“Amora estoy en reunión. Dame un rato”, escribe velozmente y por WhatsApp Jackeline Romero. Ese rato iban a ser casi seis horas hasta poder concretar la entrevista con este semanario. Pamela Rocchi también pide “una horita” para poder hablar. Gabriela Cáceres, por su parte, advierte que hasta pasado su horario laboral no podría dar una nota. Apenas corta el teléfono, contará después, se sumaría a su rutina habitual: ser enfermera de uno de los tantos partos respetados del hospital Roque Sáenz Peña de Rosario. Michelle Vargas Lobo atiende al toque. Entre respuesta y respuesta, se la escucha saludar. “Hola” y “chau”, “hola” y “chau”, dice en la puerta del Concejo Municipal, su nuevo lugar de trabajo. Es 30 de diciembre y ya la conocen todos y todas.

Jackie, Pamela, Gabriela y Michelle están ocupadas. No es novedad en su rutina pero sí una forma de explicar quiénes son y qué hacen: cuatro mujeres trans que están trabajando en distintos niveles del Estado, la Universidad e instituciones públicas. Ninguna entró por cupo, sino por designación política para que ocupen lugares de gestión, se sienten en mesas de decisiones y tracen políticas públicas que tengan como destinataria a toda la sociedad. Tampoco son las primeras, ni las únicas, pero sí un recorte local de los perfiles de algunas gestiones que recién comienzan.

Así como desde el 10 de diciembre de 2019 resonaron las designaciones de Alba Rueda, al frente de la Subsecretaría de Políticas de Diversidad Sexual en el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, y de Ornella Infante, como Directora Nacional de Políticas contra la Discriminación en el INADI, en Rosario y la provincia también resonaron designaciones que le suman expectativas al 2020.

Tal vez las que hicieron más ruido mediático fueron los cuatro ingresos en áreas de gestión de la Universidad Nacional de Rosario, pero a la par, legisladoras, concejalas y funcionarias del Estado eligieron militantes travestis para que se sumen a sus equipos, discutan, piensen proyectos, corrijan otros y aporten una nueva forma de mirar la política: la mirada travesti. Las cuatro entrevistadas por el eslabón coinciden en que aceptar los cargos y las funciones designadas son otro paso más en la militancia; una forma de seguir marcando e insistiendo con una premisa básica: que las personas trans pueden ejercer las mismas funciones que cualquiera, que lo único que no tuvieron a lo largo de su vida fueron oportunidades por parte del mismo Estado que ahora pueden cambiar desde la calle y desde adentro.

Una justiciera en la legislatura

“No te voy a llamar con tu nombre de mujer. Si sos travesti, es problema tuyo”. Pamela Rocchi tenía 14 años cuando una maestra decidió expulsarla de la escuela negándole su identidad. “Tu marido no dice lo mismo”, le había respondido ella al agravio y fue la causa para que la echen de la institución. Pamela tiene 33 años, es de Alcorta y su historia no es distinta a ninguna salvo por lo que ella denomina “una única suerte”: que sus padres no la echaron de la casa por ser travesti. Hoy, luego de haber trabajado cuatro años como funcionaria de la Subsecretaría de Diversidad de la provincia, se desempeña como asesora de la diputada provincial por el Partido Socialista, Clara García.

“Amo la política, me encanta. Me metía siempre si me cruzaba con algún problema en la calle. Yo, justiciera ciega. Siempre. Y así como me gustaba defender a quienes lo más lo necesitaban, un día me di cuenta que tenía que luchar también por mí, porque sino me esperaba la prostitución y una muerte muy temprana”, dice a el eslabón, y recuerda que sus 33 años son el límite de la expectativa de vida para una persona trans. “Pero no es lo mismo estar parada en la esquina que tener un recibo de sueldo”, destaca.

Ya hace 10 años que Pamela trabaja en la política. La primera oportunidad llegó de parte de Analía Martín, concejala de Villa Constitución en ese momento, que la eligió como parte de su equipo de asesores. Luego de cuatro años, se sumó a trabajar en la Comuna de Alcorta. “Estuve dos años ahí y pude demostrar en la Municipalidad que una travesti puede hacer un montón de cosas. Después, recibí el llamado del gobernador Miguel Lifschitz para ser funcionaria de su gobierno”, recuerda.

