Los héroes numerados es el nuevo libro del mexicano Juan Villoro. Entre sus relatos destacan rosarinos como Fontanarrosa y el Trinche Carlovich. En diálogo con El Eslabón cuestiona a la Fifa de cara al Mundial: “Corrompe todo lo que toca”.

En un homenaje a Fontanarrosa en 2011, a Juan Villoro le preguntaron de qué cuadro era en Argentina. Por estar en Rosario y tratarse de un tributo al Negro, dijo «Central». Parte de la sala se levantó y se fue. Esos hinchas de Newell’s “ultrajados por el elogio a su archirrival” lo esperaron a la salida. Allí recordó –según revela en su nuevo libro Los héroes numerados– su desconfianza de quienes “se vuelven hinchas instantáneos de un equipo en un país extranjero”.

Nacido en la Ciudad de México en 1956 e hincha del Necaxa, Villoro es dueño de una vasta obra entre cuentos, novelas, ensayos y teatro. Pensó al fútbol (o futbol, sin tilde, como lo llaman y lo escriben en su país) en Dios es redondo y Balón dividido. En este último sostiene que “los grandes momentos reclaman palabras”. Y así nació este nuevo libro atravesado por el fútbol argentino y Rosario, el Mundial que se viene, con su país como anfitrión menor; cracks a color y en blanco y negro. Y la novedad: fútbol femenino. O femenil, como se lo conoce allá.

La camiseta es como un Dios

La charla de Juan Villoro con este semanario comenzó, vía mail y Whatsapp, en Japón. Su monólogo Conferencia sobre la lluvia se montó en la Biblioteca Murakami de la Universidad de Waseda. Allí también lo llevó la presentación de su novela multipremiada El testigo, traducida al japonés. Luego, la conversación continuó desde Vietnam, donde se presentó la traducción de El libro salvaje, novela para jóvenes.

Para este escritor y dramaturgo, “la camiseta es la investidura de los héroes”. Como Beckett, es de los que leen el diario con “un veloz repaso a los desastres de la Tierra y un minucioso estudio de la tabla de goleo”.

“Hay pasiones que decaen”, dice Villoro, y argumenta: “El rock y el cine me interesaron en los años 70 y 80 con una pasión que no me provocan los grupos o los cineastas actuales. Ninguna serie me ha despertado la adicción que en su día me despertó Seinfeld. Las lecturas del marxismo crítico que me llevaron a hacer una tesis juntan polvo en el desván de mis suegros”. Otras pasiones, sin embargo, le ganan al tiempo: “El fútbol no ha dejado de apasionarme; pierde mi equipo y no lo soporto. Estoy a punto de cumplir 70 años y compruebo milagrosamente que en asuntos de fútbol no he rebasado la adolescencia”.

La Fifa sí se mancha

La pelota con la que se jugó el Mundial de Qatar fue diseñada “cuidando el medioambiente”. La Fifa, orgullosa de tal avance, informó sobre los elementos sustentables que se usaron para su elaboración. “Promotora de paradojas –escribió Villoro–, en 2022 la Fifa impulsó la fabricación de un balón respetuoso de la ecología y organizó el mundial en un país que viola los derechos humanos”.

“La Fifa es una mafia que corrompe todo lo que toca”, asegura el coautor de Ida y vuelta: una correspondencia sobre fútbol, libro que escribió con el argentino Martín Caparrós durante Sudáfrica 2010.

Los nuevos precios de las entradas para el Mundial asustan hasta a Trump: “Para ser honesto, no lo pagaría”. En la final costarán entre 9.263 y 32.970 dólares, contra los 1.600 que salió el boleto más caro en Qatar. “Parecen diseñados para narcotraficantes o para el «club Epstein»”, cuestiona Villoro.

“Los Mundiales de Rusia y Qatar fueron conseguidos con sobornos, se extorsiona a China y la India para venderles derechos de televisión con el pretexto de que tienen demasiados habitantes, se aumenta el número de partidos para ganar más dinero poniendo en riesgo la salud de los jugadores, se reparten los partidos en tres países por la misma razón obligando a hacer desgastantes recorridos. Un escándalo”, añade.

