Las profesoras Laura Bravi y Micaela Giuliano hablan del desafío de formar docentes comprometidas con la enseñanza de la memoria y los derechos humanos, en tiempos de negacionismo y avasallamiento de conquistas educativas.

El 24 de marzo, el 2 de abril, el 4 de abril… todas fechas relacionadas con la memoria, la búsqueda de verdad y justicia. Micaela Giuliano y Laura Bravi, dos profesoras que forman a futuras y futuros docentes, analizan el desafío –en tiempos de negacionismo y avasallamiento de conquistas educativas– de hacer de la enseñanza de los derechos clases diarias. También de romper prejuicios, generar solidaridad con las problemáticas actuales y sobre todo entender que “la educación es siempre un acto político”.

El aniversario del Golpe, la guerra de Malvinas y el asesinato de Carlos Fuentealba son conmemoraciones que se suceden en pocos días en el calendario ¿Qué pasa después? ¿Cómo sostener la memoria desde la formación docente?

Laura Bravi es profesora en el Instituto Superior N° 16 Bernardo Houssay y en el Normal N° 2. Enseña pedagogía y sociología de la educación en los primeros años de los profesorados de nivel inicial, primario y otros de diferentes disciplinas.  “En el Instituto N°16 el tema de la memoria es parte de la política institucional”, rescata y describe cómo el debate se asume desde el ingreso.

Este año –cita a manera de ejemplo– trabajaron con al Centro de Estudiantes “Paulo Freire” del 16 una propuesta para llevar adelante el Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia.

Participaron de esa iniciativa Mario Navarro, nieto recuperado; el concejal Eduardo Toniolli, de Hijos; y la profesora Natalia García, por la Biblioteca Vigil. “El relato y la posibilidad de conversar sobre estos temas con las y los estudiantes que llegan al profesorado, hacerles notar que interesa, que es una política institucional, y que el 24 no es una fecha que se trabaja solamente en marzo, es muy importante”, explica Laura Bravi sobre el efecto que buscan generar desde el primer momento de la formación docente.

Micaela Giuliano  enseña en los profesorados de los Normales 1 y 2, y en la Facultad de Humanidades y Artes en el núcleo antropológico educativo. Además de coordinar Ruedas de Convivencia en la educación superior, también da clases de problemáticas contemporáneas de la educación primaria. Sostiene que la enseñanza de la memoria, los derechos y la justicia son indisolubles de lo que pasa en la actualidad: “Cuando hablás de infancias, hablás de No a la Baja, de los derechos humanos en relación a pensar en los derechos de esa niña, niño o adolescente, invitás a pensar por qué algunos son niños y otros son ‘menores’”. O bien a preguntar cómo se incorporan la enseñanza de la Educación Sexual Integral (ESI) y el debate por el aborto legal como derechos”.

Micaela Giuliano también tiene a su cargo el “taller de práctica”, donde la invitación que les propone a las futuras docentes es que piensen “en el marco político pedagógico” de lo que proyectan enseñar, que no sea una mera planificación de lo que se va a hacer en la clase, porque esa planificación siempre responde a algo.

También desde el Centro de Estudiantes del Normal 1 y dirigido a las ingresantes, este año organizaron una charla que reunió tres fechas clave: el 24 de marzo, el 2 de abril y el 4 de abril, y en la que participaron referentes de los ex Combatientes y de la  Asamblea Permanente por los DDHH, además de la profesora de política educativa Mariana Caballero, quien les habló sobre Carlos Fuentealba.

Laura Bravi y Micaela Giluliano son profesoras en ciencias de la educación, comparten espacios de trabajo y de pensamiento sobre cómo entender la educación. Se muestran a favor de recuperar el pensamiento latinoamericano para sus prácticas y la formación de las futuras maestras. “Una forma también de hacer memoria”, “una manera de que hablen los silenciados, los oprimidos”, aprecian en la charla con el eslabón.

Rescatan las políticas educativas desarrolladas en los años de Kirchnerismo, donde abundaban las especializaciones en pedagogía de la memoria, de pensadores de nuestra América latina, llegaban recursos a los profesorados y escuelas. No siempre valorados y utilizados, acotan. Se lamentan y denuncian el avasallamiento del actual gobierno nacional de terminar con programas como los de Educación y Memoria, no entregar más recursos y reducir las especializaciones de formación que eran de dos años, a cursos de tres meses, por ejemplo.

También hay una mirada crítica hacia la forma de pensar la política en el nivel superior en la provincia, con palabras bonitas que invitan a la transformación, pero se quedan en la mera práctica, donde falta la necesaria mirada política.

Una y otra profesora entienden –lo remarcan en toda la charla con distintos análisis y ejemplos–  que “la educación es un acto político”. “Nuestra responsabilidad comienza con el trabajo de construir la idea de que la educación es un acto político”, dice Laura Bravi y enseguida Micaela Giuliani adhiere a esa idea y suma que “la educación es política”.

Para las profesoras esa idea es la que genera un piso donde asentar una tarea comprometida, donde la búsqueda de la verdad no sorprenda a nadie, sino sea parte de una tarea asumida.

Además de las charlas con otros actores sociales, políticos, las visitas, encuentros y lecturas, Micaela Giuliano rescata el compromiso con las luchas docentes como parte de esa enseñanza que no está escrita en ningún papel pero forma docentes. “Desde el inicio hay que hacer entender a los estudiantes que el paro es un derecho que también tenemos con la práctica política, que ellos también están dentro de un colectivo”.

El desafío para avanzar en una pedagogía de la memoria  –insiste Giuliano– “es romper con el prejuicio de lo político”, diferenciarlo de lo partidario. Laura Bravi agrega la necesidad de apuntalar la formación de estudiantes autónomos, que cuestione la educación bancaria. “Desarmar esos caminos no es fácil, menos con las políticas educativas, económicas, del contexto nacional”, destaca la educadora y subraya el reto de hacerle frente a “la mercantilización de la educación, a la educación sexista, machista y patriarcal” que prevalece.

Micaela y Laura estudiaron ciencias de la educación en Humanidades (UNR). Aseguran que el trayecto de su formación también está dado en el juntarse, intercambiar bibliografía, en los congresos, en la participación gremial y en las marchas, donde también se las aprovecha para “ir hablando de un tema y de otro”. Coinciden así en que para transmitir la memoria, también hay que “militar la docencia”.

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