Pamela Rocchi fue la asistente técnica de Esteban Paulón, subsecretario de Diversidad de la provincia, y la coordinadora provincial de inclusión trans durante cuatro años. “Me he sentado en mesas de decisiones de casi todos los ministerios, municipios y comunas”, remarca. Finalizada la gestión, Rocchi se volvió a su casa. “Uno de mis planes era volver a Alcorta, pero recibí el llamado de la diputada Clara García, quien me propuso ser parte de su equipo. Yo le dije que no me gustaría que me contraten solo por ser travesti, pero ella me dijo que había conocido mi trabajo en la provincia. Y bueno, ¡acá estoy!”, cuenta.

“Soy Gabriela, soy una más”

Gabriela Cáceres, de 44 años, enumera su currículum con orgullo, de memoria, casi sin respirar.  “Hace 24 años que soy enfermera, me recibí en el Hospital Provincial de Rosario y después hice mis estudios universitarios en la UNR. Tengo un posgrado de Medicina Social y Comunitaria, y tengo la maestría en Ciencias de Educación en la Salud, y también la especialidad de trabajar en obstetricia en el hospital Roque Sáenz Peña, donde estoy desde 2012”, suelta. Sabe que, lamentablemente, su caso es una excepción en la historia de la vida de las chicas trans y travestis. Y entonces destaca: todo lo que hizo, fue siendo una persona transexual, nunca ocultando su identidad. Además de enfermera, Gabriela es docente en la UNR y forma parte de la Secretaría de Estado de Igualdad y Género de la provincia (antes  subsecretaría de Diversidad).

“Soy de Villa Gobernador Gálvez y hace unos cuantos años que milito en mí ciudad. Yo sé que mi vida fue distinta, porque tuve el acompañamiento de mi familia, entonces trabajé para conseguir derechos para las personas que no la pasaron como yo, que eran más vulneradas”, rememora. Y añade: “Por ejemplo, el acceso a la salud. Muchas de mis compañeras no se podían acercar a un centro de salud o a un hospital porque se la llamaba por su nombre de civil, no se respetaban sus derechos, y entonces una de las cosas que hicimos fue crear el consultorio amigable del Centro de Salud Mosconi de Villa Gobernador Gálvez, que yo coordinaba en ese momento”.

Cáceres fue parte del equipo de trabajo de la subsecretaría de Diversidad de la provincia, de la anterior gestión, y trabajó en la promoción de derechos y políticas públicas de diversidad. Con el nuevo gobierno provincial, formará parte de la Secretaría de Estado de Igualdad y Género. “La idea es que yo trabaje en el área de salud, en hormonización, cirugía, y demás, que es lo que más entiendo y me gusta. Todavía estamos en una etapa de transición. Ya nos conocimos con las nuevas representantes y vamos a trabajar en fortalecer lo que está y en lo nuevo que se venga”, indica.

“Desde la implementación de la Ley de Identidad de Género cambiaron muchas cosas, recibimos muchos beneficios en muchos aspectos. Lo importante es que se entienda que somos personas como cualquiera. Y que si hoy tenemos participación en lugares públicos es porque lo merecemos y porque podemos, como cualquiera. Yo no voy a dar clases o a trabajar con el cartel de mujer trans, voy como una más de todas las que están ahí dentro. Me presento como Gabriela, y soy esto: soy enfermera, soy profesora, soy una más”, remarca. Para ella, es fundamental eso. Estar y ocupar lugares. Y en ese sentido, pone como ejemplo su trabajo como enfermera: sabe que ser travesti y estar en el área donde se recibe al recién nacido significa mucho y cambia aún más cosas.

Foto: Ernesto Ávila

Inclusión real 

Jackeline Romero comenzó a trabajar el 15 de octubre de este año en el Área de Género y Sexualidades de la UNR. Ese mismo día, el rector Franco Bartolacci anunció la implementación del cupo laboral trans en la Universidad. “Yo estoy por decisión política de la nueva gestión. Para mí es un tremendo placer estar ahí. Son herramientas hermosas para poder llevar a la Universidad pero también para que salgan de la Universidad. Pero a eso se le suma que la inclusión es real, que una tiene participación directa en la toma de decisiones. Eso es importantísimo”, remarca Jackie.

