El sábado 8, en la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil, habrá una rueda de lecturas del libro Suéter punto garbanzo, de Gabriel Caciorgna. Poemas escritos a flor de piel tras la explosión del edificio de Salta 2141.

El 6 de agosto de 2013 la ciudad tembló. Gabriel Caciorgna estaba trabajando como todas las mañanas en los tribunales provinciales y sintió una explosión. Imaginó que tenía que ver con alguna manifestación, artefactos de pirotecnia, hasta que algunos compañeros empezaron a hablar de una caldera, en la zona de Oroño y Tucumán. Gabriel pensó inmediatamente en sus primas, que vivían en un departamento de Salta al 2100 y le venían comentando de inconvenientes en la red de gas e incluso, en un par de ocasiones, se habían ido a bañar a su casa. Cuando logró comunicarse con una de ellas escuchó la peor de las noticias: el edificio había explotado y María Emilia estaba adentro.

Tras la búsqueda incesante por hospitales y efectores de salud, la incertidumbre y la desesperación, les comunicaron que habían encontrado sus restos. En medio del duelo y sumergido en una historia que atravesaba a la ciudad entera, Gabriel empezó a escribir. Y aunque lo venía haciendo desde siempre pero nunca pensando en publicar, allí nació Suéter punto garbanzo, poemario que el próximo sábado 8 de agosto, en el marco de un nuevo aniversario de la tragedia que se cobró la vida de 22 personas, será revisitado en una rueda de lecturas en la Vigil, cuya editorial le dio vida al libro allá por 2023. Será a las 10.30, con entrada libre y gratuita, en la biblioteca de Alem 3078.

“Esta publicación tiene ese sentido de acompañar y de dejar un testimonio porque no se ha escrito tanto de calle Salta, fuera de las crónicas periodísticas. Y tiene también un sentido de reparación frente al desastre que fue la causa judicial y su desenlace”, señala el autor.

Poner en palabras

“Escribo desde siempre, desde que era chico, pero nunca publicar fue un horizonte, una inquietud mía, más allá de lo que subo a mis redes sociales”, comienza diciendo Gabriel Caciorgna en diálogo con El Eslabón, y se explaya: “Concretamente lo que pasó con Suéter punto garbanzo es que fue un conjunto de poemas que empecé a escribir después de la explosión de calle Salta, yo creo que desde el día siguiente que estoy escribiendo, a veces más seguido, a veces más espaciado, pero nunca pensando en publicar. En 2018 participé de un taller con Carolina Musa y le dejé los poemas a ella pese a que en esa instancia del taller fundamentalmente leíamos a otros autores más que tener producción propia. Y después en 2023 hice una clínica de texto con Beatriz Vignoli y de alguna manera fue ella la que insistió y me convenció de publicarlos”.

“Lo más curioso de todo –sigue– es que por esos días me escribió Caro diciéndome que querían publicar el poemario con la editorial de la Vigil y yo en 2013, unos meses antes de la tragedia, había entrado a colaborar en la Vigil, incluso había ocupado el cargo de secretario. Entonces, en cierto modo, para mí también tiene ese significado especial que el libro sea de la editorial Vigil, que también habla de un proceso de reconstrucción”.

En ese sentido, remarca que “en lo personal, si se quiere, se me ensamblaron esos dos procesos internos, estar colaborando en Vigil, que es un edificio que ha resurgido de las ruinas, que en el medio pase lo de calle Salta y que el libro sea editado por la Biblioteca”. 

 

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“El libro se llama así porque en realidad la idea central, lo que verdaderamente lo inspira, es la insuficiencia del lenguaje –confiesa Caciorgna–. Esa noción de que el lenguaje frente a determinadas situaciones nunca alcanza y cualquier cosa que se diga va a ser insuficiente, no va a remediar nada. Entonces es un título elegido al azar en función de un recuerdo que yo tengo de ese día en que estuve toda esa mañana ahí buscando en medio de esa torre de escombros y de cosas, y en algún momento tengo el registro de haber visto una hoja que decía «suéter garbanzo». Más que nada es rescatar esa musicalidad porque en realidad en sí el sentido de las palabras no alcanzaría”.

“Y aunque creo que el lenguaje por un lado es insuficiente, a la vez es, para muchos, lo único que tenemos, sobre todo en situaciones extremas”, subraya, y agrega: “Jorge Alemán tiene un poema que escribe en pandemia (y no es casual que yo al libro le termine de dar forma en pandemia porque fue un detonante de un montón de cuestiones), que se llama Pandemonium y que dice algo así como «todos hablarán y nadie dirá nada de todo este desastre». Frente a este hecho creo que en algún momento me convencí de que era importante que quedara esta suerte de voz o de testimonio y de ahí la publicación del libro”.

Antes de despedirse, Gabriel remarca cómo en su caso “lo personal, lo individual, se mezcló con lo colectivo”. “Fue un duelo muy difícil de hacer –confiesa–. Siempre digo que la persona que está en duelo es una persona que piensa distinto. Por momentos no piensa, por momentos desvaría, por momentos se acelera, por momentos se desacelera. A veces, cuando uno está duelando, la estrategia que tiene es juntarse con gente que está en otra, para tratar de que todo sea menos intolerante, más soportable. Pero acá, la ciudad no hablaba de otra cosa entonces no había otra posibilidad. Fue muy difícil y a la vez esto de que se mezcló lo personal con lo colectivo”.

“Y creo que esta publicación –concluye– responde de alguna manera a todo eso, tiene ese sentido de acompañar y de dejar un testimonio y a la vez tiene también un sentido de reparación frente al desastre que fue la causa judicial y su desenlace”.

La rueda de lectura tendrá lugar el próximo sábado 8 de agosto, desde las 10.30, en la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil que tiene ingreso por Alem 3078.

Publicado en el semanario El Eslabón del 1/8/26

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