Clases

Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

Ailén, Marcos, Santiago y Milagros son estudiantes de 5° año de la secundaria, promoción 2020. El compañerismo que crece en las aulas y el trabajo docente a su lado es lo que más extrañaron en el año que aprendieron a la distancia. Hablan de los planes que tienen por delante, entre el estudio y el trabajo, y la importancia de seguir cuidándose. También cómo viven el regreso a la presencialidad definido por el Ministerio de Educación de Santa Fe, desde este miércoles 17.

Hasta marzo del año pasado, Ailén se levantaba a la seis y media de la mañana, con el tiempo justo para llegar a la escuela. En la puerta se encontraba con sus profesoras y profesores, y compañeras y compañeros de clase. Luego seguía formar, izar la bandera y subir al primer piso de la Escuela Normal N° 3. Charlar mientras esperaban que comenzara la clase, y pedirle al portero que les compre los bizcochos para compartir en el recreo con el mate, también formaba parte de esas rutinas.

Ya desde cuarto habían empezado a organizar el banderazo de 5° año y diseñar las típicas camperas. El viaje de egresados habían decidido no hacerlo. Todo ese hábito, en 2020, duró apenas un día de clases. Por eso cuando a Ailén se le pregunta por el retorno a la escuela afirma: “No es volver como siempre”. Y de antes y ahora dice: “Lo más lindo no lo vamos a tener, que es el contacto con tus compañeros y profesores. Ir y escuchar la clase”.

Ailén Jaime -tiene 18 años- recuerda que apenas se enteraron de la cuarentena incluyeron al preceptor en el grupo de WhatsApp del curso, para mediar en lo que serían las clases virtuales de ahí en más. Entre otras cosas, lamenta haberse perdido “el debate al que algunas materias” invitan cara a cara. “Pero sí se pudo aprender, hacer otro tipo de trabajo, que calificaría diferente. No fue un año perdido, por lo menos yo no lo percibí así, porque hicimos un montón, y también tuvimos la posibilidad de conocer a los profesores desde otro lado, de conversar y aprender desde lo humano”, aprecia.

Todo el 2020 lo vivió con muchas dudas: “En realidad era como una mezcla de sentimientos, porque no era volver como siempre: no íbamos a poder salir al recreo como antes, compartir el mate… No sabíamos si íbamos a ir todos, con barbijos, separados. Tenía ganas de volver a esas rutinas, pero no así”.  Además –agrega- también está el riesgo sanitario, para los profesores y las familias.

Desde aquel primer día de clases del 2020 Ailén no retornó más a las aulas del Normal 3 (Entre Ríos al 2300). Hace poco algunas docentes comenzaron a contactar al curso para darles la bienvenida y contarles del inicio establecido oficialmente para este miércoles 17. En su colegio, se definió que asistan quienes deben recuperar materias. “Es para los alumnos que quedaron en proceso, que no se habían podido conectar. En principio, yo no tengo que ir porque el año pasado saqué todas las materias”, explica y dice que por estos días ya arrancó con los cursillos para ingresar a medicina en la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

“Una graduación sin baile no es una graduación y más lo que costaba”, argumenta de por qué desistieron de la fiesta de graduación. Sí, tienen la promesa de la escuela de apenas se pueda hacer un acto de colación presencial, “con el pase de bandera, el video, los diplomas…”. “Termino la secundaria, cierro una etapa de mi vida”, sueña Ailén con esa despedida.

Ailén Jaime
“Lo más lindo no lo vamos a tener, que es el contacto con tus compañeros y profesores como era antes”, dice Ailén, del Normal 3.

La última foto

Marcos Maldonado tiene 20 años y es estudiante del  Núcleo Rural de Educación Secundaria Orientada N° 2.349 de Esteban Rams. Una localidad del norte santafesino, ubicada  77 kilómetros de Tostado y 413 de Rosario. Para él la pandemia tiene dos caras bien definidas. Por un lado le significó conseguir un trabajo en la comuna, en los controles de ingreso de los vehículos al pueblo, y por otro se le volvió muy difícil sostener los estudios.

“Me gusta tener mi plata, comprarme lo que necesito o ayudarle a mi viejo, en los gastos. Por ese lado me fue bien porque pude trabajar. Pero por otro lado, mal. Se me hacía muy difícil hacer las tareas. Los profes pasaban los trabajos, pero no tenía ese mismo apoyo para hacerlos, para que estén ahí y te expliquen”, dice de cómo fue transitar el 2020.

La idea de contar con un trabajo propio lo pone feliz, le da autonomía para decidir. También saber que ese sacrificio valió la pena para terminar su secundario. Lo que viene desde este miércoles es hacer el trayecto para cumplir con los trabajos que le faltan entregar: “Empezaré porque quiero terminar el 5°año. Vengo remándola, no lo voy a dudar”.

