El imperio apretó a distintos países para frenar la sesión especial de la ONU convocada por la isla para discutir las sanciones contra el pueblo cubano. No lo logró. Y la votación contra el bloqueo fue contundente: 136 a favor del repudio, 9 en contra (entre ellos, Argentina e Israel) y 30 abstenciones.

Pese a las amenazas de Estados Unidos, Cuba obtuvo un contundente triunfo en la sesión extraordinaria de la Asamblea General de las Organización de las Naciones Unidas (ONU) del 7 de julio. No fue una tarea fácil. El imperio venía trabajando para impedirlo: Estados Unidos apretó a los países que considera aliados a boicotear la realización del debate especial sobre el bloqueo. Pero no lo consiguió. Y no sólo tuvo lugar la reunión, sino que, además, el país caribeño sumó un apoyo contundente contra el embargo: 136 votos a favor, 9 en contra (entre ellos Argentina, Israel y Estados Unidos) y 30 abstenciones.

El ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, describió con detalle los devastadores efectos del “implacable” embargo. 

“Contra Cuba, el gobierno de los Estados Unidos lleva a cabo una guerra multidimensional, no convencional, que dura ya casi siete décadas y se ha vuelto más despiadada en los últimos siete meses”, destacó el diplomático al tiempo que confirmó que existen conversaciones diplomáticas bilaterales (que propuso el gobierno de los Estados Unidos y Cuba aceptó), pero sin avances.

“Es responsabilidad de las Naciones Unidas prestar atención a este crimen cruel, esto es la Asamblea General de Naciones Unidas, no un campamento de boinas verdes”, agregó Rodríguez, que expuso cifras que miden los daños económicos causados a Cuba. Entre marzo de 2025 y febrero de 2026 los daños ascienden a 8.103 millones de dólares, afirmó.

Estados Unidos optó una vez más por la negación lisa y llana. “No existe ningún bloqueo estadounidense. El único embargo en Cuba es la guillotina que el régimen hace pender sobre la cabeza de su pueblo”, dijo el embajador estadounidense Mike Waltz. 

“Apoyen al pueblo cubano. No apoyen al régimen que ha quebrado este país. No pueden hacer las dos cosas, ha llegado la hora de elegir”, insistió Waltz.

La Asamblea General de la ONU votó 31 veces, y de manera abrumadora, por condenar las restricciones comerciales y exigir su levantamiento. 

“Paquetes de sanciones tan severos, que afectan a sectores enteros de una economía y producen efectos extensos, indiscriminados y rigurosos a las poblaciones, son incompatibles con principios básicos del derecho internacional de los derechos humanos”, sostuvo en junio el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk. 

“Mueren niños porque los médicos carecen de acceso a provisiones médicas y medicamentos esenciales. Eso es inaceptable”, agregó.

Amenazas directas del imperio: si apoyan a Cuba… ojo

Cuba denunció a principios de julio que Estados Unidos venía intentando impedir la sesión. Y con pruebas documentales. La revista estadounidense The Nation reveló una comunicación firmada por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y dirigida a embajadas estadounidenses en todo el mundo, con instrucciones para presionar a gobiernos y así evitar que la ONU debatiera el bloqueo. 

Asimismo, Rodríguez denunció que la misión permanente de Estados Unidos en Nueva York llegó a amenazar con acciones procesales para impedir que la Asamblea pudiera reunirse sobre el tema.

Titulado “Comprometer a Estados miembros de la ONU en un debate público de la Asamblea General sobre Cuba”, el texto instruye a las embajadas estadounidenses a presionar a sus naciones huéspedes para “afirmar nuestra objeción” a la votación en la ONU y oponerse a un debate en la Asamblea General. 

La amenaza imperial advertía que, si el debate se llevaba a cabo pese a las objeciones de Washington, “Estados Unidos está alentando a los estados miembros fuertemente alineados a que hagan declaraciones reprobatorias hacia Cuba por su dedicación a una teoría económica totalmente desacreditada, crasa incompetencia y corrupción masiva”. 

Bruno Rodríguez, ministro cubano de Relaciones Exteriores: “Contra Cuba, el gobierno de los Estados Unidos lleva a cabo una guerra multidimensional»

La lista de países “fuertemente alineados” con el imperio incluye a Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago.

A los estados no alineados les exige “abstenerse de emitir cualquier declaración” en la ONU. Y para los países que tradicionalmente han apoyado a Cuba, existe una clara advertencia: “Estados Unidos estará escuchando con mucha atención sus declaraciones en el debate y desalentará el uso de temas que pudieran crear fricción en nuestras relaciones bilaterales”.

