Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

El ex volante canaya decidió colgar los botines y lo anunció a través de un cuento en el que emparenta al fútbol con la vida de circo. Literatura, política, compromiso social, su amistad con el Kily González y su amor incondicional por Central.

 

“Como todo actor de circo nos miden los aplausos, abucheos o silbidos. Nos activamos o desactivamos sin ningún término medio. Al principio entrar a la función me hacía dudar si siempre sería así… y definitivamente era así”, con esas palabras, Tomás Costa, mediocampista surgido en las inferiores de Rosario Central, le empieza a decir adios al fútbol después de 14 años en los que vistió, además de la del equipo de sus amores, las camisetas del Porto de Portugal, Cluj de Rumania, Universidad Católica de Chile, Colón de Santa Fe, Peñarol de Uruguay, Olimpo de Bahía Blanca y Alianza Lima de Perú.

“La decisión la tenía tomada desde enero. Volví de Perú, después de lesionarme dos veces seguidas la rodilla, lesiones chicas pero que demandan tiempo de recuperación, y le dije a mi mujer que ya no estaba dispuesto a hacer todo el tratamiento, ni a seguir estando lejos”, argumenta Tomy, como se lo conoce en el planeta de la redonda, y agrega: “Además, mi hija ya tenía que empezar la escuela, así que resolvimos instalarnos en Rosario y ver qué hacía de mi vida”.

Y el fútbol contó un cuento

«En el circo conocí de todo, actores principales, secundarios, extras, los que trabajan detrás de escena y directores (de todos los gustos, cada uno con su libreto y mañas. Obras maestras de la ficción)», continúa el relato que el nacido en Oliveros usó para dejar atrás su etapa con los cortos puestos. “Hará un mes, cuando volvió el fútbol en Chile, me empezaron a llamar algunos equipos y tenía que andar dando explicaciones, así que encontré en un cuento la manera de explicar por qué me retiraba”, explica en diálogo con El Eslabón, y agrega: “Lo del circo al principio me daba miedo que sonara un poco despectivo pero creo que se entendió perfectamente el ejemplo. Salió así, como las cosas que voy escribiendo”.

Consultado acerca de su gusto por la pluma y el papel, revela que ya cuenta con varios escritos de su autoría: “Algunas cosas me fui animando a mostrarlas, empujado un poco por Kurt Lutman. Quizás por eso que tenemos los jugadores de esperar el aplauso, me cuesta. Pero me voy soltando”. Y desliza algunos detalles: “La mayoría son vivencias íntimas y algunos cuentos en los que trato de sacarme del lugar de protagonista. Me gusta mucho escribir, leer”.

Sobre esta aventura, admite “una fantasía” que involucra a “un grupo de chicos que considero que tienen mucho para aportar”, para que “cuenten sus vivencias en Central, en la pensión, y poder mostrarlo”. Y en lo personal, este devorador de biografías (“de deportistas, músicos, políticos”), aclara: “No me planteo por ahora escribir un libro; sí me gusta compartirlo porque es como abrir el camino a chicos que por ahí les quedó eso de que en el fútbol era como tabú escribir o leer o estudiar, que vean que hay una camada que rompió un poco con todo eso, y te abre un montón la cabeza”.

Me despido de ti

«A medida que el circo giraba, los propulsores dejaron de ser los aplausos, fotos o autógrafos y pasaron a ser el dinero, las luces y la fama. Comenzamos a vivir con las críticas, el éxito y los fracasos. Entendíamos y normalizábamos que solo teníamos derechos si nos ovacionaban, si facturábamos o si éramos exitosos». La carta de despedida no se detiene, pero sí la carrera de Costa dentro del verde césped. “Al retiro lo llevo bien, obviamente estoy esperando el cachetazo, porque a todos les pasa de llegar un momento en que lo hicimos desde chiquitos ya no lo hacemos más, sobre todo en el sentimiento, esa adrenalina que cada uno tiene en su profesión. Es como romper la barrera de ese miedo”, advierte el cuatro veces campeón con el Porto, y una con Peñarol, y admite que está “haciendo un montón de cosas que anhelaba y no tenía tiempo para hacerlas, o no estaba cerca, y disfrutando mucho mi familia”.

