El delantero Santiago López cobró fama (casi) mundial por incluir una cláusula insólita en su contrato con el club Villa Española: si toca el Indio Solari, se puede ausentar para asistir al recital.

“Tengo el teléfono explotado, me llaman hasta de diarios españoles”, confiesa del otro lado de la línea y del charco el futbolista uruguayo Santiago López. Es que después de que su club difundiera la inédita condición que incluyó antes de estampar la firma para renovar su vínculo, su nombre se viralizó en las redes. Pero Bigote, que así es como se lo conoce en el ambiente futbolístico, tiene una vida llena de militancia y de rocanrol.

Este montevideano de 36 años, además, participó de la segunda edición de Pelota de Papel, el libro que reúne escritos de ex y actuales futbolistas y que tiene fines benéficos.

Como todo jugador

“La pasión por el fútbol me vino como a cualquier uruguayo, porque está en nuestra idiosincrasia desde chiquitos, que estamos todo el día en la calle jugando”, suelta de entrada López. “Uno después recorre las inferiores y ahí tiene como un embudo que se va achicando. Hice inferiores en Villa Española pero en un momento dejé porque me gustaba mucho callejear, más que la responsabilidad de ir a entrenar. Después tuve la suerte de entrar en la tercera división, que es como la Reserva de la Primera, y en seguida debuté. Y luego ya lo tomé como un laburo y acá estoy”, repasa el atacante, y remarca que se crió en el barrio que le da nombre a esa institución de la capital montevideana por la que sigue transitando.

Santiago, que también vistió las camisetas de otros clubes de su país –Rentistas, Bella Vista, Juventud, Wanderers y Tacuarembó–, además de la del Suchitepéquez peruano, fue cultivando un interés particular por las cuestiones sociales, por los derechos humanos y, por supuesto, por las injusticias en el deporte de la redonda. “Es una de las inquietudes que fuí mamando del día a día del fútbol uruguayo, empobrecido desde el 98. Empecé a entender cuál es el juego, el negocio, por qué los jugadores somos vulnerados, por qué no cobramos, porque se juegan millones por arriba”, cuestiona, y remata: “Desde ahí empecé a generar una conciencia laburante, de entender que los futbolistas somos trabajadores como el resto. Somos obreros. Desde ahí milité, desde el vestuario”.

Leyendo libros en un baño turco

“No soy un lector frecuente, pero sí leo algunas cosas de fútbol que me interesan”, aclara Santiago al ser consultado por su relación con la literatura. “Me inserté en Pelota de Papel por intermedio de Agustín Lucas, que es un amigo, un hermano de la vida con el que somos compadres y andamos todo el día juntos. Siempre me insistía con que escriba un cuento y cuando leí la primera edición me di cuenta que podía contar una historia en la que importe más el contenido, la vivencia que uno pudo haber tenido en el fútbol, que la escritura en sí. Así que me hice la idea, conté lo que me había pasado con un amigo, y lo fui escribiendo y corrigiendo, y salió”, detalla López, y agrega: “Fue una tremenda experiencia, y sobre todo el hecho de haber participado de eso que, además, todo lo recaudado tiene fines benéficos. A los futbolistas nos tildan de burros, de boludos, y eso fue un hecho revolucionario dentro del fútbol”.

A la hora de enumerar textos que le dejaron marcas, Bigote no duda: “Me gusta mucho el de Galeano, El fútbol a sol y sombra, y también me han interesado otros de futbolistas revolucionarios, desde Sócrates, que es uno de los primeros, hasta los más actuales”.

Nombrar al ex volante de la selección brasileña lo obliga a meter una pausa, un enganche, y disparar: “Yo soy medio amargo para al fútbol, no soy de tener ídolos. No tengo un Maradona como ustedes los argentinos. Hoy, de grande, pienso que Sócrates es lo que más me refleja. La historia de la Democracia Corinthiana me atrae mucho, me gusta leer sobre eso. Y si hoy me preguntás quién quisiera ser, digo Sócrates”.

Un bravo muchachito

López jamás gambetea preguntas políticas, de género o derechos humanos. Ni la tira afuera cuando se menciona alguna causa noble. “Siempre voté a la izquierda en Uruguay, pero no milito directamente con esa bandera, sino con la de mi club, la del barrio, y en la conciencia barrial, en lo colectivo. Creo que ahí está el cambio”, deja en claro de entrada.

Santiago y unos cuantos compañeros del barrio tienen un centro cultural en el que “buscamos generar actividades y colectivizar todas las cosas que creemos que podemos cambiar, por lo menos un puñado de nuestra sociedad barrial”. Y argumenta su ausencia en la militancia partidaria: “Involucrarme con una bandera política me haría perder esa esencia barrial que creo tiene que existir, el laburo en el territorio, en espacio, en el colectivo”.

Uruguay y Argentina comparten muchas cosas, entre ellas, feroces dictaduras cívico-militares de las que fueron víctimas. “Es complicado ese tema acá, porque pareciera que el tiempo pasa y hay que olvidar todo. Acá los pibes no tienen conciencia de lo que pasó realmente”, admite el futbolista con un dejo de tristeza. “El año pasado llevé a todo nuestro plantel al Museo de la Memoria, en el que te hacen una visita guiada, te cuentan qué fue la dictadura, cómo se implementó, qué fue lo que pasó, cuántos desaparecidos hay. Los llevé una semana antes de la Marcha del Silencio que hacen acá en Montevideo, y el día anterior salimos todos con las camisetas de «Todos somos familiares»”. Esas casacas se llevaron los aplausos de muchos, pero el repudio de otros: “Algunos nos decían que no mezclemos la política con el fútbol, cuando todo es política. No partidaria, pero estamos hablando de derechos humanos. Y siempre intento ponerme en la piel de familiares de desaparecidos. Tengo una nena, y no puedo imaginar si mi vida se pasaría buscando un familiar, es una locura. Por eso intento ayudar desde mi lugar, de tener y generar conciencia”.

