El Gato con botas labura con pibes de las inferiores canallas.
El Gato con botas labura con pibes de las inferiores canallas.

El hombre que más veces defendió el arco de Rosario Central y que cobró fama mundial por no haber podido detener el penal con el que Pelé llegó -según sus propias y dudosas estadísticas- a los mil goles, fue señalado por el recientemente condenado ex agente de inteligencia, Eduardo Tucu Costanzo, de haber integrado la Patota de Agustín Feced y, como si esto fuera poco, de ser partícipe en el operativo de secuestro y posterior asesinato de los militantes montoneros Osvaldo Cambiasso y Eduardo Pereyra Rossi. Andrada, a tres años de aquella acusación, continúa siendo coordinador de divisiones inferiores canallas en un complejo que la institución de Arroyito alquila en la zona sur de la ciudad y que, curiosamente, es conocido como Fábrica Militar.

Edgardo Norberto Andrada, que mucho antes de que la hinchada canalla lo bautizara El Gato por los llamativos y elásticos saltitos que pegaba en la previa de los partidos, fue apodado por sus compañeros de básquet de C.A.O.V.A como El Ciego “porque abría y cerraba los ojos constantemente”, y que después pasó a ser El Ratón, en épocas en que jugaba los torneos de fútbol de mayores, en Sol y Sombra, con apenas 15 años y un cuerpo diminuto, protagonizó a lo largo de su extensa carrera deportiva una verdadera galería de hechos curiosos.

En el partido de su debut como arquero profesional, el 15 de mayo de 1960, Central perdió dos a cero ante Racing, en el Gigante y cinco meses más tarde, ante el mismo rival, Andrada sufrió en carne propia la peor de las goleadas que le propinaron al equipo de Arroyito en toda su historia, cuando la “otra” Academia le ganó 11 a 3 al Canalla, en Avellaneda, y el Gato, con su ya característica vestimenta negra, se cansó de sacar la pelota del fondo de su valla.

Pese a padecer 58 goles en sus primeros 24 partidos, con el tiempo Andrada se transformó en el arquero que más encuentros disputó en Central (283) y marcó un verdadero hito con los 173 juegos consecutivos que lo tuvieron como titular. Además, el Gato era el guardameta en la mítica tarde en la que el Turco Orlando Antonio Espip, tras saltar de la tribuna al campo de juego, se convirtió en el primer hincha del mundo en evitar un gol contra su equipo.

Después de los nueve años casi ininterrumpidos en el arco de Central, Andrada fue vendido al Vasco Da Gama y recaló en Brasil, donde además de hacerse conocido en todo el planeta por sufrir el gol número mil de Pelé, fue naturalizado y hasta llegó a jugar con la “verde amarela” un partido a beneficio de Garrincha. El Gato, que disputó 35 partidos internacionales con la selección argentina, se anotó otra curiosidad más en el Campeonato Sudamericano (hoy Copa América) de 1963 que se jugó en Bolivia. En el decisivo choque ante el elenco local, que a la postre se quedaría con el trofeo, Andrada detuvo un penal pero se entretuvo tanto en el festejo con sus compañeros, que los locales ejecutaron el córner y aprovecharon para convertirle el gol.

A la vuelta de su excursión por tierras brasileñas, el ya experimentado golero integró el plantel de Colón de Santa Fe, entre 1977 a 1979, y luego pasó a Renato Cesarini, equipo con el que disputó dos Nacionales de Primera División y en el que terminó decidiendo, en 1983 y con 43 largos años de edad, su retiro definitivo de las canchas. Pero todos estos hechos, que de alguna manera le permitieron ganarse un nombre en el ambiente futbolero, se pincharon definitivamente cuando salió a la luz la oscura y secreta doble vida que había llevado.

Hay mucho olor a Gato

Los rumores sobre el oculto pasado de Andrada aparecieron en Rosario a principios de los noventa. Sin embargo, y a pesar de la denuncia judicial anónima que en 1997 recibió el magistrado Alberto Suárez Araujo en el Juzgado Federal de San Martín, en la que se aseguraba que el Gato había sido “agente secreto C-3 del Destacamento de Inteligencia de Rosario”, la cosa explotó en 2008 luego de que el ex agente de inteligencia Eduardo Costanzo lo incriminara, directa y públicamente, a través de los micrófonos de LT8.