Foto: Aggi Garduño | El País

—¿Qué expectativas tenés para este Mundial? Un periodista te dijo que “Canadá lleva las papas, México los refrescos”, pero el organizador es Estados Unidos.

—En 2015, el FBI condujo la investigación en las oficinas de la Fifa que descubrió la red de sobornos que le dieron las sedes a Rusia y Qatar. El tercero en discordia, que competía por esa plaza, era Estados Unidos. De inmediato supimos dónde sería el Mundial de 2026. Para maquillar las cosas, se anunció un Mundial de «Norteamérica», pero México y Canadá tendrán, cada uno, 13 partidos de 104. El dueño del negocio es Estados Unidos. Infantino lo reconoció al premiar a Trump (a los presidentes de México y Canadá ni siquiera les dio un diploma).

—¿Qué análisis te merece que se juegue con su principal organizador en guerra?

—En la Grecia clásica, los Juegos Olímpicos eran acompañados de una «tregua sagrada» que suspendía las contiendas bélicas. Hoy, Estados Unidos bombardea Irán y lo invita al Mundial. Estamos ante la degradación del orden internacional.

Viva Argentina, cabrones

Villoro escribe que “Argentina tiene el mejor periodismo deportivo del idioma”. A esa conclusión, me cuenta ahora, llegó después de leer a Borocotó en El Gráfico, a Valdano en El País o a Sasturain en Página 12. También destaca a comentaristas “capaces de asociar el conocimiento del juego con la creatividad en el lenguaje”, como Víctor Hugo Morales. O las discusiones “divertidas, apasionantes, aleccionadoras” del programa radial Era por abajo (de Ezequiel Fernández Moores, Alejandro Wall y Andrés Burgo).

“Es obvio que no todos los argentinos que escriben o comentan son geniales, pero lo mismo pasa en cualquier giro de trabajo. En el siglo XIX, Rusia tuvo a Tolstoi, Chéjov, Dostoyevski y Turgueniev, pero, naturalmente, la mayoría de los escritores eran malos”, aclara.

Foto: El Eslabón/Redacción Rosario

—En el libro admitís que los hinchas de naciones perdedoras tienen un segundo país con el que simpatizar. ¿Cuál es el tuyo?

—Como eres de un medio rosarino, mi respuesta suena oportunista, pero en muchos textos he manifestado mi predilección por Argentina.

—¿Eso lo explica Maradona, Messi, los hinchas? ¿O hay algo más?

—Estuve en el Estadio Azteca cuando Diego anotó el gol ilegal más famoso de la historia y el gol legal más hermoso. Cubrí el Mundial de Italia 90 y vi la eliminación del país anfitrión en el estadio San Paolo, de Nápoles, el público local aplaudió a su ídolo, Maradona, mientras lloraba por la derrota de su selección. ¡Una ópera para Puccini! Esas vivencias me acercaron a la albiceleste. Pero también están mis muchos amigos argentinos, los clásicos Boca-River que he visto en la Bombonera y en Monumental, la admiración por Fontanarrosa, los diálogos con Valdano o Víctor Hugo Morales. Y hay muchas cosas más, desde Borges hasta un amor perdido, pasando por mis obras de teatro, que han tenido mucha suerte en Buenos Aires.

—Desde acá, da la sensación de que los mexicanos no nos quieren, futbolísticamente hablando.

—Es una situación compleja, de admiración y repudio. México ha tenido muchos jugadores argentinos y buena parte de ellos se ha quedado aquí. La mayoría de las parrillas de carne que hay en el país son de ex futbolistas. Menotti hizo un buen papel al frente de la selección y a cada rato llega un nuevo entrenador argentino. Se trata, obviamente, de una inmigración de éxito, y todo lo que tiene éxito causa desconfianza. Hay la idea de que los argentinos se agrandan demasiado, pero muchas veces somos nosotros quienes los agrandamos y, para corregir este malentendido, los criticamos. En la final del 86, la mayor parte del Estadio Azteca estaba con Alemania, algo absurdo en un país donde se les aprecia. La chica más bonita de mi clase solía decir: «¿Dónde está el argentino que me corresponde?».