Este personaje que es considerado uno de los jugadores más destacados en la historia de la institución de fútbol, boxeo y atletismo, alienta a las mujeres en su partido aparte. “Acá viene avanzando” el fútbol femenino, subraya. “El año pasado –sigue– se hizo el Mundial, pero aún no se pudo hacer la liga profesional, ni tener los mismos derechos que los varones. Pero va de a poco. El fútbol es machista, se mire por donde se mire, lamentablemente. Hay que romper esos caparazones para poder insertar a la mujer, que esté a la par”.

Bigote advierte que ese tipo de luchas, en su tierra, “se dan de a poco”, y compara con lo que ocurre del río Uruguay para acá. “Allá en Argentina es distinto capaz, es más grande, tiene mucha más fuerza cuando se proponen las cosas. Cierran el puño y van para adelante. Uruguay es mucho más chico, y a veces hay más prejuicios. Pero en unos años, ya la FIFA directamente lo va a determinar y eso va a empezar a dar cierta nivelación”, se entusiasma.

Cuando el fuego crezca

El fútbol y el rock le coparon la vida a este montevideano de 36 años, que está al borde del final de su carrera como jugador, pero con plena vigencia para afrontar las misas ricoteras. López afirma que lo que sintió por Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota “fue un amor a primera vista, platónico, por decirlo de otra manera”. Y detalla: “Un día me pasaron un disco y me gustó. Experimenté con otro y otro, y así. Mi primer toque fue en el 98,  Racing, y desde ese día nunca más me perdí uno”.

Del baúl de esos recuerdos que mienten un poco, Santiago saca una anécdota de momentos en los que no existían cláusulas ricoteras: “El único que me perdí fue uno que se hizo hace unos 4 años, del Indio. Estaba jugando en Guatemala y no encontré vuelo para irme a Buenos Aires”.

Por eso, para no perderse cualquier recital que tenga a Carlos Alberto Solari arriba del escenario, el tipo se las ingenió para introducir una cláusula al respecto en su contrato. “Ya hace tiempo que me viene rondando en la cabeza esto”, admite el máximo goleador del Villero uruguayo, y añade: “Entendía que el final de mi carrera lo tenía que cerrar con algo que yo quería. Y a la vez intentando que algo del amor por él o por los Redondos que siento, le llegue al Indio. Y se dio esta locura”.

El atacante cuenta el nacimiento de esta idea, que le salió redonda, justamente: “Cuando se lo conté a Agustín (Lucas), me dijo que estaba loco. Lo hablé con los dirigentes y me dijeron que le diera para adelante, y la asamblea lo aprobó. Para mí fue un mimo al alma, porque en realidad es simbólico, es una cláusula de felicidad. Hay que tener espacio para ser feliz”.

El goleador resalta “al rock and roll como resistencia dentro del fútbol”, y ejemplifica: “Me gusta entrar al vestuario con una remera de los Redondos y que me miren como un pichi, porque piensan que el rock no va con el fútbol, y nada que ver”.

Y por último, sobre su participación en el rito habitual de cada recital que brinda el ahora líder de Los Fundamentalistas del aire acondicionado, intenta explicar: “Es encontrarnos en una dimensión que sólo los que estamos ahí sabemos lo que pasa. Como si fuera otro mundo. En la previa hay mucho respeto, solidaridad, compañerismo. Son 200 mil personas y sin un policía. Es impresionante y difícil de entender”.

TV Führer

La charla con Santiago López arranca a las risas, porque cuenta la cantidad de llamados que rechazó de las principales cadenas de televisión sudamericana y los grandes medios argentinos. “No me quería enrolar en esa de hablar lo mismo en todos lados. Me han llamado de Fox y varios medios más que siempre me preguntan lo mismo”, revela el futbolista durante la entrevista por WhatsApp, que se interrumpe por un llamado con característica extranjera. “Ahora me llamaron de España, por eso se corta la comunicación. Pero no los atiendo”, se vuelve a reír.

Ahora se pone serio, porque en la conversación hubo un cambio de frente, por el lado del negocio que las grandes compañías de comunicación hacen con el deporte de la redonda, y sus protagonistas. “La televisión está metida acá como en todos lados. El mundo ha demostrado que el fútbol ya no son más los pases. Hoy da más dinero la televisión que un pase de Messi, que es el mejor”.

Y para «no hablar así como toda la mierda que se habla hoy por la tv, que come mis ojos», y sus bolsillos, aclara: “No todos vemos igual esa situación, y ahí se complica. Lo que hay que hacer es, a la hora de repartir, que por lo menos llegue a los verdaderos obreros del fútbol, que son los jugadores. Y no hablo sólo de plata, sino también de otro tipo de herramientas, que es donde estamos fallando”. Y amplía: “Que la educación sea obligatoria, que tengamos un desarrollo cultural, que el arte dentro del fútbol sea obligatorio también. Que no sea sólo cobrar 50 mil dólares e irme a mi casa, porque, si no desarrollo una parte intelectual, voy a seguir siendo un boludo con 50 mil dólares”.

Desde el paisito vecino, también saca a relucir la garra charrúa en el duelo contra las Sociedades Anónimas Deportivas. “Acá viene igual” que en Argentina, donde Macri y sus secuaces ya mueven sus fichas para incorporarlas al negocio. “Eso lo implementaron los europeos. Y el fútbol sudamericano implementa normas europeas. Como cuando España inventó la Liga BBVA, después Argentina trajo la Superliga. Y acá va a pasar lo mismo”, lamenta.

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