De las valijas que lo acompañaron por diversos territorios fuera del país, saca la conclusión de que “en todos lados la esencia del fútbol es la misma”, pero aclara: “Lo que sí, nunca vamos a encontrar en otro lado lo que sentimos en el club del que salimos, del que somos hinchas”.

Además, remarca que “también están los prejuicios, como me pasó a mí en Chile”, donde jugó entre 2011 y 2016. “Nos criaron pensando en que los chilenos eran los enemigos, y fue el lugar donde más estuve y conocí gente maravillosa y me traje un montón de amigos”.

TV Führer

«El circo me dio todo o casi todo, me permitió actuar con gente maravillosa, conocer lugares maravillosos y me dio muchas cosas en bandeja. Algunas muy difíciles de conseguir, no por costo sino por la dificultad de encontrarlas», sigue El circo, de Tomás Costa, quien reconoce su interés en la política. “Mi viejo siempre me explicaba lo que él consideraba que nosotros teníamos que saber, y de ahí en adelante sacábamos nuestras propias conclusiones. En el fútbol fue un tabú grande durante mucho tiempo, hasta que después se dieron varios debates”, resalta.

El ex volante creativo analiza que “la mayoría de los futbolistas vienen de ambientes muy bajos y quizá el tema del dinero los marea y los hace correrse de su lugar de origen, pero cada uno después vuelve a su lugar”, y asegura: “A veces parece que vivimos en una burbuja, pero todo lo que pasa en el país nos termina perjudicando o favoreciendo”.

Celebra como un golazo las distintas expresiones en el más popular de los deportes a favor de causas de derechos humanos, sociales, de género, entre otras. “Siempre fui abierto a toda esa parte social. El fútbol tiene una visibilidad tan grande que nosotros no podemos estar ajenos a los problemas de la sociedad. La camada nueva de futbolistas entendió que hay temas sociales que, más allá de que a nosotros nos pase por el costado por vivir otra realidad, tenemos que ser responsables porque es una forma de educar al que viene de abajo”, señala.

Opina que al país gobernado por Alberto Fernández “lo veo bien, aunque durante la pandemia tampoco se pueden sacar muchas conclusiones”, y le apunta al macrismo: “Venimos de un gobierno durísimo, nefasto. Creo que cada 4 años perdemos la memoria por completo de lo que pasó y nos sentamos a mirar la televisión sin saber de dónde vienen esas noticias. En mi casa, mi viejo me decía quién era cada periodista y a quién respondía, para entender de dónde viene la crítica. Trato de no ver TV porque es un veneno”.

Una escuela de vida

«Una vez después de una función miré por donde entraba la luz a la carpa, fue la primera vez que me pregunté qué había del otro lado. El único gran miedo era que allá afuera las cosas no se consigan tan fáciles o los sueños no se cumplan al pie de la letra como en el circo», escribe el Tomy en la recta final de su texto. Claro que la entrevista con este medio concluye hablando de su primer y eterno amor.

Al ser consultado por el nombramiento del Kily González como DT, Costa sale jugando de memoria con su ex compañero. “Con Cristian tengo un cariño personal muy grande, somos muy amigos y lo veo muy contento. El sueño de toda su vida, después de retirarse, fue éste, y lo está consiguiendo. Siempre le pido que lo disfrute, porque todas las cosas que siempre me decía iban en ese sentido: que podés ganar plata o lo que sea, pero si no se disfruta, no vale la pena. Ojalá y, dentro de todas las presiones y obligaciones que tiene, se tome el tiempo para disfrutarlo, porque pasa todo tan rápido que da miedo”, sentencia. Y concluye tratando de explicar lo que significó (y significa) la institución de Arroyito en su vida: “Para mí, Central es la escuela. Lo mejor que me pasó en mi carrera fue pasar de la tribuna a la cancha, lo único malo fue que mi abuelo, que me llevó siempre a la cancha, no me pudo ver jugar en Primera. Es, también, la posibilidad de tratar de romper ese mito de que el club no tiene nada que ver con el país. Hay que tirar todos para el mismo lado, porque la cosa viene jodida y a veces nos dejamos contaminar por páginas, comentarios, que nos llenan de odio, y el único perjudicado es Central. La deuda que tenemos los ex jugadores con Central es ayudar desinteresadamente para que el club vuelva a ser lo que fue cuando nosotros éramos chicos”.