Jackie tiene 48 años y también dudó a la hora de aceptar el cargo. “Los miedos son más que obvios: es el miedo a la falta de aceptación”, dice. Y agrega: “Yo creo que nos provoca mucho miedo que esa escucha quede parada y no haya acciones concretas en relación a lo que un sujeto o una sujeto piensa. Yo tenía mucho miedo, primero dije que no, pero después charlé con diferentes personas que quiero mucho, como Fernanda Gigliani y Oscar Urruty, tambien Florencia Rovetto y Luciano Fabbri (ambos al frente del Área mencionada), que son personas que lograron que sienta que me iban a apoyar y que iban a estar a la par mio”. Cabe señalar que este año Romero fue la única trans precandidata al Concejo Municipal, ocupando el quinto lugar en la lista de Iniciativa Popular, espacio del que forman parte Gigliani y Urruty.

El trabajo de Jackeline Romero al momento fue de capacitación y sensibilización en las facultades y dependencias de la Universidad. Sabe que todo recién comienza. “Sé que viene un 2020 cargadísimo de proyectos”, dice y enumera en off, para no romper sorpresas ni promesas. “Yo tengo muchas expectativas y no sólo con mi trabajo, también con la gestión del Estado. Nos reunimos con diferentes ministerios y tengo buenas expectativas. Creo que este año vamos a poder concretar el cupo laboral trans y muchos derechos vulnerados que hace cuatro años no se cumplían. Porque nuestro malestar es histórico, pero cuando hubo voluntad política se ejecutaron políticas públicas. Para mí lugar de trabajo, además, quiero formarme, terminar mis estudios y poder trabajar con la gente con todos los proyectos que tenemos”, se entusiasma.

Foto: Yazmín Quiroga

Una designación, un trabajo colectivo 

“Creo que es básicamente lo que venimos haciendo hasta ahora. Es como venimos trabajando en estos últimos años, en la militancia, pero en otro marco, ¿no cierto?”, dice Michelle Vargas Lobo, de 38 años, militante de Comunidad Trans Rosario y flamante miembro del equipo de asesores y asesoras de la concejala Alejandra Gómez Sáenz (Bloque Frente de Todos – PJ). “Nosotras militamos siempre y siempre tratamos de generar otro tipo de política. Todo lo que hicimos fue desde la militancia y con ganas de proyectar. Ahora vamos a tener una herramienta que es importante, que es ser parte del Estado y la posibilidad que esas ganas se transformen en ideas en el Concejo”, afirma.

Michelle admite que al principio no quiso saber nada con la propuesta de trabajo y militancia. “Es una responsabilidad muy grande, sobre todo en este contexto donde hay tanta hambre, desigualdad, desempleo. Es un contexto difícil, y estar ocupando el lugar de asesorar a una concejala es llevar el reclamo de muchas personas al concejo deliberante”, se explica. Y asegura que esas mismas inseguridades son las que la convencieron de ocupar el lugar que ocupa ahora. “Yo circulo por un montón de espacios –continúa–. Por la facultad, por diferentes barrios, y todo el tiempo escucho reclamos, gente que pide ayuda, gente que necesita que le solucionen problemas. Y esto se trata de eso, de poder llevar estos reclamos al Concejo. Es un canal. Yo creo que voy a ser un canal, nada más. Y también tengo en claro que esta es una función que yo ocupo como militante, que este no es un lugar eterno, y el tiempo del que forme parte voy a tratar de hacerlo lo mejor posible”.

Además de Vargas, tres militantes de Comunidad Trans Rosario están ocupando lugares de gestión en la Universidad Nacional de Rosario: Karla Ojeda, Laureana López y Morena García. “Todas estamos muy agradecidas, porque esto significa que hay un montón de gente que está confiando en nosotras, que cree en nosotras, que ha visto el laburo que hemos hecho en estos últimos años, porque compañeros y compañeras para ocupar un lugar hay un montón, ¿no? Apostar a nosotras no es decisión de una sola persona, hay muchas personas atrás que estuvieron de acuerdo del lugar que ocupamos. Y esa es una responsabilidad colectiva”, sostiene Michelle.

