En el mes del nacimiento de Diego Armando Maradona, la periodista y escritora Gabriela Saidon publicó un libro que se propone deconstruir la figura del astro del fútbol mundial. Feminismo, contradicciones y los orígenes de esa estampita humana.

La imagen del más grande futbolista de todos los tiempos se sigue apareciendo por todas partes. Y más cuando se acercan fechas patrias como el 20 de octubre –día en que debutó, en 1976 y pronto a cumplir 16 años, en la Primera de Argentinos Juniors–, o el 30 de este mismo mes, en el que se conmemora su irrupción en la Tierra, allá por 1960. Y lo mismo ocurrirá, incluso con mucha más intensidad, cuando el 25 de noviembre se cumpla el primer aniversario de su “pase” a la inmortalidad. Gabriela Saidon, periodista, comunicadora social y “muy maradoniana” pese a ser “poco futbolera”, acaba de lanzar Superdios. La construcción de Maradona como santo laico, libro con el que de alguna manera continúa hurgando en la historia de deidades urbanísticas, ruteras, como el Gauchito Gil y la Difunta Correa, a quienes retrató en una publicación anterior.

Mi único héroe

Hace una década, dos figuras míticas paganas tiraron paredes en Santos ruteros. De la Difunta Correa al Gauchito Gil. “Y cuando murió el Diego –cuenta la autora de ese libro–, algunas personas que lo habían leído me empezaron a preguntar si yo no veía en él al nuevo santo de las rutas, porque lo mío iba por ahí, sobre los altares ruteros”. Así que puso manos y cabeza a la obra, y salió Superdios. “Yo me empecé a preguntar lo mismo, y sobre todo qué clase de santo iba a hacer o qué clase de santo era. Empecé a pensar en Maradona como un hombre santificado en vida, cómo lo habíamos endiosado, desde el periodismo, desde la academia, y también desde el pueblo”.

Ya con la jugada en la cabeza, y luego volcada a las páginas, Saidon concluye en que “esta idea de Superdios, que no sólo es santo, no sólo es Dios, sino que también es un superhéroe, un héroe griego, tiene como un montón de características propias, pero también muchas que le pusimos, una vara alta que le pusimos”.

La escritora también en Qué pasó con todos nosotros, Memorias de una chica normal, Cautivas y La montonera (Biografía de Norma Arrostito), entre otros, sostiene que este nuevo trabajo “viene de alguna manera a echar luz, porque hay una lectura desde esta idea de qué manera lo convertimos en un santo en vida y cómo fue ese camino recorrido”, y sigue: “No es sólo un libro que hable de la cuestión feminista. Habla de su vida y cómo se engancha su vida con esto del héroe, del camino del héroe. Hay como una cosa más ensayista, cómo los antropólogos lo leyeron a Diego”.

Si querés llorar, llorá

Entre el arsenal de libros escritos sobre Diego Armando Maradona, a lo largo y ancho del planeta, son contados con los dedos de una mano los que llevan la firma de mujeres. Dalma, su hija mayor, lanzó en 2013 Hija de D10S. No es el Diego, es mi papá; y mucho más adelante –en octubre de 2020– salió Todo Diego es político, capitaneado por Bárbara Pistoia, y diez ensayistas más. “Me parece que esa también es una luz diferente la que podemos aportar las mujeres en un mundo muy masculino como el fútbol de varones”, dice Saidon, que en el noveno capítulo de su flamante obra se pregunta ¿Se puede ser feminista y amar a Maradona? “Estuve muy atenta a toda la polémica que se armó con esto de los feminismos, cuando murió en noviembre pasado. El debate en su momento era si podíamos llorar a Maradona, porque había sido un machirulo, machista, patriarcal, la cagó a Claudia toda la vida”, y podría seguir. Pero se detiene, porque días atrás salió a la luz el noviazgo de Maradona durante su estadía en Cuba, con una menor de edad llamada Mavys Álvarez, cuyo testimonio recorrió todos los medios del país. “Cuando yo escribí el libro todavía no había salido lo de las acusaciones de quien fue su novia en Cuba, que era menor y que se sumaría a ese capítulo”, admite Gabriela.

Foto: Alejandra López

“Desde que entrevistaron a la chica cubana empecé a pensar si me cambiaba la visión que yo me hice de Maradona, si me cambiaba algo del libro”, reconoce que se planteó. “Y pienso que no, porque en el libro, todas estas cuestiones de pensarlo desde los feminismos está”, se responde. 

