El debate se disparó el lunes 5, cuando la aparición de una enorme cantidad de peces muertos en las aguas del Paraná dejó de ser sorpresa para volverse videos y fotos virales, y luego, noticia. El pánico mediático pareció calmarse con un estudio que, en esta misma semana, realizó el Ministerio de Medio Ambiente de la provincia e indicó que la mortandad se debía a la falta de oxígeno producto de la ola de calor; un proceso natural sobre el cual no cabía preocuparse de más. Sin embargo, basta acercarse a las organizaciones medioambientalistas o los habitantes del río para, al menos, continuar preguntándose qué pasó y pasa en el Paraná. Jorge Bartoli es integrante de la ONG El Paraná No Se Toca y, en diálogo con el eslabón, hizo hincapié en eso mismo: “Es importante ver que hay una polémica y preocupación creciente de la población referido, sobre todo, a la enorme cantidad de agroquímicos que se están manejando hoy en la cuenca”. También se refirió a la necesidad de organismos estatales y/o regionales que puedan unificar estudios y análisis alrededor de toda la cuenca y no sólo en zonas puntuales.

Lo que hasta ahora se sabe es que los primeros peces muertos aparecieron en el norte de Santa Fe. Se conocieron a través de videos y fotos que los propios pobladores acercaron a las redes sociales. Las versiones no tardaron en aparecer y más de uno atribuyó la mortandad masiva a la contaminación del agua producto del vertido de agroquímicos que se usan en las zonas rurales aledañas. La primera y única respuesta oficial hasta ahora fue del Ministerio de Medio Ambiente de la provincia: se tomaron muestras de agua, se analizó la cantidad de oxígeno y se determinó que no era suficiente para sostener la vida de los peces. La falta de oxígeno se atribuyó a un ciclo natural hidrológico y climatológico, es decir, la ola de calor. Sin embargo, las respuestas oficiales no fueron suficientes para más de uno.

“Es difícil encontrar opiniones unánimes. La realidad es que este es un tema bastante complejo del cual se pueden sacar algunas conclusiones muy interesantes en cuanto al entorno en que se da este fenómeno”, comienza Jorge Bartoli. La entrevista con este semanario promete, desde un principio, aclarar el panorama con más preguntas que respuestas. “Hasta el momento sólo hay una respuesta puntual del Ministerio, que fue a un lugar puntual y tomó una muestra puntual. Frente a eso, hay un montón de preguntas que se disparan. Primero: ¿los análisis que se hicieron son representativos del problema que se está manifestando a lo largo de una cuenca tan extensa? Segundo: ¿es posible que haya otros factores externos que coadyuven con este fenómeno?”

Para Bartoli, así como es muy probable que sea la falta de oxígeno la causa de mortandad de peces, cabe también darle lugar a quienes hacen la denuncia por agrotóxicos y preguntarse si es descartable de plano esta causante. “La denuncia proviene de gente que convive con ese problema permanentemente, la preocupación viene de quienes ven cómo se fumiga de manera indiscriminada con enorme cantidad de agrotóxicos. Entonces, esta preocupación es fundamentada”. A lo largo de las zonas agrícolas, explica Bartoli, los cursos de aguas menores son tomados como vertederos de todo tipo de sustancias, desde los criaderos de cerdo que vierten agua con una importante carga orgánica –lo que reduce la cantidad de oxígeno en el agua– hasta la cantidad de desechos cloacales, también con carga orgánica. “Si tomamos al río como un vaciadero, es lógico que aparezca gente diciendo que la mortandad de peces está vinculada a cuestiones de contaminación con productos químicos”.

Por las dudas, no hablar de ciertas cosas

Las denuncias de los organismos y habitantes de la cuenca disparan las dudas. Es simple: aunque aún no se hayan visto peces muertos en la zona de Rosario, ¿hay que meterse en el río? ¿Qué nos pasa a los que nos damos un chapuzón? ¿Y los pescaditos que comemos? Para Bartoli, hablar de contaminación en el Paraná es una irresponsabilidad. Una opinión infundada puede provocar, sobre todo, una afectación directa a los trabajadores de la zona. “Sí advertimos que hay voces de investigadores que han llamado la atención sobre lo que se ha encontrado en el río cuando se realizan investigaciones puntuales. Las voces de alerta se van sumando, y los hechos también”.

Para poder hablar, prevenir y hasta curar, lo necesario es la voz unánime: un organismo nacional y hasta regional –es decir, que abarque Paraguay y Brasil también– que analice toda la cuenca. “Hasta el momento sólo hay opiniones aisladas, no un organismo de cuenca ni informes del gobierno nacional. ¿Fue alguien a Chaco, Corrientes, Paraguay o Brasil? ¿Alguien nucleó todas esas opiniones puntuales? Sino sucede, da pie a que toda conjetura sea válida”. La clave no es desconfiar de los estudios locales, sino sumar preguntas y experiencias. “Es importante ver que hay una polémica y una preocupación creciente de la población referidos a la enorme cantidad de agroquímicos que se están manejando hoy en la cuenca. Lo ideal sería tener una voz confiable que unifique opiniones y dé una conclusión que sea tomada como referente. Pero no la hay. Y hay fundamentos para sospechar de otras cosas. Lo que no nos gusta es que se ningunee a los que denuncian y tienen fundamentos desde lo empírico, porque su duda nace de convivir diariamente con el problema de los agroquímicos a lo largo de la cuenca del río”.

Fuente: El Eslabón

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