Yo no sé, no. Con Pedro nos acordábamos cuando vivíamos en la casa de Zeballos casi Callao y teníamos una vecinita, Graciela, cuyos padres tenían una verdulería. Pedro preguntaba siempre por ella y un día la abuela le dijo: ¿Vos cuántos años tenés, Pedro? Y Pedro, para hacerse el grande, le contestó: Me faltan dos para tener 8. Ya cuando estábamos en zona sur, no veía la hora de tener 12 para jugar con el equipo un torneo que era para mayores de 12. Finalmente, por su cuerpo grandote y unos papeles truchos, lo pudo jugar. En esa época le gustaba una piba que tenía 13 y como él tenía 11 ella le decía: Te faltan dos años, como si ella fuera a quedarse en los 13 hasta que él la alcanzara. Ahí, entendió la importancia de los años.

Cuando teníamos 15, y estábamos colgados detrás del arco que daba al Palomar, Pedro preguntaba: ¿Cuánto falta, cuánto falta?, porque restaban apenas unos minutos para que Central saliera campeón, en el 71. Ahí le empezó a dar importancia a los minutos. Al año siguiente, el tío Mario le dice: Faltan horas para que vuelva el General. Y así fue. Y ahí le empezamos a dar importancia a las horas.

Ya durante la época oscura del Golpe, cuando ibas a una cita, te decían: Tenés que estar a tal hora y darle unos segundos. Ahí entendimos que los segundos en una cita eran tan importantes como en un partido de básquet, que parecen eternos.

Más acá en el tiempo, algunos en el barrio que recibieron créditos del Estado estaban contentos porque decían: Me faltan un par de años y terminó de pagar las cuotas de la casa o la chatita. De pronto, vino esa ola neoliberal que lo pudrió todo y ese par de años pasó a ser una eternidad.

Ahora uno le vuelve a dar importancia al tiempo porque tiene todo el día disponible para estar atrincherado, no aislado, como dijo el Profe Montenegro en Noticias Piratas. Atrincherado en la casa defendiendo el espacio, la fortaleza.

El tiempo hoy es un aliado, los días, los minutos, los segundos, así que aprovechamos y escuchamos las cosas importantes, escuchamos a las autoridades, a los amigos, a los parientes, a los compañeros que están solos, y hasta a las mascotas.

Y como dijo el General, que la organización vence al tiempo, si estamos organizados venceremos, venceremos.

Fuente: El Eslabón

 

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