En este sentido, la autora de Yo me hice feminista en el exilio, El camino de las hormigas, La reina. El gran sueño de Belgrano, remarca que “a la conclusión que llego es que hay que atravesar estas miradas desde la mirada de clase”. Y se explaya: “Hay que tener en cuenta de dónde sale Maradona, que era un pibe de la villa, y adónde llega: a Dubai. Y no sólo a ser el mejor jugador del mundo, sino a cambiar de clase él también”. Además, agrega que “tampoco tuvo ESI en la escuela”, aunque deja en claro: “Y con esto no lo estoy justificando, hizo cosas que están mal (de hecho, en el libro describo el maltrato que tuvo con Rocío Oliva). No es para justificar, sino para comprenderlo”.

Las contradicciones siempre al 10

“Maradona era como un manojo de contradicciones. Pusimos en él nuestras propias contradicciones, total él quedó expuesto”, analiza de entrada Gabriela Saidon, y aclara: “Igual, con el tema de las contradicciones, creo que él no las tenía, son impuestas”.

Esta porteña y Licenciada en Letras, escritora en varios géneros literarios (biografía, crónica, ensayo, cuentos, novela, poesía) y que se dio el lujo de hacer un taller literario a cargo de Abelardo Castillo, grafica en las páginas de su última publicación que el Pelusa “quedó como con una fractura expuesta, como si él quedara en carne viva y entonces ahí le depositamos todo: las propias adicciones, los consumos problemáticos, con las cuestiones de género, con las de clase, con las de pareja, y se lo tiramos todo a él como si fuese una bolsa receptora de todas las contradicciones que también son nuestras”.

La novelista y ensayista también se mete en la eterna polémica de separar o no al artista de su obra. “Esto también lo hablo: yo por ejemplo no puedo ver más películas de Woody Allen, y tampoco de Polanski porque era un violador”, confiesa, pero dice, convencida: “Voy a seguir viendo un video de Maradona, o a escribir este libro, porque ahí están las propias contradicciones, qué cancelamos y qué no. Y cómo nos pega en nuestra propia biografía un artista, que él también lo fue”.

“Yo soy mujer, no muy futbolera –se define– y sin embargo comparto un montón de cuestiones con Maradona, que me atraviesan desde lo generacional, del país y del pueblo al que pertenece. Lo de separar la obra del hombre me sigue haciendo ruido”.

D10S mío

Gabriela Saidon andaba por los Estados Unidos en junio de 1994 en el momento justo en que a Diego Maradona lo sacaban de la mano de una enfermera rubia para cortarle las piernas. “No estaba en el Mundial, pero estaba allá en ese momento cubriendo otra cosa periodísticamente y por mi ex (que es fotógrafo y lo cubrió) me llegaba la información fresca”, recuerda. También estaba, en una noche de 2005, en el estudio televisivo de Canal 13 en el que Diego conducía su programa La noche del 10. “Ahí lo conocí, y lo cuento en el libro, porque mientras trabajaba en Clarín, en la parte de espectáculos, me mandaron a cubrir ese programa de tele, y me tocó estar en el estudio justo el día que lo entrevistó a Charly García, a quién yo ya había entrevistado”.

Por eso, la escritora se suma al popular cantito tribunero de la hinchada del Nápoli que reza “ho visto Maradona”, y lo vuelca en el libro: “Cuento esa anécdota, yo también lo vi y lo conocí, y lo vi en persona y puedo sacar ese carnet de la iglesia maradoniana”, dice entre risas, y sigue: “¡Encima verlo con Charly! y ese día Vicentico estaba cantando Matador desde una tarima, y también estaba Cristian Castro, que no me gusta (más risas) pero bueno, estaba”.

De su ex matrimonio con el reportero gráfico deportivo se acercó a la figura del más grande de todos los tiempos. “En mi casa, como en la de muchos argentinos, pero por esto en particular en la mía, Diego estaba como muy presente, era parte de las fiestas, tema de la mesa familiar, todo el mundo le preguntaba a mi ex cosas de Maradona, tenía una camiseta firmada por Diego, era una presencia permanente”. Su amor incondicional por el mejor capitán de la Selección y campeón del mundo, sigue vigente: “Cuando murió me di cuenta todo lo que me había llegado”.

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