A poco más de dos semanas de las Paso para la presidencia y legisladores nacionales el vínculo entre el Estado argentino y el FMI copó el devenir de la campaña electoral y generó posicionamientos al respecto hasta hace poco impensados, sobre todo el de Horacio Rodríguez Larreta, uno de los postulantes de Juntos por el Cambio, que salió a diferenciarse de su rival interna, Patricia Bullrich, quien llegó a proponer volver a impulsar un “blindaje”, es decir volver a pedir un préstamo al organismo internacional como intentó el gobierno de Fernando de la Rúa antes de pirar volando de la Casa Rosada.

“No coincido en volver a hacer un blindaje como hizo De la Rúa. No coincido. ¿Vamos a ir a pedirle otro préstamo más al Fondo Monetario? ¿Esas son las soluciones? Seamos realistas. Hay que negociar un plan de desarrollo sostenible, para pagar con el mejor plazo y la menor tasa (de interés)”. Estas frases no fueron pronunciadas por Sergio Massa, el precandidato del frente peronista, que comenzó a expresarse más o menos en el mismo sentido desde hace unas semanas. Fueron dichas, sin que le tiemblen las manos, por Rodríguez Larreta, que lógicamente obvió recordar que fue uno de los sostenes del gobierno de Mauricio Macri, que sí hizo esto que él ahora dice que no hay que hacer porque si se hace se puede terminar como De la Rúa.

“El FMI no es un problema”, matizó después el actual jefe de gobierno porteño, en tren de suavizar su evidente viraje discursivo, que lo llevó hasta esto de admitir que el organismo internacional no será un problema, ponele, pero para nada es la solución.

También Massa completó todo un viraje al empezar a mostrar aunque sea un poco los dientes al Fondo. Y todo indica que le es útil para sostenerse como protagonista principal de la campaña electoral en curso, en la que le toca esto tan novedoso y complejo de ser candidato y cuasi presidente a la vez.

Virajes de por medio, ¿cómo no dudar de lo genuino y sostenible en el tiempo de las posturas de ambos? A la vez, ¿cómo no valorar que, más allá de la sinceridad y credibilidad de sus emisores, esto de la necesidad de replantear las cosas con el Fondo para no repetir lo de De la Rúa salga de boca de dos de los precandidatos en principio más taquilleros del momento? Al mismo tiempo, ¿cómo no señalar que la que incidió claramente en volver a correr el velo sobre la oscura y profunda incidencia del Fondo y sus recetas de ajuste en la realidad del país fue Cristina Fernández de Kirchner? Por fin, ¿cómo no atribuir a Cristina el lugar de por lo menos una de las referentes políticas de la Argentina más atenta a las necesidades y problemáticas de las mayorías y más coherente y precisa a la hora de esbozar caminos para resolver esas necesidades y problemáticas, en función de los devenires de la relación de fuerzas del momento?

Lo que vale repasar también es que la propia Cristina dice que con su capacidad dirigencial puede alcanzar, tal vez, para estas cosas como instalar precandidatos y ejes de campaña válidos para revertir sensaciones de derrota inevitable, incluso para lograr una nueva victoria electoral. Pero no alcanza para establecer relaciones de fuerza más acordes a la gravedad de la situación a las que nos llevaron las políticas del Fondo estos últimos años. Para liberar a un pueblo de opresiones, hace falta un pueblo más organizado y firme en la defensa de sus derechos y su identidad histórica, más consciente de la importancia de “votar bien” pero también de que un triunfo en las urnas puede servir muy poco para avanzar en las cuestiones de Fondo.

Nota publicada en la edición impresa del semanario El Eslabón del 29/07/23

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