Fiel al estilo Saborido, en la tapa de su último libro –el primero en soledad después de los dos tomos de Peter Capusotto (el libro y fantástico)–, debajo de su nombre se puede leer: Una historia del Fútbol en 43 cuentos, 18 testimonios, 99 personajes inciertos, 12 circunstancias discutibles, 5 episodios inverosímiles jamás contados, 4 heridos, 2 de muzzarella, 3 de fainá, 6 cortados mitad y mitad, 1 almendrado y coso.

“Esto no nació como libro, sino que Mariano Hamilton, quien dirige la revista Un caño –que ahora tiene formato digital pero en su momento salía en papel– me pidió que escriba algún cuento, así que le mandé uno. Después escribí unos cuantos más, y al tiempo la revista armó una colección con la editorial Planeta y me pidió si podía usar algunos de esos cuentos”, dice Pedro amablemente del otro lado de la línea, y aclara: “En realidad no había tantos, así que hubo que escribir muchos y así se terminó el libro, que no tiene un nacimiento muy romántico. Se fue haciendo casi sin querer, que es algo que me pasa en la mayoría de las cosas: se van armando solas y después uno busca algo que salga o que desea. Pero cuando me ofrecieron la oportunidad de hacerlo me metí y me entusiasmé”.

“La escritura fue una primera intención, pero desde chiquito siempre me gustó más el cine, y quería ser director”, confiesa Saborido, quien como técnico de sonido llegó a laburar en los míticos filmes Los chicos de la guerra y Esperando la carroza, y agrega: “Dirigí una película en mi vida, Peter Capusotto y sus 3 dimensiones, y no la pasé de gran cosa. Pero lo haría otra vez si me generan las condiciones para hacerla sin que se me vaya la vida ahí, y con la idea de que sea buena, no solamente de que se haga. Igual la primera película 3D en Argentina la hice yo. Y eso que no veo bien el 3D por un problema en los ojos”.

Autor de desopilantes guiones a los que llegaron a ponerle voz Mario Sapag y el mismísimo Tato Bores, Pedro recuerda: “Siempre me gustó escribir cuentos, era una manera de expresarme. Y lo hice con mayor intensidad después de trabajar en cine como asistente de muy pendejo, de ver un poco como era el cine, que me parecía muy complicado, y entonces me abrí e intenté estudiar periodismo. Ahí fue que me encontré un poco más con la escritura. Pero siempre fui más guionista y ocasionalmente escribía alguna notita por ahí, alguna pavada. Así que esto fue reencontrarme de verdad con la escritura y con todos los inconvenientes de la gráfica. Porque no lo tengo a Capusotto, no tengo imagen, sonido ni música. No tengo un montón de elementos que sí los tenía en la TV o radio”.

La pelota se ríe

Los cuentos que componen Una historia del fútbol, son delirantes. Entre muchos otros personajes, a los que la mayoría de los argentinos tildaría de “capusottianos” –sin conocer en detalle la cocina de humor de esa dupla que debutó en Delicatessen y la rompió en Todo x 2 pesos, desfilan: El locutor de tandas más rápido del mundo, que “era capaz de meter tres avisos en el tiempo en que una pelota era impulsada desde el córner hasta que empezaba a caer en el área” y que llegó a leer “todo Crimen y Castigo, de Dostoievsky, durante un cambio de jugadores”; Serguei Ivanov Ricardo Enzo Fanfarria, “un notable periodista del conurbano bonaerense (más de la zona Sur) de quien se dijo que posee «el ojete que más tablones lustró en el ascenso»”. También un wing “que le ganó una carrera en ojotas a una Gilera 500” y “un jugador tan hábil como Houseman, guapo como Kempes, rápido como el Ratón Ayala y drogadicto como Keith Richard”. Y la mejor de todas: la historia de “Mano Única González”, un lateral que la rompía yendo al ataque pero que no podía girar o darse vuelta, por lo que regresaba a su puesto caminando de espaldas, y que jamás jugó un segundo tiempo porque no podía entender que después del entretiempo había que correr y patear para el otro lado.

“Al fútbol jugué mucho y muy mal”, confiesa Saborido entre risas, y argumenta: “Siempre fui muy malo, en serio, pero igual jugué mucho, por lo menos de chico. A los 16 ya jugaba para boludear y ahora sólo lo hago con mis hijos. Más o menos me la arreglaba defendiendo, pero no gambeteo a nadie, no entiendo de estrategia, soy espantoso, siempre lo fui”.

