La gente se volcó a las calles a pesar de la derrota. Fue casi un mes en donde un país castigado tuvo un incentivo de alegría en medio de tanta derrota popular y entrega de sus derechos. Entre lágrimas y agradecimientos.
El Mundial le dio a las y los argentinos un aire fresco en medio de tantas pálidas y la magia de Leonel Messi inspiró otra vez la admiración de todo un país.

Luego de una campaña vibrante con la eliminación de Inglaterra incluida, la final fue dolorosa por la falta de juego, pero el equipo volvió a mostrar coraje y aún en inferioridad de condiciones estuvo cerca de empatar en los últimos minutos.

La pena fue grande pero en todo el país, también en Rosario, la gente salió a gritar por Argentina, a modo de agradecimiento, por todo lo vivido en estos últimos días.

La gran victoria fue la identificación popular con este equipo, la vuelta al amor por los colores de un país avasallado por los poderes corporativos y chupasangres del mundo, que tuvo la rebeldía de enrostrarle a los piratas que la sangre derramada no se olvida, que la Malvinas fueron, son y serán argentinas.

Con la pasión en carne vivia, entre la tristeza y el reconocimiento luego de la derrota ente España, los cánticos y los fuegos artificiales se fueron apagando con el correr de las horas.

Se terminó una ilusión pero renacerá otra. Como decía un catalán: Y con la resaca a cuestas, vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas.