Volver con todes, volver mejores   

Las designaciones de personas trans en lugares de gestión en universidades y distintos lugares del Estado renuevan y suman a las expectativas puestas en los gobiernos que asumen después de cuatro años de gestión macrista. Las luchas de los colectivos de diversidad y disidencia crecieron a la par que se recrudeció la violencia y los crímenes de odio, y si se volvía, muchos, muchas y muches sabían que era para ser mejores y con todes. Los cuatro años de tejer redes y sobrevivir al neoliberalismo sirvieron también para que esas vueltas, o esas aperturas, sean reales, es decir, no por mera inclusión de travestis.

“El macrismo hizo que el resto de la militancia pueda tomar conciencia de que es necesaria una inclusión real y participativa”, dice Jackeline Romero. Y amplía: “En todo caso, las políticas económicas del gobierno de Mauricio Macri, que fue un gobierno que atravesó e impactó directamente sobre los cuerpos de las personas más vulneradas, vino a hacer que los y políticas puedan tomar una decisión y digan que les compañeres existen. El mensaje es que podemos confiar todavía en la política y podemos decir que nos escuchan. La escucha es fundamental en el reclamo”.

Las travestis saben que su aporte no es sólo a la hora de trazar políticas de diversidad, que ni el género ni la sexualidad son condiciones a la hora de discutir presupuestos y proyectos de todo tipo. “Una compañera me definió como una más del campo nacional y popular. Cuando yo fui precandidata al Concejo con Fernanda Gigliani, recorrí los barrios, y tuve conciencia de que se trabaja para todo el mundo, que todas las personas tienen alguna vulnerabilidad, necesidades”, reconoce.

Pamela Rocchi señala, por su parte: “Seguramente que por ser trans voy a trabajar temas de diversidad. Yo soy socialista, tenemos doce diputados, y ya me han hecho consultas, me han pedido asesoramiento. Siempre vamos a estar ligadas a eso. Pero este lugar también me da la posibilidad de hablar muchos temas que también sé, que estudié, que conozco porque vivo y recorro toda la provincia”.

“El tema es es que nuestra condición de género debería ser algo personal”, sigue Rocchi. Y agrega: “Nosotras caminamos las mismas veredas que toda la población, y si hay una vereda rota lo podemos denunciar como cualquiera, ¿no? Es tiempo de poner la sexualidad de todo el mundo en un segundo plano y entender que las travestis podemos hablar de obras públicas o de lo que sea. La única diferencia es que a nosotras no nos dieron oportunidades para demostrar todo lo que sabemos y somos, o podemos ser. Yo le pedí a Clara que me contrate por quién soy yo, no por ser travesti. Yo quería que me contraten por la inteligencia, mi trabajo y mi trayectoria”.

Michelle Vargas destaca que llevar “una mirada trava” a cualquier comisión del Concejo marcará la diferencia en el debate que sea. “Nuestro paso por el Concejo no va a ser menor, no va a pasar desapercibido”, augura. Para ella el lugar que ocupa no sólo marcará la diferencia, sino materializará las consignas de inclusión y construcción colectiva que levantan diferentes organizaciones. “No tiene que haber discursos vacíos. Esto efectiviza nuestro proyecto de construcción colectiva. Y además es una muestra de que no hay que esperar a que salga el cupo para dar oportunidad a las compañeras”, destaca.

Si no hay voluntad, hay cupo

En la provincia de Santa Fe, 24 personas travestis y trans ingresaron a trabajar en sus respectivos municipios gracias a las ordenanzas de Cupo Laboral Trans. De ese total, seis entraron en Rosario, tres en Chañar, y una en Santa Fe, Venado Tuerto, San Justo, Santo Tomé, Capitán Bermúdez y Rincón.

El 31 de diciembre de este año, a las ordenanzas municipales se sumó la ley provincial, que nació de un proyecto resultado del trabajo de tres iniciativas presentadas, una por el diputado provincial Carlos Del Frade, otra por Leandro Busatto y otra por Silvia Augsburger. Según la ley, promulgada luego por el ex gobernador Miguel Lifschitz, el Estado provincial está obligado a ocupar en su personal de planta permanente, transitoria y/o contratada, a personas travestis, transgéneros y/o transexuales idóneas para el cargo, en una proporción no inferior al 5 por ciento de la totalidad de personas que hayan procedido a la rectificación registral de sexo, nombre e imagen en territorio provincial.

El principal objetivo del cupo es favorecer la inserción y estabilidad laboral para personas travestis, transgéneros y transexuales tanto en el ámbito público como privado.

 

Fuente: El Eslabón

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