“Soy hincha de Racing –continúa. Vi mucho a Huracán porque mi viejo y mi tío, al estar cerca de la cancha (aunque uno de era de Argentinos Juniors y el otro de San Lorenzo) iban seguido. Así que disfruté el Huracán del 73 y por supuesto René Houseman era mi ídolo. Me divertía mucho verlo al Loco y me divertía mucho viendo cómo se divertía la gente también. Ahí aprendí un poquito de esa desfachatez y de esa celebración del potrero en medio del fútbol profesional”.

Pedro, que también laburó en radio y puso su pluma al servicio de obras teatrales, prosigue: “Mi papá y mi tío no eran tipos apasionados, eran muy fríos, pero les gustaba mucho el fútbol y sabían un montón. Mi viejo te miraba cualquier partido. Y, sobre todo de grande, te podía llegar a ver un partido de la B y disfrutarlo tanto como alguien lo puede hacer con la ópera”.

Este hombre que, además de producir y guionar Peter Capusotto y sus videos, hace la voz de Juan Domingo Perón en los sketches en los que aparece el General, se considera un “hincha pasivo, romántico, sentimental y estadístico” del fútbol. “No le doy mucha bola. Me gusta, pero estoy más rodeado de fútbol del que en realidad consumo por intención”, confía, aunque en la jugada siguiente la engancha de volea y la clava en un ángulo: “Sí, de vez en cuando me fijo cómo va Victoriano Arenas, que ahora le lleva unos cuantos puntos al segundo en la C, cómo va El Porvenir; Argentinos Juniors; Racing, obvio; y por supuesto deseando que a Argentina le vaya bien en el Mundial”. Y concluye: “Mi hermano, que es el que me hizo hincha de Racing, sí era futbolero. Le gustaba mucho, y sabía. Además jugaba bien, lo entendía y lo disfrutaba. Y un poco por eso le dediqué el libro. A él y a Houseman, que ahora también está muerto”.

Si no hay humor que no haya nada

El autor de la pieza teatral Una noche en Carlos Paz, interpretada por su compinche Diego Capusotto y Fabio Alberti, y dirigida por Néstor Montalbano, se refiere al humor, esa herramienta que no sólo le dio de comer: “Yo era un tipo que tenía cierta gracia y me defendía con eso en la vida. Y cuando digo me defendía, es casi literal, porque más de una vez el humor sirvió para defenderme de que no me caguen a trompadas. Aparte el humor, cuando no tenés otras condiciones o alguna habilidad, tirar un par de ironías, un par de chistes, siempre garpa. Siendo un mal futbolista, flaco, feo, y no teniendo demasiadas aptitudes, se ve que fui desarrollando eso para defenderme”.

Tal como ocurre con las famosas duplas argentinas queso y dulce, tibia y peroné, French y Beruti, y Coca y Fernet; cuesta mucho separar a Saborido de Capusotto. “Nos conocimos cuando yo estaba trabajando en el programa de Tato Bores y pedí que lo convocaran”, rememora Pedro haciendo referencia a Good show, su segunda experiencia junto al capocómico –que en realidad se llamaba Mauricio Borensztein– después de La leyenda continua. “Después hicimos juntos Delicatessen, con el Negro Fontova, luego vino Todo por 2 pesos, y terminamos haciendo este programa que ya lleva 11 temporadas”.

“Nos llevamos muy bien trabajando, no por nada lo hacemos juntos hace más de 20 años”, señala Saborido, pero aclara: “A la vez, cada uno hace cosas por su lado, no es que es una sociedad absoluta y cerrada, ni excluyente. Somos dos amigos que se juntan para hacer estas cosas”. Y mal no les va.

Por último, aunque amagó con un esquivo “lo que pueda opinar yo, no creo que le importe a alguien”, Pedro la puso bajo la suela y dejó en claro de qué lado de la línea de cal está: “Es un gobierno que superó mis expectativas. Que cada uno se haga cargo de lo que votó y de lo que puede hacer la próxima vez. La mayor trampa es creerse libre, y hay que tener cuidado con eso porque uno llega a creer que no lo manipulan, y que no lo hacen odiar esto o aquello. Y ojo que también es confortable ser manipulado. Pero en definitiva lo que creo es que se votó una mierda. Y la mierda es esto”.

Fuente: El Eslabón

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