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Apenas salió del secundario, y mientras cursaba la carrera de Producción de Radio, Sol Rezza se fue a trabajar con Quique Pessoa a Buenos Aires, en Radio Ciudad. “Ahí es donde me formé y me fogueé acerca de la producción”, recuerda. A partir de ahí realizó varios experimentos de radio itinerante dentro del país y para 2004 finalmente pudo “salir a la ruta”. Emprendió el viaje con una radio itinerante que durante dos años la llevó por Latinoamérica hasta llegar a México. Allí estuvo viviendo 14 años, se especializó en diseño de sonido e ingeniería en audio y empezó a hacer piezas de experimentación sonora como parte de su trabajo habitual.

Se formó rodeada de los sonidos mexicanos y ahora decidió volver. “La idea era ver qué es lo que pasa con mis raíces, volver a mi país y decir, bueno, sé quién soy fuera de Argentina pero todavía no sé quién soy dentro de Argentina”. En esos 14 años pudo viajar por muchos lugares del mundo pero no había podido trabajar la “reconección con las raíces”.

“Hoy en día, la experimentación sonora está teniendo un muy buen espacio dentro del giro cultural en Argentina. Se abrieron lugares de estudio, hay un grupo de interesados en la experimentación sonora que antes, cuando yo me fui, no había, no se hablaba de radio arte, no se hablaba de experimentar con sonidos como se está hablando ahora”, señala, y detalla: “México ya tiene establecida la experimentación sonora hace muchos años, desde la producción de radio, el radio arte, con Lidia Camacho que es una referente en el tema tanto en México como en otras partes del mundo. En nuestro país, recién ahora está empezando a foguearse esto, lo que lo hace un lugar mucho más interesante porque todavía no hay establecidos referentes, la gente está justamente experimentando y explorando, no hay límites”.
“Yo estoy trabajando mucho con el espacio, siempre mis temas en todos mis trabajos han sido tres: el espacio, el tiempo y el sonido. Son como un anclaje que siempre está jugando en mis obras”, señala Sol, cuyo trabajo invita a “entender el espacio a través del sonido, no sólo por el lado acústico sino entender cómo percibimos un espacio a través del sonido, qué conecciones hace nuestro cerebro para entender la espacialidad a través del sonido, siempre fue uno de mis temas importantes para analizar”. “Cuando estuve en México –continúa– pude entender cómo los aborígenes pensaban esto del espacio. Los mexicanos en general, por su cultura y por la parte aborigen, tienen una concepción espacial muy distinta a la que tenemos nosotros los argentinos que somos migrantes. Creo que ese cambio de percepciones también cambia nuestra forma de escucha”.

A Sol, de lo sonoro le interesa “cómo lo recibe la gente y todas las formas en las que ha cambiado la escucha. Cómo la gente se deja llevar por los sonidos, porque Pool, por ejemplo, no tiene letra, no hay nadie que te diga «lo que estás escuchando es esto». Se trata más de qué es lo que estás sintiendo, qué te despierta a vos esos sonidos”.

La producción de Pool la hizo en Argentina, pero fue un encargo de Tsonami, un festival de arte experimental sonoro que se hace en Chile desde hace 13 años. Para esta obra, la artista también recibió el apoyo de la emisora austríaca Kunst Radio.

Sol Rezza trabaja mucho para Alemania. “No sé qué es lo que le llamó la atención a los alemanes de mi trabajo. Una vez que participé en un concurso y lo gané, después me llamaron para un festival y desde ahí, en 2014, empecé a trabajar mucho más asiduamente con la parte de experimentación sonora de las radios alemanas, principalmente con el Goethe Institute y festivales relacionados con la experimentación y story-telling experimentales”.

En general sus trabajos no tienen la palabra como un elemento de anclaje de lo sonoro. “En 2018 estuve en Radio Corax haciendo una residencia de tres meses. Es una radio comunitaria y entre los compañeros había árabes, franceses, participaba un montón de gente de distintas partes del mundo, y uno de los problemas que surgió cuando hice la residencia fue el lenguaje. Yo me manejaba más o menos en inglés pero los alemanes no hablan perfectamente inglés, entonces tratar de manejarme con alguien que hablaba árabe me era muy difícil para hacer una pieza. Decidimos hacer una pieza describiendo lugares, cada uno en su lengua, y yo las tenía que editar sin saber exactamente lo que ellos estaban diciendo, pero el sonido de lo que ellos iban relatando me daba una idea de lo que estaban diciendo. La experiencia fue muy interesante porque no necesitabas entender el lenguaje, sino dejarte llevar por el sonido”.

Respecto al camino que fue tomando y la presencia del agua en sus trabajos, Sol comenta: “He ido encontrando cosas con las que me siento más cómoda y me relaciono más. Editar las frecuencias sonoras del agua es algo que me fascina, tengo un álbum que se llama Storms, compuestos por tormentas grabadas durante 10 años. En México viví en un lugar en el que  durante 9 meses llovía todos los días, entonces salía con mi grabadorcito a grabar cada una de las tormentas. Y ese ejercicio diario, que parece algo tonto y al principio yo no sabía por qué lo hacía, me enseñó a escuchar el sonido del agua de las tormentas. Uno dice «tormenta» como diseñadora de sonido, y decís: «Ah, bueno, rayos, truenos, relámpagos, viento», pero todas las tormentas son distintas, cada tormenta es un hecho muy particular que tiene relación con la presión del aire, con el ambiente en ese momento, tienen duración distinta los sonidos. Hay tormentas que empiezan siendo viento únicamente y caen dos gotas de agua, hay un montón de truenos pero casi no sentís el sonido del agua. Hay otras que son agua pura y es como si cayeran baldes de agua del cielo y todo eso suena diferente, pero nuestro pobre vocabulario tiene solamente una palabra para definir eso: es una tormenta y punto. Cuando en realidad cada tormenta es completamente diferente”.

Cuando me voy a poner a hacer una obra, siempre defino cómo la voy a hacer. Me pongo parámetros, le doy forma. En el caso de Pool, eran pequeños sonidos de agua y pequeños loops que tenían que formar cada una de las partes de la pieza, que además tenía que durar 25 minutos. Uno con loops muy pequeños, de 2 o 3 segundos, puede hacer una obra de 5 minutos, pero una obra de 25 ya era pesado hacerla, no sabía cuánto me iba a durar y tenía un límite de tiempo para entregar. Entonces saber que uno cumple con todos esos requisitos, y que se escucha bien al oído, es satisfactorio cuando lo terminás”.
Para generar la obra, Sol la pensó “como una partitura donde diversas formas con las que interactuamos con el agua, se van entremezclando”. Así generó 5 pinturas que de algún modo ofician de partituras que ilustran las frecuencias predominantes en cada porción del álbum.

Pool y otras obras de la artista pueden escucharse en sol-rezza.bandcamp.com.

 

Fuente: El Eslabón

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