Centro a la olla
Yo no sé, no. Esos días de junio todavía no había empezado el invierno, pero hacía un frío de invierno. Era un otoño que se despedía en modo invierno. Graciela y Laura llegaron con una idea fija. “Vamos a hacer un guiso entre las
Yo no sé, no. Esos días de junio todavía no había empezado el invierno, pero hacía un frío de invierno. Era un otoño que se despedía en modo invierno. Graciela y Laura llegaron con una idea fija. “Vamos a hacer un guiso entre las
Yo no sé, no. Graciela y Laura esa tarde vinieron con una cara de preocupación. Habían ido hasta el dispensario porque una tenía, en un costado del pecho cerca de la costilla falsa, y la otra en la espalda, cinco puntitos rojos. M
Yo no sé, no. Esa tarde Graciela y Laura tenían una sonrisa de oreja a oreja. Andaban con una palita y un rastrillo. “Nos vamos para la canchita. La vamos a limpiar”, dijeron. Querían sacar todas las malezas que frenaban la pelota
Yo no sé, no. Graciela vino recontenta y nos dio la noticia: “Soy reemplazante”. Claro, ella estaba ayudando a una señorita que daba clases particulares y a algunos chicos que no tenían plata igual les enseñaban para ayudarlos a s
Yo no sé, no. Graciela e Isabel ya sabían de la función de cine que iban a dar en el Anastasio Escudero. Era una película que estaba buena, pero ellas ya la habían visto. La Gra y la Isa se iban a fugar, se iban a pirar en medio d
Yo no sé, no. Habían pasado dos meses desde que habían salido las figuritas ese año y sólo llegábamos a la mitad del álbum. Sólo Roberto, que en la terminal de colectivos –primero de Buenos Aires y después en la de acá– se compró
Yo no sé, no. Manuel y Pepe venían llegando a la escuela Anastasio Escudero, del otro lado del barrio. Venían desde Fragata Sarmiento y, cuando llegaron a la puerta, notaron que unas cinco luciérnagas estaban revoloteando, como qu
Yo no sé, no. Esa tarde, la Mónica vino con una idea que a todos nos pareció brillante. “Tengo dos hornos, el de mi abuela y el de mi mamá, y aparte la cocina. ¿Y si nos ponemos a hacer empanadas y las vendemos en la plaza? Las po
Yo no sé, ¿no? A la Laura le había pintado estudiar historia y ciencia ficción, y tenía un libro de cuentos de terror. A veces nos juntábamos y Manuel le pedía: “Contame uno que me asuste”. Laura pelaba el libro y nos agarraba un
Yo no sé, no. Laura apareció cargando una mesa sobre la espalda. Decía que la había encontrado en un contenedor de Quintana y Biedma, cerca de una obra en construcción. La gente del barrio, cada vez que hay un contenedor, le pone