“Ser concejala no fue un salto, sino una continuidad de la forma de vida que asumí, la militancia”, dice Alejandra Gómez Sáenz al cierre de su entrevista con El Eslabón. La edila, militante del Ateneo John William Cooke, tiene 33 años y ocupa una banca en el Concejo Municipal desde diciembre de 2019, cuando asumió el lugar que dejó Roberto Sukerman. Gómez Sáenz había compartido la lista justicialista en 2017 y este año, tras dos representando a los rosarinos y rosarinas, se prepara para renovar su lugar en el Palacio Vasallo.

Alejandra nació en Concordia, Entre Ríos, y llegó a Rosario a los 17 años. La ciudad es ahora el lugar que eligió para formar su familia, tener sus amistades y sobre todo continuar con su militancia. En diálogo con este medio, repasa su experiencia en el cuerpo de concejales y concejalas, analiza los desafíos de una campaña que empieza a tomar forma y repasa su militancia desde una perspectiva de género y diversidad.

 

 

—¿Cómo pensás tu llegada al Concejo? 

—Fue una oportunidad importante para nuestro espacio y es una consecuencia, en realidad, de muchísimo trabajo y de toda una generación de jóvenes que venimos militando sobre todo a partir del kirchnerismo, y a quienes nos empezó a interesar con mayor énfasis las discusiones en torno a nuestra ciudad. En 2017 definimos formar parte de una lista y en ese corrimiento que se da en 2019 pude ingresar al Concejo. Me parece importante aclarar que no estoy en reemplazo de, sino como consecuencia de… un enorme trabajo, de convicciones, de compromiso, de la militancia de los y las jóvenes que están perfilando también como dirigentes de nuestro movimiento.

—¿Cómo es llegar al Concejo después de tantos años en el territorio? Por un lado podés empezar a concretar algunas cosas y por el otro te pueden sentir un poco lejos, ¿no?

—Siempre depende de cómo se asuman los lugares. Asumimos esta función como una función militante y siempre pensamos la consejería como un canal de participación a todo aquello que veníamos construyendo y a las ideas y los debates que nos veníamos dando. Es difícil no terminar encorsetado en discusiones banales que son más mediáticas que reales. Pero uno cuenta con tantos compañeros y compañeras y siempre dejamos los tiempos necesarios de discusión. También ubicamos una prioridad que tenía que ver con que todos los proyectos y discusiones que llevemos al Concejo tienen que tener un trasfondo de construcción con otros colectivos. Y creo que lo hemos logrado. Ninguna de mis iniciativas es una idea grandiosa de una sola persona.

—¿Cómo ves al Concejo hoy, en general? 

—Hoy se pone en juego, en el Concejo y en todos los lugares de representatividad, esta cuestión de que muchas discusiones son más mediáticas que reales. Para mí tiene que ver con no pensar la herramienta de la política para organizarnos, sino para llegar a determinados lugares, y eso aparece muchísimo en el Concejo. La discusión está siendo quién organiza la vida, si el mercado o la política. Yo apuesto a que sea la política, y por eso es fundamental darle voz y herramientas a las organizaciones libres de nuestro pueblo para que el desarrollo de la vida en el marco de esas instituciones sean posibles a través de la política.

—¿Cómo entendés que juega lo nacional o provincial para ganar el Concejo, sobre todo ahora en elecciones a medio término? 

—Siempre influyen el panorama nacional y el provincial en nuestra ciudad. Nosotros seguimos soñando con construir un proyecto de ciudad que se acerque a esos valores. Por eso también lo pienso en términos de qué discusiones llevamos al Concejo, porque la política es también la discusión de los valores. Pensamos una ciudad desde el peronismo, desde el kirchnerismo, con la centralidad en la necesidad de generar mayores condiciones de igualdad para nuestro pueblo. Y el panorama nacional en ese sentido juega, porque estamos alineados a un proyecto político nacional y nuestra conducción siempre va a ser Cristina.

—Y en ese sentido, ¿cómo analizás hoy al peronismo? 

—Todavía nos falta construir la unidad y eso en tiempos electorales queda más a las claras aún. Siempre nos falta el pasito de dejar de cuidar la quintita propia y pensar seriamente en qué proyecto de ciudad queremos, porque hasta ahora no hemos logrado plasmar un proyecto de ciudad propio, más allá de que hemos abordado todas las discusiones.

—¿Cuán importante te parece que es que gran parte del peronismo esté unido en un bloque, en un Concejo que en los últimos años se fue fragmentando muchísimo?

—Es muy importante por varias cuestiones. Primero porque la gente nos votó como Frente de Todos, esa es la realidad. Si en el marco de una campaña ubicamos puntos de acumulación común y fuimos sobre eso, y dimos muchas de esas discusiones en el recinto, por qué íbamos a llegar al Concejo y tener cada uno su bloque. Me parece que terminaría siendo muy hipócrita. No es sencillo consolidar un bloque de estas características, pero en este año y medio de gestión que llevamos, la única oposición real fue el peronismo que conformamos. No hubo otras voces que cuestionen a Pablo Javkin en su gestión o al Ejecutivo municipal en general. Y eso es importante porque hay una voz muy fuerte de nuestro pueblo que necesitaba ese cuestionamiento.

—¿Cuáles son los principales temas de la campaña que se viene? 

—Creo que va a volver a tomar volumen una denuncia que desde el peronismo venimos haciendo hace muchísimos años y es la profunda desigualdad en diferentes ámbitos de nuestra ciudad: la educación, la salud, la cultura, la precarización de los trabajadores municipales, la situación de los barrios más humildes. El contexto sin duda ha profundizado esas desigualdades, pero queda claro que esta situación es histórica y que no hubo ninguna gestión municipal que haya tomado realmente cartas en el asunto para poder resolver esa diferencia.