Cuando se invita a Marcos repasar qué es lo que más extrañó el año pasado de la escuela, nombra: “Los actos; las despedidas de año, el compañerismo, las ruedas convivencia donde se habla de cómo nos sentimos en la escuela; educación física, jugar con los compañeros, donde podés reírte y pasarla bien con el profe. Se extrañan los grupos de trabajo, como por ejemplo los que hicimos para un taller de costura. Se extraña la ayuda de los profesores al enseñarte,  porque en la escuela le podés preguntar diez veces y te vuelven a explicar, la paciencia es otra. Se extrañan muchas cosas, pero más la presencia de los profesores para dar sus materias”.

Como en muchas otras escuelas, en la secundaria de Esteban Rams las y los estudiantes de 5° organizan lo que llaman “el beneficio” para la fiesta de graduación. En 2020 habían comenzado a juntar ese dinero, pero ante el avance de la pandemia decidieron no seguir adelante, también para solidariamente no quitarles espacio a los que vienen detrás. “Como todos los años esperábamos el cierre con un buen acto, hubiera querido tener mi campera y remera de Promo. Pasarla bien, hacer esa comida a la canasta, reírnos hasta el último momento. Pero en esta situación, creemos que no podremos hacer esa fiesta”.

Igual elige el lado más optimista y recuerda que hace poco se cruzó con la directora quien le prometió que apenas se pueda habría un acto como todos los años. Ese es hoy uno de los sueños de Marcos: “Un acto, recibir los regalos que nos hacen con cariño la directora y los profesores, y sacarnos la última foto”.

Marcos Maldonado
“Empezaré porque quiero terminar el 5°año”, comparte Marcos desde su escuela de Esteban Rams.

Desde “preescolar”

También del norte de la provincia es Santiago Gómez,  es alumno de la Escuela Secundaria N° 349 General Manuel Belgrano de la localidad de Logroño, a 45 km de Esteban Rams. “Logroño es un pueblo de unos mil habitantes, una localidad chiquita, que solo tiene cerca dos ciudades grandes: Tostado y Villa Minetti. Es un pueblo tranquilo, como todos los de la zona”, describe con afecto Santiago.

La semana pasada la directora de su escuela los reunió para contarles en detalle lo que había decidido el Ministerio para este miércoles: clases presenciales solo para los 5° años, con los protocolos establecidos. También que quienes no habían aprobado las materias el año anterior tenían un mes para hacerlo. Una decisión que Santiago considera poco ecuánime con quienes sostuvieron los trabajos todo el año, más porque “los profesores dieron muchas oportunidades para hacerlos”. En Logroño, tanto la comuna como la escuela pusieron a disposición computadoras para los estudiantes.

Más allá de esa mirada puntual, Santiago celebra que se retomen las clases y se pueda terminar el secundario. “Me alegra porque todos necesitamos terminar 5° año, sin este título no podés hacer nada. También es importante volver”, agrega sobre la posibilidad de reencontrarse.

En su 5° año son siete estudiantes, salvo una compañera que se sumó más tarde, todos aprenden juntos “desde el preescolar”. Este miércoles comenzarán las clases otra vez todas y todos. También quienes, como en su caso, lograron sacar las materias a fines del año pasado. “Nos dijeron que las clases son en horario reducido, todos los días, con un recreo largo, y nos dieron el protocolo detallado”, repasa.

Cuando arrancó el ciclo lectivo pasado, comenzaron con el “beneficio” para la fiesta de fin de curso. Llegó diciembre y revieron esa idea. “Igual algo vamos a hacer los siete para despedirnos”, asegura quien ya se anotó para estudiar la carrera docente: “Yo voy a seguir para ser profesor de biología, en San Cristóbal, que es el lugar más cercano”.

Santiago dice que cuando estaba en 4° año y le organizaron la despedida a los de 5°, disfrutaba pensando cuando le llegara ese momento. “Y es lo que no pudimos tener”, se lamenta. También de lo difícil que fueron las clases virtuales, porque las y los docentes le ponían mucha voluntad, pero “se extrañó mucho el aprendizaje con un profesor al frente tuyo, todos los días”.

Cuenta que en Logroño hay un ritual de todos los años que se llama la Intertribu, que va de julio a diciembre. “La organiza la escuela con todos los cursos, es una competencia de juegos y cultura general. Nos diferenciamos con colores, preparamos los estandartes, inventamos la ropa, hacemos obras de teatro y se destina un tiempo a diario para organizarlo. Todo eso es lo que también más extraño. Igual, lo que más se extranó es ese compañerismo que se da en la escuela”.

