Los dichos de Di María revivieron una polémica transversal del país: las tensiones históricas entre el centralismo porteño y el interior. El rol de la prensa y la dirigencia. Y la final del domingo entre Belgrano (Córdoba) y River (Buenos Aires).

«Porteño / hijo de puta / la puta que te parió…». Darío Grandinetti, cuando todavía no era un reconocido actor, recuerda haber cantado eso durante el amistoso que presenció entre el Combinado de Rosario y la Selección Argentina en 1974, famoso por la actuación del Trinche Carlovich. Hinchas de Newell’s y de Central, unidos aquella noche, gritaban al ritmo del «o le lé, o la lá» que «Rosario es lo más grande del fútbol nacional». En el Clarín del día siguiente se lee que hubo una “reprobación general del público sindicando al seleccionado argentino como un equipo de «porteños»”.

Nacido en Capital Federal, Carlos Biasutto atajó para Rosario en aquel triunfo 3 a 1 de los locales. De su llegada a la ciudad para jugar en el Canaya, remarca en el libro La noche del Trinche que “para el rosarino yo era un porteño hijo de puta”. 

A esa selección dirigida por Vladislao Cap (cabeza de un triunvirato técnico que completaban José Varacka y Víctor Rodríguez) le quedaban dos meses para ir al Mundial de Alemania, y otro amistoso en el interior: ante Belgrano, en Córdoba.

El partido (pobre 1 a 1) se jugó en la cancha de barrio Alberdi, la casa del actual finalista del Torneo Apertura. El estadio Mario Alberto Kempes –donde disputará la final ante River, este domingo a las 15.30– se empezó a construir recién en 1975 (bajo el nombre de Estadio Olímpico, después Chateau Carreras) para el Mundial 78.

Al igual que los rosarinos, los hinchas cordobeses también mostraron su hostilidad hacia la Selección. Cuando Osvaldo Ardiles, que jugó de prestado de Instituto, puso arriba al Pirata, el público entonó: «Se va, se va, Belgrano al Mundial…»

El centralismo también alcanzaba las convocatorias de Cap. El propio Fernando Mitjans, entonces presidente de la AFA, aseguró que el DT no conocía a Kempes, llamado de apuro. También reveló que la referencia que Varacka tenía del Matador era de un delantero «chiquito, flaquito, de un metro cincuenta».

Tras el cierre de la gira por las provincias, el pobre Polaco Cap reprochó: “Fuimos demasiado visitantes en todos lados. Espiritualmente no es lindo sentirse visitante en propio suelo argentino”.

“Lástima que lo dirigía un porteño”, se enoja Mario Killer, lateral del combinado rosarino. “Porque si la dirigía Menotti –sigue– hubiese llevado más jugadores de acá”. El Flaco asumió meses más tarde y creó un seleccionado del interior. Federalizó las convocatorias. Los diarios rosarinos cuestionaban entonces que Aldo Poy y Kempes fueran «las solitarias figuras del fútbol provinciano» de esa delegación albiceleste que luego perdería en Alemania.

Los medios atienden en Buenos Aires

Enojado con las críticas a Rosario Central por supuestos favorecimientos, Ángel Di María se defendió en redes sociales: “Cómo molesta ver ganar a los equipos del interior”. Su equipo recién había eliminado a Racing, con arbitraje polémico. Además, arrastraba el título de escritorio en el semestre pasado. “El periodismo más fuerte está en Buenos Aires, por eso los del interior siempre tuvimos que callarnos, pero no nos callamos más”, siguió el campeón del mundo. En su esperado retorno al club, Fideo fue presentado por Sebastián Pollo Vignolo, conductor del porteñísimo ESPN. Era todavía el Angelito impoluto. No el actual, que juega en el barro.

Más que unitarios y federales en el fútbol argentino, me dice el periodista Carlos Aira, “lo que vemos son nuevos centros de poder”. Y añade: “En Buenos Aires no se comprende, o no se está acostumbrado a que el poder lo puedan ejercer desde Rosario, Mendoza o Santiago del Estero”. 

El programa Estudio Fútbol, un histórico de la pantalla de TyC Sports, comenzó en 2002 con espacio para la gran mayoría de los equipos de Primera. Con el tiempo, eso se redujo a los equipos denominados grandes. Mucho antes de 2019, cuando se emitió por última vez, la agenda periodística incluía sólo a Boca y River. No fue el único caso, claro. Para definir eso se inventó un feo término: Bover.

En pleno Mundial 78, la prensa porteña instaló que la Selección –obligada a dejar el Monumental por el segundo puesto en fase de grupos– seguiría su camino en cancha de Vélez. Un rumor para evitar una salida de Buenos Aires. La mirada porteña también se coló en la guía que difundió el EAM 78 para contar la ciudad: la Rosario “que allí aparece no es la verdadera”, se indignó el diario local La Tribuna.

En otra forma de desprecio, ahora las empresas multinacionales que televisan el torneo local ya no mandan tanto a sus periodistas a las provincias. Muchos usuarios que pagan el Pack Fútbol miran el partido por la tele, al igual que el relator y comentarista que lo transmite.

El “pecado original” del fútbol argentino

Lo que la historia oficial de AFA considera el inicio de los campeonatos de Primera División del país, en 1931 no fue otra cosa que el campeonato de Buenos Aires “con invitados”, aclara Aira, autor de Héroes de tiento y Héroes en tiempos infames: “Ese es el pecado original”. Clubes grandes con voto calificado en AFA entre 1937 y 1949, poderío económico y demás ventajas para los equipos de la Ciudad de Buenos Aires.

Recién en 1967 se incorpora a las provincias con la creación del Torneo Nacional. Ese año, la Bombonera fue testigo del “primer batacazo federal”, con la victoria a Boca de Central Córdoba de Santiago del Estero. De allí surgió el hombre fuerte de la AFA actual: Pablo Toviggino. Central Córdoba campeón de la Copa Argentina, doble ascenso de Güemes hasta llegar a la Primera Nacional, donde está Mitre. Estadio supermoderno y sede de finales.

Las autoridades de la última dictadura, que casi no se metieron en la vida política de clubes y asociaciones (donde se seguía votando), sí intervinieron el fútbol cordobés, con el objetivo –escribió Franco Reyna en Clubes de fútbol en tiempos de dictadura– de “incorporar a los clubes más populares y rentables del interior del país dentro de las estructuras deportivas del poderoso torneo metropolitano”. 

El primer beneficiado fue Talleres, con un decreto a medida. Rival eterno y verdugo en estos octavos de final del Torneo Apertura, Belgrano apoyó esa iniciativa, incluso, en una movilización de hinchas. Los piratas pretendían ser los siguientes.

La contracara de los batacazos en los viejos torneos nacionales fue el duelo de 1974 entre Boca y Puerto Comercial, club de Ingeniero White que militaba a su vez en la liga de Bahía Blanca. Al duelo en la Bombonera del 8 de septiembre se le interpuso su clásico ante Huracán en el certamen bahiense. Los dirigentes, cuenta Aira, priorizaron la liga local. “¿Una venganza por tantos años de darle la espalda al fútbol del interior?”

Publicado en el semanario El Eslabón del 23/5/26

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