Viaje circular
Observa cómo le acerca el libro, empujándolo apenas con la punta de los dedos sobre la mesa del bar. —¿Te gustó? —No pasé de la segunda hoja, es aburrido. —Y sí, Hesse puede ser un poco denso, se apresura conciliador. —Mañana me v
Observa cómo le acerca el libro, empujándolo apenas con la punta de los dedos sobre la mesa del bar. —¿Te gustó? —No pasé de la segunda hoja, es aburrido. —Y sí, Hesse puede ser un poco denso, se apresura conciliador. —Mañana me v
Sintió ruido de motor, como el de un colectivo. Giró la cabeza y vio que lo tenía casi a la par. Corrió hasta la parada que estaba a unos treinta metros delante de él. El colectivo frenó. Los pasajeros comenzaron a subir. El Rana
Yo no sé, no. Esa tarde Graciela y Laura tenían una sonrisa de oreja a oreja. Andaban con una palita y un rastrillo. “Nos vamos para la canchita. La vamos a limpiar”, dijeron. Querían sacar todas las malezas que frenaban la pelota
La prisión de Pankrác tenía una arquitectura extraña, que me obligaba a sucumbir a reminiscencias desconocidas. Las antiguas paredes de concreto obligaban a los prisioneros a reconocer que eran hijos de un pasado, que su existenci
El canillita pasa siempre bien temprano por nuestra calle. Anuncia a viva voz sus diarios. Casi siempre coincide con el momento en que salgo con mi cartera de cuero marrón rumbo a la escuela. Una vez mamá me dijo que sus gritos er
Caminé hacia el portón de ingreso por calle Rueda. El guardia, al verme, abrió la puerta pequeña. No sabía mi nombre, nunca me había saludado, pero me conocía. «Me toca cubrir el turno tarde», dije. Él no respondió nada, sólo asin
El abuelo siempre nos estaba enseñando cosas, muchas, de las buenas y de las otras. Mamá cada tanto lo cagaba a pedos y argumentaba que éramos chicos, que no ves que eso lo van a querer hacer cuando estén solos, que se van a lasti
El cuerpo estaba tirado de costado al final de la escalera que iba a la terraza. “Dale, ¿qué te creés que somos CSI Miami, pelotudo?”, le dijo su propio hermano, esbozando una sonrisa que se debatía entre lo jocoso y la desilusió
Shhhh! Shhhh! Duerme la niña que era. Shhhh! Shhh! Duerme la niña que era en plena calle. Debajo de ella, los adoquines bebieron sangre y por encima, los bordes de los aviones juegan a ser un dios rasante. Shhh! Shhh! Shhh! Duerme
—¿Te vas? —preguntó Luis. Vanesa no respondió. Estaba de espaldas abrochándose el corpiño frente al espejo. Desde ahí podía ver a Luis que estaba desnudo. Desparramado sobre la cama, de costado y sosteniéndose la cabeza con toda l