Al igual que en varias ciudades del mundo, y en simultáneo con Buenos Aires, se desarrolló este viernes en Rosario la Marcha de las Putas. A pesar del frío, más de trescientas personas se abrieron paso por las calles para decir, ante todo, “No es no”.

Concisa pero contundente, fue quizás una de las consignas fundamentales de esta marcha, en la que abundaron pancartas y banderas de todo signo y color político, y en la que se mezclaron jóvenes militantes y mujeres de todas las edades.

Desde la plaza San Martin hasta el Monumento a la Bandera, se entonaron diversos cantos como “Si no entendiste prestá atención, yo soy muy puta pero a vos te digo no”; “A ver, a ver, quién dirige la batuta, si los machistas o la Marcha de las Putas.” y "Alerta que camina, la Marcha de las Putas por América Latina", todos orientados a reivindicar la voluntad de las mujeres de decidir sobre su cuerpo y sus actos, ante la opresión de las instituciones sociales y culturales. 

La movilización, ambiciosa en su planteo original pero lograda y concurrida, sobre todo por diversos espacios de militancia, pretende extirpar la mala costumbre de las sociedades actuales de considerar a la mujer como blanco “natural” del acoso sexual, la violación y todo tipo de agresiones físicas y psicológicas, bajo la cobarde excusa de culpabilizar a la victima por cómo anda vestida, a qué hora, en qué lugares y bajo qué circunstancias, sola o acompañada. Es decir, para combatir (porque es posible) la cultura machista que encubre el acoso sexual, y dejando en claro que las agresiones sólo son responsabilidad de quienes las llevan a cabo y que "cuando una mujer dice que no, es categóricamente no".

En este sentido, no es casual que la movida lleve el nombre “puta”, palabra que este movimiento de escala planetaria se apropia y resignifica “porque muchas veces se utiliza como justificación ante ese tipo de agresiones", y "porque si entendemos por puta a una mujer que vive su vida haciendo uso de sus derechos y libertades, entonces putas somos todas”.

Las organizadoras, por si acaso, aclaran que “puta” no es tampoco un sinónimo de trabajadora sexual, ya que también se ejerce violencia cuando se lo usa como tal, y que por ese motivo se convocó a todas las personas, sin importar género, edad u ocupación.

En Rosario, la marcha surgió a partir del encuentro de jóvenes que tomaron la posta luego de enterarse de la existencia de la movilización en otras ciudades del mundo. Las redes sociales, sobre todo Facebook, fueron la estrategia para la convocatoria, incluso para abrir la discusión en diferentes ámbitos.

Brenda Bachella, joven estudiante de Comunicación Social e impulsora de la marcha local, expresó al término de la misma que "la movilización rosarina, a diferencia del resto, tuvo la particularidad de no haber sido organizada por ninguna agrupación política", aunque sí recibió el apoyo y la orientación de muchas de las mismas que "se acercaron y participaron".

La Marcha de las Putas Rosario contó con la adhesión de distintas organizaciones (no gubernamentales, sociales y políticas) como el Espacio de Géneros del Frente Popular Darío Santillán Rosario, Pan y Rosas, Colectivo Nosotras, Las Juanas, Alternativa Popular, Indeso Mujer, Insgenar, Asociación Vox, Red de Mujeres del Sur, Movimiento de Mujeres Voces en Rebeldía y los centros de estudiantes de las facultades de Psicología, Ciencia Política y Humanidades y Artes, e incluso obtuvo el apoyo oficial del Area de la Mujer de la Municipalidad, y de varios ediles de los bloques socialista y kirchnerista. 

Fotos: Javier García Alfaro
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