—Hablando del Ejecutivo municipal ahora y de la provincia en su momento, ¿qué rescatas de tantos años de socialismo? 

—Siempre hemos valorado la gestión en el campo de la salud. Si bien no hay una sintonía fina en cómo entendemos la salud, sí es cierto que ha tenido un marco de integración de muchas ideas y valores que en muchas situaciones compartimos. Otro de los ejes puede ser la importancia que se le ha dado a la cultura, pero hasta ahí nomás. Como todo lo que hace el socialismo, siempre tiene un límite y termina siendo elitista.

— Y el límite siempre parecen los barrios… 

— Exactamente. Como ideal es interesante pero a la hora deaducirlo en gestiones de políticas públicas termina siendo para un sector medio, el sector con mayor poder adquisitivo de nuestra ciudad. Y eso sucede en muchos ámbitos. Sucede con la salud, sucede con la cultura, sucede con con la educación, sucede con un montón de temas.

—En el Centro Cultural QueTePasa o, en su momento, La Kasa de las Locas, donde vos militaste, se trató de achicar esa brecha cultural, de darle espacio, escenario y posibilidad de mostrar lo que hacían a otros que no tenían cabida…

—Siempre se trata de construir redes. Pensamos los espacios culturales como pensamos al resto de las organizaciones libres del pueblo, lugares donde podamos participar, aportar y organizarnos políticamente, que termina resultando lo más importante. Y siempre le dimos prioridad a poder construir con otros y otras que por ahí no tenían una mirada igual a la nuestra. En Rosario tenemos un desarrollo muy importante y diverso en términos de cultura; en todos los barrios existe un centro comunitario, un club o un espacio cultural que no solamente realiza actividades artísticas, sino que disputa culturalmente nuestra identidad y el sentido de por qué hacemos lo que hacemos.

—Estás referenciada con la militancia desde y por la diversidad, ¿siempre tuviste esas inquietudes o te fue llevando el propio territorio a la problemática que atravesaban las y los integrantes de ese colectivo? 

—Lo personal es político, y mi militancia en diversidad nace a partir de una cuestión muy personal y muy íntima. Cuando mi hermano me plantea que es puto y que habia podido decírselo a mis viejos, me lo plantea como una situación muy dura. Ahí veo que habiendo sido criados los dos en la misma familia, y con el mismo amor, para él resultaba totalmente caótico y fuerte confesar de alguna manera su sexualidad. Y yo jamás siquiera me había tenido que preguntar por esa situación. En eso leí la diferencia en relación a la norma heterosexual y me produjo mucha inquietud estar marchando con compañeros y compañeras que no tenían garantizados los mismos derechos que yo. Empecé a conocer un montón de historias, de compañeres que habían atravesado su militancia en mucha soledad y también pude reconocer nuestra historia peronista. Eso me fue llevando a involucrarme con la causa. Pero también me parece que se me relaciona tanto con diversidad porque en realidad formé parte de un momento histórico en el que la diversidad empezó a tomar otro volumen y yo me permití participar desde ese lugar, incluso no formando estrictamente parte del colectivo. Siempre trabajé para construir canales de participación para aquellos que en el ámbito de la política no eran reconocidos y reconocidas como cuadros políticos. Eso me fue comprometiendo en el día a día con los putos, con las travas, con las tortas.

—¿Y el feminismo? 

—El feminismo me permitió encontrarme con mis compañeras, cuestionarme la masculinización de las organizaciones políticas. Fue un camino de llegada para el que me ayudaron muchísimo mis compañeras, porque muchas veces me preguntaban si era feminista y yo decía que no, que soy peronista, y en realidad no había contradicción ahí. Venía más de la militancia en diversidad y tenía bastante recelo por algunas discusiones. Había muchas cuestiones que me resultaban liberales, muy atadas a la individualidad de cada sujeto, como en todo movimiento en su conformación. Tenía muchos cuestionamientos a esa centralidad en la figura de la mujer y fue un trabajo en conjunto con muchas compañeras poder incluir estas discusiones en el marco de los feminismos. Hoy sí, me siento alojada, contenida y reivindico nuestras luchas. Al principio fue difícil. El feminismo también se vio fuertemente atravesado por la política y se cuestionó desde ese lugar, y eso permitió que muchas compañeras que tal vez no formamos parte desde el inicio de esa movida hoy nos podamos llamar feministas sin que en eso haya una contradicción.

— ¿Qué se puede hacer desde el Concejo para transformar de verdad la realidad y sobre todo solucionar los problemas concretos de la gente? 

— Yo creo que se puede hacer mucho, siempre y cuando tengamos en cuenta que las demandas hay que construirlas con nuestra sociedad. Para mí formar parte del Concejo no tiene que ver con la capacidad individual, no tiene que ver con las grandes ideas que uno pueda llevar como una cuestión personal, sino cuánto podemos alojar de las demandas de nuestra ciudad en esa institución. El Concejo es el interlocutor más cercano con los vecinos y vecinas. Para mí es mucho lo que se puede hacer si nosotros también generamos movilización en relación a eso. Muchas veces lo que sucede es que hay buena iniciativa del Concejo, que se discute, que se llega a un acuerdo, y después el Poder Ejecutivo lo cajonea. Y tampoco tiene ninguna consecuencia eso, entonces me parece que a mayor organización, mejor planteada la demanda. Poder construir niveles de movilización en relación a eso sí va a ser que la situación empiece a cambiar.

 

Fuente: El Eslabón

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