*Texto completo del cuento de Tomás Costa:

El Circo

Como todo actor de circo nos miden los aplausos, abucheos o silbidos.
Nos activamos o desactivamos sin ningún término medio.
Al principio entrar a la función me hacía dudar si siempre sería así… y definitivamente era así.
En el circo conocí de todo, actores principales, secundarios, extras, los que trabajan detrás de escena y directores (de todos los gustos, cada uno con su libreto y mañas. Obras maestras de la ficción)
A medida que el circo giraba los propulsores dejaron de ser los aplausos, fotos o autógrafos y pasaron a ser el dinero, las luces y la fama.
Comenzamos a vivir con las críticas, el éxito y los fracasos.
Entendíamos y normalizábamos que solo teníamos derechos si nos ovacionaban, si facturábamos o si éramos exitosos.
Se empezaron a perder valores esenciales del viaje, lugares, personas, costumbres, gustos y placeres. Pero al final el circo parece que siempre equilibraba las cosas cuando uno de sus integrantes de descarrilaba. El circo me dio todo o casi todo, me permitió actuar con gente maravillosa, conocer lugares maravillosos y me dio muchas cosas en bandeja. Algunas muy difíciles de conseguir, no por costo sino por la dificultad de encontrarlas.
Pero parecía que el circo sabía a quién y cómo dárselas para conseguir ese bendito equilibrio.
Una vez después de una función miré por donde entraba la luz a la carpa, fue la primera vez que me pregunté que había del otro lado. Me dio miedo, quise cambiar de pensamiento rápido pero volví a mirar la luz y me dije… allá afuera será todo tan maravilloso como acá? Volví a tener miedo y mire para otro lado.
El único gran miedo era si allá afuera las cosas no se consigan tan fáciles o los sueños no se cumplan al pie de la letra como en el circo.
Lamentablemente nos educaron bajo el lema de que solo servimos para actuar en el circo, donde nos sentimos protegidos, y de la única manera que se sale del circo es si te rajan.
Encaré para la luz, tomé a mi compañera de viaje, a mi pequeña y encaré. Sin mirar atrás. Tapándome los ojos y muy asustado salí. Vimos a nuestra familia esperándonos, los amigos, nuestros lugares y nuestros gustos. Estaban todos ahí como si no hubiese pasado el tiempo, como si el circo en lugar de llevarnos a lugares tan lejanos siempre estuvo en el mismo sitio. Cuando me alejé de la carpa miré de reojo para atrás como dudando, y me dije… no vas a saludar? No te vas a despedir de todos?
Me dí vuelta por completo mirando la gigantesca carpa de todos colores y agradecí.
Dije en voz baja… Gracias por haberme hecho vivir cosas únicas, por cumplirme sueños, por hacerme sentir un privilegiado, por hacerme sentir orgulloso, por regalarme mementos que quizás en ningún otro lugar los vuelva a vivir o sentir.
Simulando que todos mis compañeros de circo me miraban, les dije… no tengan miedo, no nacimos para vivir en el circo. Por supuesto que nos sentimos cómodos, es nuestra casa, pero sabemos hacer otras cosas, sabemos vivir sin las luces y sin los aplausos, sabemos valorar y disfrutara delo conseguido y sobre todo, si durante el viaje pudiste o supiste mantener el eje, afuera los estarán esperando como me esperaron a mí.

Fuente: El Eslabón

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