Rosario siempre estuvo

Foto: El Eslabón/Redacción Rosario

Valdano suele definir al rosarino como una manera exagerada de ser argentino. Caparrós agrega que “en nada son mejores los rosarinos que en armarse mitos”. Villoro suma ese refrán de «Messi es el mejor jugador del mundo y uno de los mejores de Argentina», para introducir la historia de Tomás Felipe Carlovich. El Trinche demostró –escribe– que “el futbol es una variante de la imaginación”.

Sobre el «Vos fuiste mejor que yo» que le dedicó Maradona, destaca: “Desde que Borges aseguró, en el prólogo a La invención de Morel, que Bioy Casares había escrito la novela «perfecta», Argentina no presenciaba un respaldo semejante”. Y de sus caños y doble caños, subraya: “Nada de esto es comprobable; por lo tanto no puede ser refutado”.

Cuando se enteró de la historia del ídolo de barrio Tablada empezó a pedir información a amigos argentinos. “Como se trata de una leyenda –le dice a este semanario– recibí muy sugerentes rumores”.

—En tiempos de la televisión y redes sociales, ¿historias como la del Trinche son imposibles?

—Desde luego. El Trinche se vio protegido por el secreto. Sólo los «iniciados» que lo vieron jugar podían hablar de él y exagerar sus jugadas. Es hermoso que exista un jugador de ese tipo: un genio inverificable.

Su máxima referencia con la ciudad, sin embargo, es Roberto Fontanarrosa. En el bar El Cairo –escribió en su gran cuento Yo soy Fontanarrosa– «una taza no deja de echar humo, por si el Negro regresa». 

“El fútbol femenino es la última reserva de honestidad en la cancha”

Entre la multitud que rebasó el estadio Azteca en 1971 para ver el mundial de fútbol de mujeres, estaba un joven Juan Villoro de apenas 15 años. Que la Fifa no haya reconocido ese certamen no importó tanto en la Argentina: aquí, el 21 de agosto –cuando en ese torneo goleamos 4 a 1 a Inglaterra– se celebra el Día de la Futbolista.

“Ese Mundial reveló que el fútbol femenino podía convocar a un público masivo, pero la Fifa, liderada por patriarcas cavernarios, tardó décadas en reconocer eso”, remarca el autor de la nouvelle No fue penal.

Foto: Laura Lovera | El Sol de México

Casado con una futbolista, Villoro sostiene que “el fútbol femenino es la principal transformación de los últimos tiempos y representa la última reserva de honestidad en la cancha”. Y argumenta: “Los hombres cometen y simulan faltas todo el tiempo, tratan de sacar ventaja ilícita; eso no existe –al menos con tanta consistencia– en el fútbol de mujeres. Aunque algunas jugadoras destacan más que otras, se trata básicamente de un juego de conjunto, ajeno a la idolatría y el culto a la personalidad del fútbol masculino, que hace que Cristiano Ronaldo cueste más dinero que todo el equipo al que se enfrenta”. 

“Por otra parte –continúa–, al depender menos de la fuerza y la velocidad, el fútbol de mujeres permite apreciar con calma la técnica. Cuando ves un partido del mítico Brasil del 70 parece que juegan en cámara lenta; ese ritmo privilegiaba el toque. El fútbol masculino ha rebasado el límite de velocidad. Por eso sorprendió tanto el Barcelona entrenado por Guardiola. El tiki-taka es, ante todo, una refutación de la prisa”.

—Sos optimista respecto del fútbol femenino ¿No temés que si avanza como negocio las mujeres adquieran los mismos vicios y costumbres de los varones?

—Soy muy optimista respecto a las mujeres, pero no respecto al mundo donde viven las mujeres.

 

Publicado en el semanario El Eslabón del 16/5/26

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