Santiago Gómez
«Todos necesitamos terminar 5° año, sin el título no podés hacer nada», afirma Santiago desde Logroño.

Sobre la desigualdad

Milagros Gurgone tiene 18 años y cursa su secundario en la Escuela Urquiza (Oroño y Santa Fe, en Rosario). La palabra incertidumbre es la que más nombra cuando habla de la escolaridad de 2020. “Las escuelas tuvieron un año complicado con la pandemia, pero principalmente los 5° años por no tener directivas claras de parte del Ministerio”, afirma.

Esa inquietud se mostraba sobre todo en quienes “no habían podido entregar los trabajos por falta de conectividad y eso complejizaba todo, no sabían si iban o no poder terminar la secundaria”. Milagros recuerda que las jornadas presenciales que llegaron en diciembre sirvieron para clarificar “un poco la situación de quienes no estaban entregando esas tareas”.

A ese tiempo de incertidumbre se sumaba una desigualdad palpable. “Con la pandemia se profundizó la brecha de la desigualdad, que es una brecha ya existente, esto lo que hizo fue sacarla a la luz”, opina y nombra además cómo toda esa situación inédita afectaba “la salud mental de los docentes que estaban haciendo como podían”.

Los problemas con la virtualidad no fueron pocos, pero eran muchos menos si se los compara con otras escuelas: “Como las técnicas, que requieren de presencialidad, y en eso tampoco hubo mucha respuesta del Ministerio y cada una debió garantizar como pudo”.

Milagros participa del centro de estudiantes de su escuela, una herramienta clave para transitar la educación en la pandemia: “La organización estudiantil fue una gran herramienta, tanto el centro de estudiantes como la Feser (Federación de Estudiantes Secundarios de Rosario) poder organizarnos, tener un ciclo lectivo más acompañado,  y reclamando lo que necesitaban los compañeros y compañeras”.

A principios del año anterior, las expectativas de su 5° año estaban en la graduación, en el viaje de egresados y en compartir el último año en las aulas. “Más allá de esos momentos especiales que no tuvimos, yo creo que lo que más se sintió fue no poder estar con tus compañeros en las aulas, que el 5° sea el último para esos momentos y no se haya podido”, confía.

También este miércoles 17, los 5° años de su escuela están convocados a asistir a clases. “Yo no tengo que reintegrarme” dice, ya que logró acreditar las materias a fin del año pasado, y según le explicaron la presencialidad es una oportunidad para los que no llegaron a aprobar todas las materias. Actualmente, Milagros duda entre seguir trabajo social o arquitectura, mientras tanto realiza los cursillos de apoyo y comunes a todas las carreras de la UNR.

Como en otras escuelas, en la Urquiza está también la intención de hacer un acto de colación. “Pero todo depende de la parte sanitaria, y de lo que necesitamos los estudiantes”, dice Milagros y pone en primer lugar que estén dadas las condiciones de cuidado, sanitarias y la vacunación a los docentes. “Para el regreso a la presencialidad es necesario que de parte del Ministerio se puedan garantizar esas condiciones, más que cada escuela haga lo que pueda”, manifiesta Milagros.

Milagros Gurgone
«Con la pandemia se profundizó la brecha de la desigualdad, que es una brecha ya existente», opina Milagros de la Escuela Urquiza.

Pautas ministeriales

El Ministerio de Educación de Santa Fe definió para este miércoles 17 de febrero y hasta el próximo 12 de marzo el regreso de los 7° grados de la primaria y de los 5° y 6° años de la secundaria. La vuelta está pensada como una continuidad del ciclo escolar 2020. Los detalles de esa decisión están contemplados en la Circular N° 001  “Orientaciones para el retorno a una presencialidad cuidada”.

Las clases están fijadas para todos los días, en horarios reducidos. En tanto que el resto de los niveles del sistema educativo obligatorio comenzará el ciclo 2021 el próximo 15 de marzo.

Si bien el gobierno de la provincia, a través del Ministerio de Educación, fijó la aplicación de protocolos sanitarios, desde los sindicatos docentes alertaron sobre la necesidad de un regreso cuidado. Así lo declaró en estos días, la secretaria general de Ctera y Amsafé, Sonia Alesso, quien pidió que los alumnos estén “protegidos y seguros en las aulas” y sus docentes “con condiciones de trabajo dignas”.

El reclamo por las condiciones de trabajo es reiterado por los docentes. De hecho, no en todas las localidades del norte santafesino está garantizado el transporte para el traslado de las profesoras y profesores. “Aún no se renovaron los contratos con el transporte que nos lleva de una localidad a otra, por tanto nosotras no podemos asistir a la presencialidad”, señalaba a este medio una profesora del Departamento 9 de Julio.

 

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