Era 1962. Amanda se enteró que en Fisherton se armaba una escuela innovadora. Piloteaba esa idea la profesora Silvana Sandri de Méndez. No dudó y se presentó al concurso requerido para dar clases allí. Tremenda sorpresa se llevó al enterarse que en el jurado estaban Olga Cossettini y Rosita Ziperovich, dos educadoras que hacía rato cosechaban fuerte respeto y admiración en la docencia.

Para pasar la prueba requerida había que hacerlo con un seudónimo. Amanda escribió “Coquena”. “Viste cómo éramos de tontas en aquella época, teníamos 20 años y andábamos con los duendecitos y esas cosas”, confió la maestra nacida en Rosario y alumna de las Cossettini, en una entrevista para las publicaciones Femimasa.

Ni a Olga ni a Rosita les pareció tonta la idea de que quisiera identificarse con aquel ser mitológico, que habita la Puna, es un celoso guardián de la fauna del lugar, entiende la justicia para el lado de los más necesitados y está siempre alerta para defender lo suyo, que en definitiva es lo colectivo. Se lo hicieron saber: “Su trabajo es normal, nos gustó el seudónimo elegido”.  Amanda ingresó a la escuela de Fisherton, tomó un primer grado y trabajó allí hasta 1988.

Pero su historia ligada a la educación arranca ya en el primer día de clases de su primer grado, en una escuelita de Río Cuarto. Llegó tarde a clases, la maestra la mandó al fondo como “para que aprenda”, en el camino una nena -que recuerda, tal como la describió Amanda, a la Etelvina de Señorita Maestra– se le burló en la cara. Conclusión: llegó el recreo, se escapó y volvió a su casa. Desconcertados con la decisión de su pequeña hija de siete años, sus padres decidieron no mandarla más.

Amanda dice que tuvo “una suerte enorme” y fue “un regalo de la vida”, que al año siguiente su familia se trasladara otra vez a Rosario y la anotaran en la escuela del barrio, la de la Señorita Olga. Se ríe al recordarse como una especie de Blancanieves y los siete enanitos por lo alta que era para su edad. Pero Olga Cossettini, directora de la Escuela Carrasco, la invitó a leer en voz alta, y sin tanta vuelta la inscribió en primero superior. Amanda tenía su primera lección de qué es educar en la diversidad y mirar a cada niña y niño en su historia.

Hizo su secundario en la Normal N°1 donde se graduó de maestra normal nacional, cursó dos años más y se recibió de profesora de jardín de infantes. A la par aprendió de grandes maestras y maestros, como el querido Rubén Naranjo. Su tarea educadora no quedó en las aulas, aprendió a transformarla y a ejercerla en todos los lugares que habita, después de todo eso es lo que también hace de la educación un acto político.

Mientras vivió en Suiza conoció de cerca la vida y obra del médico y maestro polaco Janusz Korczak, que muere en manos del nazismo junto a más de 200 niños judíos que tenía a su cargo. Esa historia la conoce Rubén Naranjo y la escribe en un libro indispensable: Janusz Korzack: Maestro de la humanidad. En Perú se contacta y trabaja con el Movimiento Fe y Alegría, de educación popular.

Como para Amanda los verbos enseñar y aprender van siempre de la mano, se abrazan para enriquecerse uno a otro, sus clases ahora las da en la Biblioteca Popular Alberdi y en la Red Cossettini -que ya va por sus 20 años-, una especie de llamado a las maestras a no ser como las Cossettini, pero sí a recrear la experiencia pedagógica de entender la educación siempre como un derecho. Y para eso hay que dar lo mejor. También enseña en la vida pública, solidarizándose con los reclamos sociales.

Unos años antes de la pandemia, Amanda y un grupo entusiastas de docentes, estudiantes, curiosas y curiosos se encontraron en Chiclana 345 de barrio Alberdi, donde está la casa de Olga y Leticia. Era parte de un encuentro de la Red. Era septiembre, sábado a la tarde y el sol invitaba a estar en el patio. Había mate, tortas caseras y sobrevolaban las mariposas. Una se quedó dando vueltas alrededor de la charla más que las otras. Hasta que alguien sugirió el nombre de Olga, su presencia. Una risa cómplice ganó la escena. La charla siguió su curso. Así de mágico puede ser también el intercambio de aprendizajes cuando la imaginación siempre está convidada a participar.

Este jueves 26 de mayo, a las 18, el Concejo Municipal de Rosario reconocerá a Amanda Paccotti como “Ciudadana distinguida de la ciudad de Rosario” (en el recinto de sesiones, de Córdoba 501). También estarán Coquenas y mariposas acompañando a la maestra de Alberdi.

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Flor de maestra

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