Clasificado “SBU” (siglas en inglés de “delicado, pero no clasificado”), el documento fue obtenido por el reportero de investigación Ken Klippenstein y entregado a The Nation. El texto contiene “temas de conversación” del Departamento de Estado, separados en categorías de países. 

Los aprietes son explícitos. Se ordena a todos los países a oponerse a la votación, y se afirma que el debate sería un “desperdicio” de tiempo y recursos. Se instruye a los embajadores estadounidenses a conminar a los gobiernos de los países favorables a Washington para que condenen a Cuba “por violaciones a los derechos humanos y por apoyar el terrorismo internacional”. 

Si el debate se realiza, advierte el documento diplomático, gobiernos como el de México, que tradicionalmente han votado contra el bloqueo, al igual que la mayoría de las naciones del mundo, recibirán la advertencia de que deben ser “extremadamente cautelosos en la redacción de cualquier declaración que presenten, para evitar desviar la culpa de las fallas del propio régimen cubano”.

El debate finalmente se realizó. Y Cuba ganó, pese a la campaña extorsiva.

Acaso la parte del texto que contiene esas amenazas no sea, incluso, la más violenta. Porque la coacción también se expresa con cinismo, en forma larvada, escondida, como un cuchillo bajo el poncho de disimulos y mentiras: “Estados Unidos se interesa profundamente en el pueblo cubano, que es la razón por la que hemos ofrecido ayuda humanitaria por 100 millones de dólares”, indica el documento oficial de la diplomacia de Estados Unidos. 

Lo que el “humanismo estadounidense” no dice es que, hace una semana, Estados Unidos votó (junto con Israel) contra un programa del Fondo Mundial de Alimentos por 116 millones de dólares para hacer frente a lo que el fondo llama “las crecientes dificultades para la seguridad alimentaria y la nutrición de muchas familias cubanas”. Veintisiete naciones votaron en favor de esa ayuda de emergencia a la isla.

Cifras duras, demasiado duras

Según afirma Daniel Cuesta en el sitio Cuba Información, en su intervención ante el plenario, Rodríguez Parrilla llevó la denuncia cubana a un terreno que resulta mucho más difícil de rebatir que el habitual argumento de soberanía: el de las cifras humanas. 

El canciller describió una política de casi 70 años, intensificada de forma dramática en los últimos siete meses, y caracterizó “la conducta de Washington como una guerra no convencional cada vez más cruenta”. Ubicó el cerco energético impuesto desde enero como lo que representa en la práctica: un bloqueo naval de facto, un acto de guerra que impide el suministro de combustible tanto comercial como humanitario a la isla.

Los datos que aportó no dejan margen para el argumento de la “ineficiencia interna” que suele esgrimir la propaganda adversaria contra Cuba: la tasa de mortalidad infantil en el país aumentó de 4 a 9,9 por cada 1.000 nacidos vivos, lo que equivale a 1.780 muertes evitables de recién nacidos que, en otras condiciones, habrían sobrevivido con el equipamiento médico adecuado. La supervivencia infantil frente al cáncer, según los datos presentados, cayó del 85 por ciento al 65 por ciento.

Pero las narrativas imperiales nunca necesitaron del pesado lastre de la verdad para expandirse e incluso prosperar. Ante las cifras, la negación, o bien el intento de desviar el tema.

“Frente a estas cifras, la delegación estadounidense —representada por Jeff Bartos, encargado de Gestión y Reforma de la ONU— optó por desviar el eje del debate. En lugar de responder al costo humanitario expuesto, cuestionó el propósito mismo de la sesión, preguntando de forma retórica si serviría para liberar presos políticos en Cuba o restituir salarios a médicos cubanos enviados al exterior, y acusó al gobierno cubano de imponer a terceros Estados que rompan relaciones comerciales con la isla”, escribe Daniel Cuesta en el sitio Cuba Información.

“La estrategia no es nueva: cuando el daño humanitario documentado no admite réplica directa, la respuesta habitual de Washington ha sido trasladar la conversación al terreno político interno cubano, evitando toda referencia a las consecuencias medibles del bloqueo sobre la población”, agrega Cuesta en su informe publicado en Cuba Información con el título “Cuba gana la primera batalla en la ONU por 136 votos contra 8: la Asamblea General abre debate urgente sobre el bloqueo pese a la oposición de EEUU.

A lo largo de la jornada, decenas de delegaciones tomaron la palabra para respaldar la posición cubana, con matices que profundizan el reclamo más allá de años anteriores. China denunció que seis décadas de medidas unilaterales han generado lo que calificó como una catástrofe inmensa para el pueblo cubano, con pérdidas acumuladas que superan los 170 mil millones de dólares. Rusia, a través de su ministro de Asuntos Internos, Vladímir Kolokoltsev, señaló que el propio sistema de Naciones Unidas confirma que 4,2 millones de personas en Cuba necesitan asistencia humanitaria, y describió el cerco como un intento de revivir la Doctrina Monroe en la región.

