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El nombre de Marcos Rojos recorrió semanas atrás todos los portales deportivos por su regreso a Estudiantes de La Plata, tras su paso por el Manchester United inglés. Ahora, ese nombre vuelve a circular, pero por la historia del joven que se convirtió en el primer jugador trans del país. El Marcos Rojo de Gualeguaychú, que sólo cambió su nombre y mantuvo su apellido original, jugará –después de su paso por el fútbol femenino– en el equipo masculino del club Unión del Suburbio, una humilde institución de la ciudad entrerriana dueña del Carnaval del país. Sus inicios en el deporte de la redonda, su cambio de DNI, sus frustraciones y éxitos en el duro camino de la transformación, en esta entrevista con este medio

La Unión hace la fuerza

A un par de calles de tierra del Corsódromo, se encuentra emplazada la modesta cancha del Club Atlético Unión del Suburbio, que todos los fines de semana compite en la Liga Departamental de Fútbol de Gualeguaychú. El torneo, que está pronto a comenzar una nueva edición, marcará un hecho histórico: en lo que queda del verde césped de esa cancha jugará Marcos Rojo, varón trans, caso único hasta ahora en el fútbol argentino. Y el protagonista se entusiasma con esta idea: “Está buenísima la dimensión que ha tenido el caso, creo que esto va a ayudar a muchísimas personas, eso me pone muy contento”.

Claro que su andar en la búsqueda de instituciones deportivas que le abrieran las puertas, fue apenas menos complicado que la decisión que tomó hace dos años atrás, al hacer uso de la Ley de Identidad de Género que le permitió cambiar su DNI. “Costó un montón, obvio”, dice de entrada, y sigue: “Tuve que buscar clubes, anduvimos mucho. Hasta que se dio la posibilidad de jugar con los chicos de Unión, me aceptaron bien, tuve una bienvenida linda, así que estoy muy contento con todo eso”.

Rojo, que desde enero ya se entrena a la par de sus compañeros en la sub 20 del club identificado con el verde y el amarillo, revela que cuando arrancó con esta aventura en el fútbol de varones, fueron varios los goles en contra. “Al principio fui a Juvenil del Norte, otro club de acá, y no tuve una linda experiencia”. Tan mal la pasó que decidió colgar los botines, hasta tener una nueva revancha. “En base a ese caso, dejé el fútbol por un año. Ahora volví a las canchas. Me había probado y todo, pero hubo personas que no entienden, están mal informadas y pasan estas cosas. Cuesta ver algo distinto, y por eso tuve que dejar un tiempo”.

Pide el cambio

“Costó un montón”. Es lo primero que le sale decir a Marcos cuando los cronistas de este medio le preguntan sobre el proceso de su transformación, que luego lo llevó a tramitar su nuevo DNI. “Tuve que hacerme a la idea de que tenía que hablar con mis viejos y explicarles cuál era la situación, porque ya había llegado a un punto en el que no me sentía cómodo conmigo mismo”, cuenta este joven, que por entonces tenía 18 años.

Luego llegó el turno de la definición, no tan sencilla como las que suele tener como delantero en el área. “Ahí fue cuando decidí contarle a mi mamá primero. Mi vieja con toda la onda me apoyó en todo, y después quedaba hablar con mi viejo. Pero ninguno de los dos tuvo problemas, al contrario, siempre me apoyaron en todo. Y creo que ese apoyo fue fundamental para hacer todo mi cambio”.

Un 9 de área

Del deporte de la redonda se enamoró siendo piba, por el contagio del futbolero de su padre. “Siempre me gustó jugar. A los 15 años arranqué, sobre todo con mi viejo, que es fanático y le encanta jugar”, rememora el chico de 20 años, que repasa uno de sus primeros contactos con la pelota: “Una vez me invitaron a jugar y me prendí. Recuerdo que mi vieja no estaba muy contenta con el tema de que arrancara a jugar. Me fue bien y seguí jugando, y acá estamos”.

Claro que la cosa comenzó en el fútbol de mujeres, en el que se destacó siendo la goleadora de su equipo, lo que le valió después para ser reconocida como la mejor de la temporada. “Jugué 3 años en el fútbol femenino, hasta que arranqué con todo este tema del cambio, y ya dejé de jugarlo. Jugué un tiempo para Luchador, que fue el equipo en el que estuve tres años seguidos. Después me cambié a Xeneize, que fue el último equipo femenino con el que jugué”, remarca.

Marcos juega de 9 (“nueve nueve, bien de área”, especifica) y es fanático de Boca. Por eso, parece no ser casualidad que su ídolo sea Darío Benedetto, actualmente en el Olympique de Marsella, en la liga francesa, y con gran pasado Xeneize. “Ídolo tengo uno sólo –responde tajante, sin dudar un instante–. Siempre me gustó como juega el Pipa Benedetto, lo admiro”. Sobre este atacante surgido en Arsenal de Sarandí, asegura que “fue el jugador que me marcó, me encanta como juega y siempre quise copiarlo. Es el jugador que más sigo, sin dudas”. En este sentido, uno de sus próximos retos es volver a la mítica Bombonera: “Soy de boca, a muerte. Fui a la cancha hace muchos años y me gustaría volver. Mi viejo es fanático de Boca, y siempre miramos todos los partidos”.

 

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