Yo no sé, no. Pedro el otro día se acordaba que viniendo de no sé dónde pasaba por Pasaje Independencia y Caferatta, y que siempre pensaba cómo puede ser que sólo a un pasaje le fueron a poner Independencia, en vez de a una calle importante. Claro –pensó–, a los que escriben la historia esa palabra mucho no les gusta. Justo enfrente de la San Francisquito, había una canchita en la que se jugaba un torneo que habían organizado unos pibes. Juntaron varios equipos de la zona, armaron un reglamentito, y se jugaba todos los sábados. Ahí nos picó la idea de hacer uno nosotros, en nuestra canchita del Cilindro. La cosa es que le chiflamos a gente que conocíamos y La Sexta mandó un equipo; La Lata, otro; Puente Gallego también; El Mercado; Vía Honda mandó dos, y cada uno con su respectivo representante delegado, con quienes discutimos el reglamento, la forma de financiar y los premios que iba a haber en ese torneo que terminó durando casi un año.

Eran tiempos en que los delegados de los estudiantes, de los obreros, lideraban aquellos tole tole contra la dictadura de Onganía: el Cordobazo, el Rosariazo.

Al tiempo, en los primeros años de los 70, cuando la democracia se hizo masiva, la representación gremial y estudiantil era fundamental para ir por más y mejores conquistas.  
No fue casual que uno de los primeros golpes fuera en Uruguay, contra el Congreso, ya que la Banda Oriental tenía buenos representantes, que fueron borrados de un plumazo.

Ahora la cosa puede funcionar aunque esté fulera, me dice Pedro, porque estos cosos que nos gobiernan, si bien llegaron por los votos, sólo se representan a sí mismos, y al coloniaje, a empresas de afuera.

La cosa la podemos cambiar –se convence Pedro–, volviendo a pelearla en todos lados y eligiendo a los mejores representantes, a los mejores delegados.

En vísperas de conmemorar un nuevo 9 de Julio, es más que necesario plantearse una declaración de Independencia pero permanente, constante, como la Revolución. Como las 3 banderas –grita Pedro–, ese sería el arranque perfecto, que en la cancha chica y en la grande sobrevuele una declaración y las tres banderas: libre, justa y soberana.

Ese futuro tenemos que empezar a pelearlo ya, mañana, un futuro con libertad económica, con justicia social y con soberanía política, dice pedro tratando de acordarse cómo movían los arcos en la canchita del pasaje Independencia.

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