Cuesta menciona que fue especialmente significativa la intervención de Eritrea, en nombre del Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones Unidas, que llamó directamente a la comunidad internacional a posicionarse para prevenir una agresión militar contra Cuba —un paso más allá del habitual reclamo económico—. Los diez países de la ASEAN, a través de Singapur, reiteraron su respaldo histórico a la causa cubana. Nicaragua calificó la política estadounidense de anacrónica, ilegítima y cruel, mientras que el Grupo de los 77 más China, con la voz de Uruguay, expresó preocupación puntual por la ampliación del artículo 3 de la Ley Helms-Burton, que intimida las relaciones comerciales de terceros países con la isla.

Es legítimo preguntarse si la sesión tiene un alcance más allá de lo simbólico, como ocurre habitualmente con la resolución anual que se vota cada octubre. 

Según Cuesta, la respuesta exige precisión: lo ocurrido no fue una votación sobre una resolución vinculante –esa instancia llegará en octubre–, sino la autorización de un debate urgente sobre hechos que no existían en la sesión de octubre pasado: el cerco energético como acto de guerra, las amenazas militares explícitas contra la isla, y un deterioro humanitario ahora cuantificado en muertes evitables.

El analista concluye que el valor de la jornada no reside en un texto jurídico, sino en un hecho político: en 2026, con una campaña de presión documentada del Departamento de Estado desplegada explícitamente para impedir que el tema se discutiera, la Asamblea General decidió, por mayoría aplastante, que sí se hablaría. Cuando el argumento no bastó para frenar el debate, Washington intentó impedir que el argumento se escuchara siquiera. Tampoco lo logró.

Los votos de los países de la región

El representante de México reafirmó la posición histórica de su país contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba, al considerar que constituye un obstáculo para el desarrollo del pueblo cubano y es contrario al derecho internacional y a los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

México sostuvo que corresponde exclusivamente al pueblo cubano decidir su destino, libre de presiones e imposiciones externas, y rechazó las medidas coercitivas unilaterales y los embargos comerciales por considerar que afectan el bienestar de los pueblos y obstaculizan la paz y la prosperidad.

La diplomacia mexicana alertó sobre las consecuencias humanitarias del recrudecimiento de las sanciones, y señaló que estas afectan el acceso a medicamentos, asistencia humanitaria y servicios esenciales, con impactos particularmente graves en los sectores más vulnerables.

Asimismo, México reiteró su llamado a retirar a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, al considerar que esa designación genera obstáculos adicionales para las transacciones financieras y el comercio internacional.

En su intervención durante el debate de urgencia de la Asamblea General, Brasil subrayó que, en un momento en que la cooperación, el diálogo y el respeto por las normas acordadas son más necesarios que nunca, los ataques al multilateralismo, a la Carta de las Naciones Unidas y al derecho internacional generan inestabilidad y provocan retrocesos en muchas regiones, causando un sufrimiento profundo a numerosos pueblos, especialmente a niños y personas de edad.

Brasil reiteró su defensa de una política que rechaza las medidas coercitivas unilaterales, calificándolas de ilegales e ilegítimas por incumplir la Carta de las Naciones Unidas. La delegación advirtió que estas medidas suelen tener un “impacto terrorífico” sobre aquellos pueblos a los que se pretende ayudar.

El representante brasileño enfatizó que las medidas impuestas contra Cuba no afectan solo la vida cotidiana de la gente, sino que causan un sufrimiento inaceptable e insufrible para las personas de edad, los niños y los enfermos. Señaló que se está produciendo una crisis humanitaria grave, no causada por un desastre natural o un conflicto militar prolongado, sino por medidas unilaterales que violan la Carta y que afectan a los ciudadanos de a pie de una manera que “realmente afecta a la conciencia de la humanidad”.

Brasil expresó además su preocupación por la creciente presencia militar en el Caribe, así como por las amenazas expresadas contra el Gobierno cubano, que calificó como acciones que la comunidad internacional debería rechazar claramente, ya que podrían provocar un conflicto de grandes proporciones en una región tan comprometida con la paz.

Tras la humillante derrota de Estados Unidos en Irán (un conflicto que reinició y está lejos de cerrarse), el imperio vuelve a poner sus ojos donde siempre los tuvo: América Latina.

Publicado en el semanario El Eslabón del 4/7/26

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