Las canciones de María Elena Walsh nos acompañaron durante todas nuestras vidas. Nuestros viejos las usaban de arrorró y nosotros hicimos lo mismo con nuestros hijos.

Ante un nuevo aniversario de su llegada a este mundo, Maia Basso y Gabriel Schubert decidieron que había que rendirle un merecido homenaje reversionando algunas de sus más recordadas piezas musicales.

Con un sonido de fondo que sus creadores atribuyen al «universo sonoro de las primeras consolas de video juegos», pero que también nos puede transportar a las siestas de la infancia barrial y a la melodía de churreros o heladeros según la estación anual de turno, se van sucediendo esas letras de las que nos apropiamos en nuestra más tierna edad y a las que llegamos a comprender y a valorar a medida que fuimos creciendo.

Así, con una continuidad que invita a dar play y relajarse, viajamos por el tiempo mirando por la ventanilla del último tranvía y nos empatizamos con la mona Jacinta que se peina y se peina y quiere ser reina. Entendimos la trascendencia de mantener viva la memoria en el país de nomeacuerdo y se nos desgarró el corazón con la tercera bala de la escopetita verde que dejó viuda a la pájara Pinta y con las pájaros muertos de miedo en los castillos que se quedaron solos, sin princesas ni caballeros.

Pero también jugamos al adivinador adivina y pedimos de regalo, como Osías el osito, una pelota que haga gol. Nos bañamos en un charquito, como la luna en camisón; y fuimos felices y aprendimos, como el jardinero, que una nuez, arrugada y viejita puede ofrecer mucha, mucha, mucha miel.

Y lo más loco es que en este disco, bautizado simplemente María (y que arranca ¿capricho del destino en estos tiempos que corren? con la vacuna de la luna lu) esas canciones que supuestamente sabemos todos (Manuelita, Tomar el té, El reino del revés, El Jacarandá, La vaca estudiosa y La reina batata), aparecen de manera instrumental y se convierten en puentes. Puentes que nos invitan a cruzarlos cantando, tarareando, riendo, llorando, un poquito caminando y otro poquitito a pie.

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