Biología
La prisión de Pankrác tenía una arquitectura extraña, que me obligaba a sucumbir a reminiscencias desconocidas. Las antiguas paredes de concreto obligaban a los prisioneros a reconocer que eran hijos de un pasado, que su existenci
La prisión de Pankrác tenía una arquitectura extraña, que me obligaba a sucumbir a reminiscencias desconocidas. Las antiguas paredes de concreto obligaban a los prisioneros a reconocer que eran hijos de un pasado, que su existenci
El canillita pasa siempre bien temprano por nuestra calle. Anuncia a viva voz sus diarios. Casi siempre coincide con el momento en que salgo con mi cartera de cuero marrón rumbo a la escuela. Una vez mamá me dijo que sus gritos er
Caminé hacia el portón de ingreso por calle Rueda. El guardia, al verme, abrió la puerta pequeña. No sabía mi nombre, nunca me había saludado, pero me conocía. «Me toca cubrir el turno tarde», dije. Él no respondió nada, sólo asin
El abuelo siempre nos estaba enseñando cosas, muchas, de las buenas y de las otras. Mamá cada tanto lo cagaba a pedos y argumentaba que éramos chicos, que no ves que eso lo van a querer hacer cuando estén solos, que se van a lasti
El cuerpo estaba tirado de costado al final de la escalera que iba a la terraza. “Dale, ¿qué te creés que somos CSI Miami, pelotudo?”, le dijo su propio hermano, esbozando una sonrisa que se debatía entre lo jocoso y la desilusió
Shhhh! Shhhh! Duerme la niña que era. Shhhh! Shhh! Duerme la niña que era en plena calle. Debajo de ella, los adoquines bebieron sangre y por encima, los bordes de los aviones juegan a ser un dios rasante. Shhh! Shhh! Shhh! Duerme
—¿Te vas? —preguntó Luis. Vanesa no respondió. Estaba de espaldas abrochándose el corpiño frente al espejo. Desde ahí podía ver a Luis que estaba desnudo. Desparramado sobre la cama, de costado y sosteniéndose la cabeza con toda l
Mi abuela nos había llevado a mis primos y a mí a la costanera. Siempre íbamos a la costanera, porque nos quedaba cerca y porque era barato. Gratuito. En aquel tiempo mis primos eran dos. Ahora son ninguno. Pero eran dos; Joel, el
I. No me mordías, acercabas un fruto para que oliera, mi cazador sin garras. Mientras te amé fui una avispa polinizadora, hilé la dulzura para que llegues con la lengua suave y escarbaste, murciélago de la fruta. Mientras te amé f
Adela no sabía que un marido hace eso a su mujer. Era la mayor de varios hermanos. Ella tenía quince años y el hombre la doblaba en edad y en corpulencia. Amigo de su padre, resolvieron el matrimonio el mismo día en que se asocia