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Lo peor de la pandemia llega desde Brasil, país considerado una “amenaza epidemiológica” regional y una caja de pandora en lo político, en donde los militares aún tienen fuerte incidencia.

Esta semana la crisis sanitaria desbordó al gobierno negacionista de Jair Bolsonaro y a la vez estalló una nueva bomba política: renunció la cúpula completa de las Fuerzas Armadas de Brasil. Antes había dimitido el militar al frente del Ministerio de Defensa y el canciller del país. Luego del sacudón, hubo cambios de otros cuatro puestos claves, entre ellos el del propio jefe de Gabinete. Al mismo tiempo, el coronavirus, con las variantes de las cepas locales, rompía todos los récords de muertes desde el inicio de la pandemia y el sistema hospitalario quedaba al borde del colapso. En medio de cuarentenas aisladas, contraindicadas por el propio gobierno nacional, el país entró además en alerta ante las movidas cuarteles adentro, justo en la semana en que se cumplía un nuevo aniversario del último golpe militar.

Según O Globo, Bolsonaro se enojó porque pretendía, entre otras exigencias, que las Fuerzas Armadas criticaran la decisión del Tribunal Supremo sobre la anulación de las causas contra Lula Da Silva, al estilo de lo que había hecho en 2018 el ex jefe del ejército Eduardo Villas Bôas, quien amenazó, por aquel entonces, con dar un golpe si en ese momento la Justicia aprobaba un pedido de habeas corpus de Lula para su libertad.

En otro punto de vista sobre los hechos, el periódico Folha de São Paulo publicó que fue la cúpula militar la que dimitió “en protesta contra Bolsonaro”.

 “Por primera vez en la historia, los tres comandantes de las Fuerzas Armadas han presentado una renuncia conjunta por no estar de acuerdo con el presidente de la República”, planteó el medio paulista.

El aire político enrarecido se respiraba al mismo tiempo que se cumplía un nuevo aniversario del golpe de 1964 que inauguró en Brasil una dictadura militar que se extendió por 21 años. La situación de la renuncia de los tres jefes de la Fuerza Armadas, inédita desde la recuperación democrática, generó preocupación. “Todos reafirmaron que los militares no participarán en ninguna aventura golpista, pero buscan una salida ante la crisis”, sintetizó Folha.

Por su parte, el presidente del Senado, Rodrigo Pacheco, expresó sorprendido que confiaba y creía en que “no existe la menor inminencia de riesgo alguno para el Estado de Derecho Democrático”. “Pero, si lo hubo o si lo hay, obviamente le corresponderá a esta Presidencia, verbalizar y vocalizar el sentir del Pleno, para reaccionar”, aclaró Pacheco en un comunicado.

“Todos tienen miedo. Es un movimiento sin precedentes en la historia, que da miedo a todos. Tenemos miedo, hay vigilancia, pero yo prefiero confiar en la madurez de nuestra democracia y nuestras Fuerzas Armadas”, dijo el diputado conservador Marcelo Ramos, vicepresidente de la Cámara baja. 

Para Martins Filho, profesor de la Universidad Federal de São Carlos, y analista militar, se trata de una “grave crisis” en la que hay, por parte de los generales brasileños, una búsqueda de “una tercera vía”, sin Lula ni Bolsonaro, según le dijo al diario El País de España.

El jefe del bloque de diputados del Partido de los Trabajadores (PT), Jorge Bohn Gass, lo consideró una “aventura golpista” del propio Bolsonaro, en un intento de sumar a los militares a sus enfrentamientos con los estados que decretaron cuarentenas y toques de queda nocturnos para combatir la pandemia. En ese marco, vinculó acciones del bolsonarismo para que paramilitares y las policías se levanten contra los gobernadores opositores al gobierno central en el tratamiento de la pandemia.

El partido militar

Las diferencias entre Bolsonaro y la cúpula militar venían subiendo en intensidad desde principios de mes. “El presidente esperaba manifestaciones públicas del entonces comandante del Ejército, cuando el ministro del Tribunal Supremo Federal (STF), Edson Fachin, anuló las condenas de Lava Jato contra Lula y lo hizo elegible nuevamente”, reseñó la columnista de O Globo, Bela Megale, poniendo el acento más hacia una decisión de Bolsonaro que en una rebelión, ante un gobierno que está plagado de militares entre sus filas.

Edson Leal Pujol (Ejército), Ilques Barbosa (Armada) y Antônio Carlos Bermudez (Aeronáutica) pusieron sus cargos de jefes a disposición del general de la reserva Walter Braga Netto, el nuevo ministro de Defensa, quien reemplazó al saliente, el general retirado Fernando Azevedo e Silva.

El mismo 30 de marzo, aniversario del golpe, Braga Netto hizo su primera aparición en la agenda como ministro y firmó un expediente llamado “orden del día” para ser leído en los cuarteles, ensalzando positivamente la asonada militar de hace 57 años que, sostuvo, fue para garantizar “libertades democráticas” y que debe “celebrarse”.

Cambios en el medio de la tempestad

Luego de las ruidosas renuncias del ministro de Defensa, Azevedo, y el ministro de Relaciones Exteriores, Araújo, este último protagonista de desavenencias por el tema de la compra de vacunas, Bolsonaro intentó darle aire al gabinete con cambios en la Secretaría de Gobierno, la jefatura de Gabinete, conocida como la Casa Civil, y la Procuraduría de la República.

En un comunicado, la Presidencia confirmó que el embajador Carlos Alberto Franco reemplaza a Araujo en Relaciones Exteriores, y que Walter Souza Braga va a Defensa en sustitución de Azevedo. En el Ministerio de Justicia, el jefe de la Policía Federal, Anderson Torres, reemplaza a André Mendonça, quien regresa a la Fiscalía General de la Nación (AGU). Bolsonaro también confirmó a la diputada del Partido Liberal, Flávia Arruda, en la Secretaría de Gobierno a cambio del general Luis Eduardo Ramos, quien fue trasladado a jefe de la Casa Civil, la jefatura del Gabinete.

Un tsunami de contagios

Brasil batía su récord diario de muertes por coronavirus al registrar el martes pasado casi 3.800 fallecimientos, con 317.646 muertos desde el inicio de la pandemia. Además, reportó el mismo día 84.494 nuevos casos, lo que eleva a 12.658.109 la cifra total de contagios, informó la agencia Sputnik.

Algunos especialistas comenzaron a advertir desde hace ya varias semanas que Brasil es un caldo de cultivo para nuevas variantes del virus en el que cualquier mutación puede resurgir, ante la falta de políticas apropiadas para encarar el problema.

El instituto Fiocruz, una institución científica para la investigación y el desarrollo en ciencias biológicas ubicada en Río de Janeiro, ha señalado que la P1 (conocida como cepa Manaos) era sólo una de las variantes que generan preocupación.

Para revertir el contexto actual, los investigadores de Fiocruz reafirman la necesidad de combinar acciones como la restricción por 14 días, ajustar la oferta de camas y la ampliación de las acciones en atención primaria, con un enfoque territorial y comunitario. Pero el propio Bolsonaro salió el miércoles en contra de los que pidieron a la población que se quede en casa. “Quedándonos en casa no vamos a solucionar ese problema”, insistió una vez más.

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