Kurdistán

 

La fotografía fue realizada en las montañas de Kurdistán en 2018. Es el momento en el que la Comandancia de las milicias en las montañas de Kurdistán toma el pañuelo verde que identifica a la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, una de las reivindicaciones más urgentes que el movimiento de mujeres de Argentina viene exigiendo.

Fue un momento muy emocionante por la situación en sí, de estar en tierras de revolución, y porque cuando una de las comandantas vio el pañuelo dijo: “Ni una menos”. Y Ni una menos es otra de las reivindicaciones que las mujeres de Argentina llevamos adelante por la alta tasa de femicidios que padecemos.

Ni una menos en las palabras de esa compañera es el reflejo del trabajo que viene llevado adelante el movimiento de mujeres kurdas en América Latina. En ese Ni una menos se sintió el abrazo del internacionalismo. Las causas por las que luchamos las mujeres son las causas de todas las mujeres oprimidas del mundo. La libertad por la que luchamos es la libertad de todas las mujeres del mundo.

Si algo aprendí en esa tierra de montañas y revolución, es que la tarea es poder dar una lucha universal contra el patriarcado y el capitalismo, una lucha que trasciende las fronteras, que nos hermana, acá, allá, donde estemos. Que lo que nos hermana no es solo lo que como mujeres padecemos en esta sociedad patriarcal. Lo que nos hermana es que queremos construir una sociedad diferente, una sociedad libre, donde podamos preguntarnos cómo queremos vivir, qué hay que hacer y por dónde debemos empezar.

Cuando estuve allí conocí a muchas mujeres que se sumaban a esta lucha. Pude ver el internacionalismo en su hacer cotidiano, en su  materialidad. Ya muchas conocíamos el enorme trabajo realizado por la queridísima Leguerin o Alina Sánchez. No hubo un solo lugar, una sola persona que no me haya compartido una anécdota, un sentir respecto de Alina y de su trabajo tan necesario allí. La encontré en todos los lugares donde estuve sin excepción.

Me parece fundamental destacar que cuando estuve allí me di cuenta que esa revolución estaba en todo el pueblo, que esa ideología que se respira en los vientos de la montaña había tenido la capacidad de transmitirse hacia todos lados, que el Confederalismo Democrático había puesto en jaque entre otras cosas la mentalidad patriarcal. Un ejemplo gráfico de esto me sucedió en una cooperativa de costuras en la ciudad de Shengal, donde habita el pueblo yezidi, pueblo antiquísimo que ha padecido 74 genocidios, el último en manos del ISIS. Hablando con una de las mujeres de la cooperativa, que fue liberada por las fuerzas de autodefensa kurdas, me cuenta el terrible padecimiento sufrido y luego dice: “Pero desde que conocí al movimiento de mujeres de Kurdistán supe que ningún hombre tiene que decirme cómo tengo que vivir”. La frase de ella, tan contundente en ese rostro marcado que hablaba del horror vivido, me dio la certeza de que la revolución late en todo el pueblo. Me dije a mí misma “Acá esta, esta es la revolución, late aquí, en todas las mujeres de este pueblo y ya no hay forma de volver atrás”.

Esta revolución tiene que ver con una forma de mirar el mundo para todas y de pensar que tenemos que organizarnos en una lucha unificada. Las fronteras son imposiciones de los Estados, no de los pueblos. Si somos capaces de transformar nuestra mentalidad, si somos capaces de cuestionarnos de qué modo queremos vivir, cómo hacer y por dónde empezar,  si somos capaces de unir las luchas de todos nuestros pueblos, nada podrá detenernos ni doblegarnos. Podremos caer mil veces, pero mil veces nos levantaremos. Basta ver lo que las mujeres en el Kurdistán construyen frente a todas las adversidades, frente a Estados terroristas, como el Estado Turco, para saber que nada, absolutamente nada puede contra la voluntad de un pueblo a resistir. Como dijo Ocallan (líder del pueblo kurdo preso en las cárceles de Turquía desde 1999), y como lo materializan las compañeras, “la esperanza es más valiosa que la victoria”.

Esta revolución que están construyendo puede aportar a la transformación de América Latina y de otros lugares del mundo, así como la tradición de lucha de nuestros pueblos latinoamericanos aporta a la de ellas. Esta revolución que están construyendo cambió la vida de miles de mujeres y también, sin ninguna duda, la mía.

(*)Es fotoperiodista, reportera gráfica, docente y documentalista. Actualmente trabaja en el diario La Capital de Rosario. Estuvo en las montañas de Kurdistán, Rojava (Kurdistán sirio), Shengal y Makmur (Kurdistán iraquí) entre octubre y noviembre de 2018.

 

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