En declaraciones formuladas al programa Trascendental, Costanzo aseveró que el Gato no sólo fue “agente del servicio de inteligencia de la dictadura”, y formó parte de la “patota que comandaba Feced”, sino que además “participó del operativo en el que se detuvo a los militantes peronistas Osvaldo Cambiasso y Eduardo Pereyra Rossi, el 14 de mayo de 1983, meses antes de que la dictadura llegara a su fin”. Esto provocó que distintos organismos de derechos humanos se movilizaran rápidamente para exigirle una exhaustiva investigación a la Justicia pero curiosamente, en este caso en particular, la señora que sostiene la balanza y la espada parece no tener demasiada prisa.

“Lo único que se interpone, hoy por hoy, entre Andrada y la indagatoria -a la que hace rato debió ser sometido- es la falta de decisión del juez federal de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruzo, que es quien tiene a cargo la causa”, le afirmó a el eslabón Ana Oberlin, integrante y abogada de la agrupación H.I.J.O.S., quien agregó: “Después se verá si están dadas las condiciones para procesarlo o si alcanzan las pruebas para llevarlo a juicio, pero que no sea indagado al menos, que es lo primero y lo más básico, nos resulta realmente inentendible”.

Más allá de la caprichosa desidia mostrada por el magistrado en torno a la causa en la que también aparece implicado el ex comisario Luis Abelardo Patti, la letrada militante es “muy optimista” debido a que “el testimonio de Costanzo, por sí mismo, constituye un elemento más que sólido y suficiente” para que Andrada sea citado a declarar, porque “no es que lo mencionó un familiar, o un testigo, sino que lo hizo alguien que estuvo involucrado en la política del terrorismo de estado y que formaba parte del mismo grupo que él”, y subrayó: “Aunque algunos quieran tildarlo de loco, Costanzo está más que calificado porque la gran mayoría de los datos que aportó -a lo largo de todos estos años- fueron después corroborados y hasta permitieron recuperar una nieta, como es el caso de Sabrina Gullino Valenzuela Negro”.

No eran sólo cuadros colgados

Por lo pronto, cualquiera que se acerque alrededor de las 16, por el devenido complejo Fábrica de Armas, de Andrade al 3300 (a la altura de avenida Francia al 4900), podrá observar como el arquero que batió récords en Central, hace como que coordina el trabajo de los profes que entrenan a pibes de la zona sur que corren detrás de una pelota que lejos está de ser redonda, mientras se toma unos mates -o algo más fresco si el clima lo amerita- desparramado en su silla y sin hacerse demasiado problema por la cantidad de “futuras estrellas” que surgirán de la sucursal a la que fue destinado cuando ya no se podían acallar los rumores ni evitar los escraches, y cuando Andrada, que figura en la nómina que gracias al Decreto 4/2010 de la Presidenta se hizo pública hace un tiempo y en la que se detalla al Personal Civil de Inteligencia (PCI) que prestó servicio en el Destacamento de Inteligencia 121, como no podía ser echado sin causa suficiente en su condición de empleado permanente del club del barrio Lisandro de La Torre, y se decidió, al menos, esconderlo un poco.

“A mí personalmente me preocupa y mucho todo esto porque soy un defensor acérrimo de los derechos humanos y un convencido de que los represores deben ser juzgados y condenados. Pero en el caso puntual del Gato, el club no puede -ni debe- ser el encargado de hacer justicia, y tampoco puede condenarlo por una nota o por un reclamo de los socios”, sostuvo ante la consulta de este medio Ricardo Speciale, presidente actual de Rosario Central, y añadió: “Hasta ahora Andrada no ha sido ni siquiera imputado por lo que nos vemos obligados a esperar que haya una resolución concreta de la Justicia para poder tomar una resolución”.

El titular de la institución de Arroyito, en la que el Gato batió el récord de presencias con los 173 partidos consecutivos que disputó en la década del sesenta, se encargó de dejar bien en claro que “si se avanza en la investigación”, y el ex guardameta pasa a ser imputado “no sólo te aseguro que el club tomará inmediatamente la medida que corresponda, sino que ese día, yo mismo voy y saco los posters de Andrada que hay en el Gigante”.

Platea techada

Andrada, que ante el ofrecimiento de el eslabón de poder brindar su versión del relato, prefirió no hacer declaraciones “hasta que no sea citado por un juez”, y que tras dejar escapar un enigmático “me dijeron que no hable”, le solicitó a este cronista ¿sin medir las palabras elegidas? que a la hora de encarar la nota “no me mates que no tengo nada que ver”, fue beneficiado durante la gestión de Pablo Scarabino -junto a otras 80 “viejas glorias”-, con una platea ¡de por vida! ubicada bien cerquita de los palcos oficiales.

