Shhhh! Shhhh! Duerme la niña que era.

Shhhh! Shhh!

Duerme la niña que era en plena calle.

Debajo de ella, los adoquines bebieron sangre y por encima, los bordes de los aviones juegan a ser un dios rasante.

Shhh! Shhh! Shhh!

Duerme la niña que era, en un mundo que no era.

Ni para ella ni para nadie. 

Duermen pacientes las ganas.

Y no despierta la gente.

Duerme profundo el mañana y duelen los pájaros inertes.

Este es un sueño que nunca tuve. Uno donde el fuego no cobija, es sinónimo de frontera. Tus fronteras no sirven.

Tus fronteras se queman. Las tuyas, las mías las que forman los adoquines donde duerme la nena.

Qué mal estaremos pagando, cuánto durará esta pena. 

Duermen los sentidos, la justicia, mientras la tierra se envenena. 

Se doblan todos los edificios, se retuercen los fierros y ondean los fuegos y el hambre como bandera.

Siento envidia por la niña. La esperanza le es ajena. Su pelito va trazando laberinto entre esas piedras.

Su vestidito ajado, comido por la tierra, habla de las causas que no son causas ante esta  justicia ciega.

Ella sólo quiso tocar el cielo, el silbido de los misiles y todas las balas errantes la dejaron sin mañana, sin juguetes, sin fronteras.

Shhhh. Shhhh.

Tu marcha agitada te impide ver la rayuela sangrante que se dibuja en el suelo, tu indiferencia es el daño colateral, la nena es un crimen olvidado que no se entierra.

Tu silencio es la complicidad de aquellos que son dueños de los orgasmos mientras juegan a  la guerra…

Shhh! Shhh!

 

Ojos en la plaza

Ojos en la plaza. En los cerros.

Ojos en mi acto mínimo de libertad 

Ojos que juzgan y disparan en cualquier calle o cañaveral

Son las sombras de los ricos, del tranza y el general

Son perros al servicio de una prospera mortalidad

 

Venga y vea cómo esperan a algún facho de manual

Que le afloje la correa pa’ que puedan caranchear

Con la espuma en la boca de tanto tener que esperar

ahí andan disfrazados de justicia vecinal

Piden coimas, sobornos, cometas o peajes

pa’ salvarte el pelaje y fingir no disparar

 

Azul y negro, azul y negro parece ser el final

La policía no entiende que los castigos más fuertes 

Y  las penas más crueles no duran una eternidad

Que el pueblo no tarda, que espera oportunidad

Que el mísero se comporte con algo de humanidad

 

Ojos apurados en las esquinas que ven a los niños pasar

Que indagan, que escudriñan, en sus cuerpitos marrones

Una pista malhechora de dudosa moralidad

Es que esos perros no saben de qué se trata la lealtad

Ladran, asustan y apuntan. Matan todo lo que reclama

Pibe. Hombre, viejo, dama y le llaman seguridad.

 

Si corrés te disparan, te tiran si los mirás 

Ellos defienden a los dueños de esta inmensa impunidad

Tierra mía, tierra mía. Teñida de oscuridad

Porque la sangre siempre es nuestra 

Porque es un crimen protestar 

Mientras ellos se desbocan, pegan matan o persiguen

¡y le llaman libertad!

Publicado en el semanario El Eslabón del 28/3/26

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