y son las situaciones críticas como esta las que sacan lo mejor del modelo universitario que este país ha sostenido desde la Reforma Universitaria. No creo que las universidades de otros lugares del mundo respondan de la manera que lo hace nuestro sistema universitario. Eso no surge de un día para otro, sino que responde a una matriz ideológica de lo que es la educación en general y la universitaria en particular.

–¿Qué hecho dejará la cuarentena para trabajar en profundidad a nivel pedagógico?

–Lo que veo a nivel pedagógico es un proceso que ya venía en desarrollo y es la posibilidad de usar las herramientas tecnológicas y virtuales, y salirnos del prejuicio de que lo virtual es una oferta de menor calidad o un reemplazo de lo presencial. Lo virtual en muchos casos nos permite llegar de una manera muy buena y eficiente a lugares, y en condiciones, que usualmente no lo podemos hacer. Durante mucho tiempo concebimos a lo virtual como un subproducto de la educación o como una instancia despersonalizada o tecnificada, pero creo que nosotros podemos dotar de una gran humanidad a esas herramientas virtuales y hacer más potentes nuestra capacidad de formación.

Fuente: El Eslabón

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