A tres años de la acusación de Costanzo, y pese a los obstáculos que siembra el reticente juez Villafuerte Ruzo para que las investigaciones –en torno al Gato y a la causa toda- avance de una vez por todas y si se confirman las imputaciones que pesan sobre él, debería recibir una linda platea –no de por vida, pero sí por un buen rato- ubicada bien cerquita de sus viejos compinches… y a la sombra.

El Falcon amarillo

Según se lee en la Testimonial que se encuentra en manos del Poder Judicial de la Nación y a la que tuvo acceso Redacción Rosario, una persona que “dice llamarse Eduardo Rodolfo Costanzo, quien acredita identidad con D.N.I. nº 7.055.729”, y que por aquel entonces acusaba 73 años, declaró el 8 de febrero de 2008, bajo juramento, que “cuando volví de Tucumán en el año 83, a mediados de octubre, ya que me había enterado del secuestro de estas dos personas por los diarios”, se encontró en la peatonal con “un compañero mío de trabajo de apellido Cabrera, alias Andrés o El Barba”, y que éste le confesó que “hacía seis meses que venía siguiendo los pasos a Cambiasso”. Más adelante, el Tucu expresa que “cuando estuve detenido en el Batallón 121 de Comunicaciones”, entabló amistad con un chofer al que apodaban “Choper” y que era el encargado de conducir “un Ford Falcon de color amarillo” que llevaba diariamente “al Coronel (Pascual) Guerrieri y al Teniente Coronel Víctor Hugo Rodríguez” a los alrededores del bar Magnum, ubicado en Córdoba y Ovidio Lagos, donde el 14 de mayo de 1983 fueron secuestrados Osvaldo Agustín Cambiasso y Eduardo Daniel Pereyra Rossi.

Siguiendo con lo declarado por Costanzo, ante la presencia de “los doctores Lucas Ciarnello Ibáñez, Ana Oberlin, Nadia Schujman y Silvana Rivas –por las partes querellantes en la causa de referencia- y el Dr. Silvio Duarte –defensor particular de Luis Abelardo Patti”, el Tucu asegura que a los integrantes de la organización “Montoneros”, tras “chuparlos” del mencionado bar, “los trasladaron hasta Oroño y Circunvalación” donde los “interrogaron durante todo el día”, en el interior de “un camioncito Mercedes 608”, antes de “entregárselos a Patti”.

El arrepentido Costanzo, además, da detalles precisos de la manera en que se llevó adelante el operativo y relata que en “el Fiat 1500 de Cambiasso”, que estaba estacionado en “Urquiza entre Alvear y Santiago”, y al que tuvieron que “empujar para que arranque”, lo trasladaban al propio “tirado en el piso de la parte de atrás”, mientras “Ariel Porra, un agente de inteligencia, alias «El Puma», le iba pisando el cuerpo y la cabeza”, y que a Pereyra Rossi, en otro auto, “lo lleva pisando un tal Sebastián o «Filtro», que era el yerno del Coronel Pozzi, jefe del destacamento de inteligencia”. Tras aseverar que “todas las personas que voy a nombrar” actuaron en aquel operativo, menciona sin titubear a “Raúl Campilongo, Carlos Isach, Walter Pagano, Troncoso alias «El negrito Torres», y Ariel López, quien conducía el camioncito donde los torturaron”, al “Teniente Coronel Marino González alias «Pepe»”, a “Rubén Alcuri, alias «Roberto Aguilar», que es quien le sacaba la foto a todo muerto antes de que lo tiraran al mar”, a “Carlos Sfuccini, que le decíamos «Fuccini» y concluye afirmando que “otro que estaba en la patota era Andrada, alias «El Gato», el ex arquero de Central, que está jubilado como agente del ejército, como todos los que nombré anteriormente”. Clarito, ¿no?

¡Fuira Gato!

Por estos días, y aprovechando las ventajas que otorga internet -y sobre todo sus redes sociales-, varios hinchas y socios de Central decidieron tomar cartas en el asunto y crearon un grupo en Facebook (“Fuira GATO ANDRADA de CENTRAL”) cuyo objetivo exclusivo es juntar fuerzas para expulsar al ex arquero del padrón de socios de la institución de Arroyito.
Una medida similar –salvando las abismales distancias- llevó a cabo la dirigencia de River Plate, en abril de 1997, para con los ex represores Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, y que sería imitado por sus pares de Argentinos Juniors cuando, en enero de 1999, eliminaron de los libros al socio nº 322.082, Carlos Guillermo Suárez Mason.

Nota publicada en la edición de Abril de 2011 del periódico El Eslabón

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